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Mi ex no me permite que vea a mis hijos

La ruptura de pareja muchas veces no es superada y se usa a los hijos para castigar al otro sin saber el daño que se hace

Mi ex no me permite que vea a mis hijos. Foto: Dreamstime

Mi ex no me permite que vea a mis hijos. Foto: Dreamstime

La Razón (Edición Impresa) / Liliana Aguirre / La Paz

00:00 / 09 de enero de 2014

Desde hace dos meses que Ernesto, de 38 años, no ve a sus dos hijos porque su exesposa no deja que él se acerque a los chicos bajo el argumento de que no es un buen padre, aunque él cumple todos los meses con los pagos de las pensiones y está siempre pendiente de ellos.

“La situación es muy difícil y deprimente, porque cuando los llamo no quieren hablarme y me dicen que su mamá les dice que soy malo y que no los moleste”, cuenta Ernesto.

Como él, muchos progenitores se enfrentan a mamás que deciden cortar la relación entre el padre  y los hijos después de la ruptura de la pareja.

¿Cómo puede hacer un hombre para hacerle entender a su expareja que la paternidad es una cosa y que su relación sentimental, otra?

“Este hecho se conoce en la psicología como alienación parental. El objetivo de este bombardeo de frases negativas sobre el progenitor busca generar un rechazo. Sin embargo, existe algo que está por detrás: se trata del resentimiento que todavía guarda la madre contra la expareja”, explica la psicóloga Katia Oporto.

En este conflicto, ella sabe que tiene el poder sobre los pequeños y los “secuestra” para que el padre le dé la recompensa: castigarlo, ahogarlo y frustrarlo. “Ella guarda el dolor de haber perdido la atención de él como pareja y está convencida de que él no ha ‘pagado’ por el mal que ha hecho”, agrega la especialista.

“En la fase del noviazgo, el enamoramiento, las mujeres se sienten deseadas por su pareja. “Cuando la relación se quiebra, muchas de ellas no superan la ruptura y quieren volverse a sentir así”, describe Oporto. “Por eso usan a los hijos como el objeto para la venganza contra el hombre y se centran solo en los aspectos negativos de su personalidad para justificar la prohibición”.

El origen

Para la psicóloga Lizette Gallegos, este comportamiento se da porque la madre quedó muy afectada y decide cosificar a los hijos en busca de revancha. “Se usa a los niños para herir a la otra parte y se vuelven el objeto de control de la expareja. Como ella sabe que ya no puede controlar al otro por afecto, lo hace a través del dolor”, indica Gallegos.

“A veces las parejas son egoístas y quieren reincorporarse a ese deseo a través del castigo, lo que generará muchos traumas y daños”. No solo el otro sufre con la presión de la ruptura sentimental. “Los niños que viven este drama desarrollan una pésima idea de lo que es una familia y se niegan al compromiso cuando se tornan adultos, además puede que sufran de ansiedad, depresión y rebeldía”.

Gallegos hace énfasis en el daño psicológico que sufren los progenitores: depresión, ansiedad, frustración y vulnerabilidad. “Se trata de un golpe psicológico muy fuerte para una persona que considera que sus hijos son una parte vital, elementos de afecto, y muchos, como no pueden ver a los niños, se dedican al alcohol o a fumar, porque suben sus niveles de ansiedad”, agrega.

¿Cómo superarlo? Primero, no satanicen a la madre: debe caer en cuenta que está sufriendo un trauma en el que no supera la ruptura y se siente estancada en un fracaso. “Ella debe entender que refugiándose en el enojo no logrará nada. Más bien, debe buscar terapia para estar mejor y generar bienestar en los niños”, dice Gallegos.

Cuando el diálogo entre los padres es prácticamente imposible, se debe acudir en primera instancia a la familia y, en segundo lugar, a la justicia, coinciden las dos especialistas.

El papá no debe desesperanzarse y, al contrario, lidiar con la mujer con calma y paciencia, pensando en sus hijos. Es importante que él se disculpe por todo el mal que pueda haber causado —en lugar de restregarle cosas en la cara— y hacerle entender con suavidad que el amor entre ellos se fue y no va a renacer, pero que aún tienen algo muy valioso: su descendencia.

Efectos de la ausencia

La ausencia paterna genera inestabilidad, depresión y traumas en los infantes. En la vida adulta pueden tener continuos fracasos de pareja, sobre todo, en sus relaciones sociales. Si se les ha educado pensando en el odio, pueden crecer con resentimiento.   

Cómo superarlo

Si eres madre y experimentas estos sentimientos, piensa en tus hijos. ¿Serán ellos felices odiando a su padre? ¿En qué te beneficia a ti que ellos crezcan sin su progenitor? ¿Tú crees que porque le impones a tu ex esta penitencia va a volver a amarte o valorarte?

Psicólogas: Lizette Gallegos (70621594) y  Katia Oporto (60572828).

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