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Qué hacer si él no quiere tener sexo

Puede deberse a diversos factores: impotencia sexual, malestar (resfrío, dolor de cabeza u otros) y estrés. Habla con él y ayúdalo.

Qué hacer si él no quiere tener sexo. Foto: Internet

Qué hacer si él no quiere tener sexo. Foto: Internet

La Razón / Érika Ibargüen Ayub

00:00 / 28 de marzo de 2013

De seguro que lo primero que te viene a la mente es que tu pareja halló otra compañía y por eso te rehúye en la intimidad. Falso; la falta de contacto físico no sólo puede deberse a que el amor o la pasión se hayan esfumado o a que una tercera persona se involucre en la relación. Ellos también experimentan ciertos desequilibrios —por cansancio, estrés o enfermedad— que reducen su apetito sexual y es tu deber conversar al respecto para superar esta fase temporal.

“Si la relación está bien constituida y existe confianza entre ambos, el varón se animará a decirle a ella que no quiere tener sexo y le explicará el motivo”, destaca la terapeuta familiar Sherezada Exeni. Caso contrario, añade, se esforzará para llegar al coito “sin desearlo realmente”, lo que es contraproducente para él y también para la relación.

La experta indica que si esta actitud es frecuente y la falta de deseo se repite una y otra vez, lo mejor es hablar honestamente con tu pareja y decirle cómo te sientes, sin acusar falsamente ni amenazar.

“Nunca le hagas sentir mal diciéndole, por ejemplo, ‘eres un inútil’, ‘me buscaré otro’, ‘seguro que tienes otra’ o expresiones de este tipo”, sugiere. El riesgo de hacer esto es que él jamás se anime a contarte qué es lo que realmente pasa, por tanto se alejará y el problema persistirá.

Según el sexólogo Winston Uzín, muchos varones piensan que evitar las relaciones sexuales aduciendo dolor de cabeza u otro tipo de malestares es sólo cuestión de mujeres. De acuerdo con el especialista, entre el 16% y el 20% de los hombres experimenta ausencia de libido por diversos factores.

El problema puede deberse a malformaciones o enfermedades, desde un resfrío hasta otras más complejas como tumores renales o cerebrales, alteraciones hormonales, afecciones en las cápsulas suprarrenales, disfunciones en la tiroides, infecciones de transmisión sexual o estados postoperatorios en los órganos genitales, cita el galeno.

Otra razón puede estar vinculada a la automedicación por estados depresivos. “El consumo de ciertos fármacos como los tranquilizantes, sedantes, narcóticos o alcohol también llegan a tener efectos en la reducción del deseo sexual”, dice.

¿El problema tiene solución? Sí. Dale a tu pareja un tiempo prudente para eliminar el estrés y las preocupaciones. El que tú insistas en discutir la dolencia no ayudará a superarla. Y si está relacionada con algo más complejo como una enfermedad acudan cuanto antes a un especialista.

Impotencia

Después de los 40 años, o antes si hay consumo de tabaco y alcohol de por medio, es posible que tu pareja desarrolle impotencia sexual o disfunción eréctil, que deben ser tratadas por un urólogo.

“Antes no me había pasado, pero ahora no puedo responder a las expectativas de mi esposa y me da vergüenza reconocerlo porque un hombre no está en condiciones de decir que no puede tener sexo”, afirma Sergio, empleado de la banca privada de 46 años.

La impotencia sexual está relacionada con la falta de erecciones en el hombre o la pérdida de calidad y duración de las mismas. “Disfunción eréctil significa la incapacidad del varón para mantener la erección suficientemente rígida y lograr una penetración”, explica el doctor Alejo Hernández en el sitio web impotenciamasculina.com.

La erección es una respuesta a los estímulos eróticos que recibe el hombre. El cerebro envía una serie de órdenes, a través de la médula espinal, al aparato genital y al llenarse el falo de sangre se consigue el erguimiento del miembro. En el caso de la impotencia sexual, los factores que impiden este proceso pueden ser psicológicos, (una mala experiencia y el individuo se mete en un círculo de miedo a seguir fallando en la relación) u orgánicos (causas físicas como escasez de testosterona, uso de drogas, diabetes y otros que alteran el comportamiento nervioso).

Si tu pareja experimenta este problema deben conversar al respecto y buscar ayuda profesional para que se someta a estudios de sangre, un perfil hormonal o una ecografía para medir el flujo sanguíneo que llega al pene, entre otros análisis.

Se dan casos en que es necesario un estudio sobre las erecciones nocturnas. “El paciente se lleva a casa un aparato que se coloca en el falo antes de dormir. Durante la fase de sueño, el varón tiene erecciones naturales que el equipo registra y así se determina si son potentes o no y cuánto duran. Este artefacto nos ayuda a entender si el problema es orgánico o psicológico”, dice Hernández.

Es recomendable también dejar de fumar o ingerir drogas, no abusar del alcohol y evitar comidas grasas, pero un tratamiento exitoso comienza con una dosis de amor, comprensión, comunicación y colaboración.

El estrés, el nuevo mal

El estrés, la epidemia que se manifestó desde finales del siglo XX con intensos cambios en el ritmo de vida, puede desencadenar un bloqueo en el desempeño sexual, causando desinterés o falta de libido. Esta tensión se expresa físicamente en la disfunción eréctil.

El viagra no es la salida

Una de las principales recomendaciones médicas es evitar la automedicación. Hay quienes recurren al viagra, un estimulante de la irrigación al falo, pero el emplearlo con regularidad puede traer consecuencias a la salud y causar problemas colaterales.

Un mito a superar

La mayoría de los hombres con problemas de erección creen que mejorarán sin ningún tipo de ayuda especializada. Es bueno tener paciencia y de esperar la comprensión de la pareja, pero si el problema lleva meses es hora de buscar atención médica.

Fuente: Sherezada Exeni,  terapeuta familiar,  Winston Uzín sexólogo. Con datos de: http://www.impotenciamasculina.com

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