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¿Tu hijo de 30 años sigue casa?

Son los eternos adolescentes. Puede que les guste la comodidad o que no tengan dinero

Escapar de la responsabilidad

Escapar de la responsabilidad Foto: Archivo

La Razón / Érika Ibargüen Ayub.

00:00 / 12 de julio de 2012

Aunque dan la impresión de ser personas independientes y maduras, y que pueden valerse por sí mismos, resultan ser los eternos adolescentes que siguen viviendo en casa de los padres, pese a que los años de escolaridad y formación académica quedaron atrás. “Mi hijo de 30 años sigue en casa y se niega a asumir alguna responsabilidad. Dice que ya pronto sacará su ‘cartón’ y que entonces ayudará con los gastos de la casa”, se queja Beatriz (50) de su único hijo.

Los profesionales consultados coinciden en que lo importante es saber cortar el cordón umbilical en el momento preciso aun cuando vivan bajo el mismo techo y enseñarles a tener responsabilidades desde que son niños.

“Por lo general se trata de comodidad. Las mamás son las que socapan este tipo de comportamiento, pues ellas mismas se ofrecen a hacerlo todo por ellos”, dice el psicólogo Javier Elías.

Esto sucede generalmente con los hijos varones, porque tienen una relación muy particular con la madre que pasa a ser sobreprotectora. “El hijo no acaba de sentir que tiene la suficiente capacidad de poderse manejar por sí mismo y le resulta muy cómodo continuar siendo un adolescente eterno atendido por su mamá”.

La psicoterapeuta Sherezada Exeni señala que este tema muchas veces está relacionado a lo económico y, en el fondo, con la comodidad.  La especialista explica que en psicología se denomina emancipación y desvinculación al proceso por el cual el hijo se vuelve adulto y deja de necesitar de sus padres, emocional, económica y psicológicamente. “Si la desvinculación ha sido bien ejecutada, la relación con el padre será de adulto a adulto, manteniendo siempre el mutuo cariño, pero sin necesitar el uno del otro”, dice Exeni.

Este proceso puede darse aún cuando el hijo siga viviendo en la casa de los padres, pero con la condición de que se convierta y actúe como un adulto.

“Muchas veces, por el tema económico, los hijos no siempre pueden irse de casa. En este caso es muy importante que quede bien en claro que deben ser responsables de sus decisiones, acciones y necesidades”, aclara la psicoterapeuta.

El proceso de desvinculación siempre debe ser propiciado y estimulado por los padres desde que los hijos son pequeños, esto para ayudarlos a ser independientes  y poder enfrentar situaciones a futuro. 

En el caso de que el hijo no quiera salir de la casa, pese a tener dependencia económica que se lo permita, lo mejor será buscar la ayuda de un profesional.

“Puede presentarse otra figura, y que tanto los papás como el hijo jueguen un juego medio patológico que impida que el joven se independice y ninguno quiera reconocerlo”, agrega Exeni.

En el caso de muchas mujeres, el machismo impide que una chica soltera salga de su casa si no es para casarse, dándole la función de cuidar a los padres y abuelos o de ser la eterna tía “solterona”, a cargo de la casa. 

1. Corta el cordón

Para que tu hijo aprenda a ser independiente, empieza por permitirle cortar el cordón umbilical que tú no te atreves a cortar. Si es necesario asistir a alguna terapia deben hacerlo y de a poco empieza a crear espacios para que tu hijo vaya madurando y creciendo.

2. Espacios

Estimula la autonomía de tu hijo, respeta  sus tiempos y espacios, no lo vuelvas dependiente económica, afectiva o psicológicamente. Deja que se equivoque y aprenda de sus propios errores.

3. Responsabilidades

Si tu hijo tiene la posibilidad  económica de irse de casa, no lo detengas. Deja que aprenda a lidiar con el pago de servicios, con que el  refrigerador esté lleno, ocuparse de la ropa sucia, o preparar el desayuno. Es determinante.

Fuentes: Sherazada Exeni psicoterapeuta familiar y Javier Elías,  psicologo.

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