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Soy impuntual y mi pareja ya no lo soporta

Organización, cambio de hábitos y comunicación asertiva te permitirán superar este problema y evitar peleas.

Soy impuntual y mi pareja ya no lo soporta. Foto: Internet

Soy impuntual y mi pareja ya no lo soporta. Foto: Internet

La Razón / Érika Ibargüen Ayub / La Paz

09:53 / 21 de marzo de 2013

La impuntualidad es un mal hábito quepuede afectar tu relación sentimental. “Tengo 27 años de casado y si hay algo que no he conseguido cambiar en mi esposa y nos genera constantes discusiones es su impuntualidad”, dice Jaime, quien levanta los hombros y frunce el ceño en señal de enojo y resignación. No obstante, el problema tiene solución y pasa por asumir un compromiso con tu pareja, identificar las razones que te llevan a actuar sin consideración ni respeto con ella y corregir esta actitud.

La terapeuta familiar Pilar Manríquez y el psicólogo Carlos Velásquez coinciden en que para que una relación no se deteriore a causa de la impuntualidad, es clave conversar, poner límites y reglas que ambos cumplan.

“Organizarse bien y anunciar lo antes posible que se llegará tarde a la cita porque sucedió un imprevisto son cosas que se deben tomar en cuenta. De igual manera, acordar tiempos de espera tolerables y entender los argumentos del otro si son válidos”, indica Velásquez.

Manríquez hace notar que cuando las relaciones llevan tiempo es común que la persona que es puntual se vaya adecuando a la que siempre es impuntual y esto puede generar frustración, además de convertirse en un acumulo de tensión y falta de motivación. “Si además son pautas repetitivas dentro de la familia —en caso de que la pareja esté casada—, éstas serán replicadas por los hijos y ellos crecerán bajo la lógica del no importismo, vale decir que si tienen una cita a las 17.00 y llegan a las 19.00 no importa, igual los estarán esperando”.

La impuntualidad genera conflictos de pareja sin importar si éste convive o no. Si fuera el caso de un matrimonio, resolver el problema podría ser algo más sencillo pues ambos pueden identificar las causas. “Es posible que ella, antes de alistarse, bañe a los niños, los cambie, prepare la comida, arregle la casa y luego se ocupe de su persona”, dice Velásquez y recomienda distribuir tareas y responsabilidades para evitar la sobrecarga. “El varón tiende a no ayudar o hacer lo mínimo necesario. Somos extremadamente concretos y necesitamos órdenes específicas, si no recibimos una solicitud es probable que no tengamos claro cuándo debemos ser útiles”, arguye.

“Por eso es importante poner reglas y límites”, añade Manríquez. Se puede ser tolerante, pero en la medida en que el tiempo de espera sea, por ejemplo, de 15 minutos; un exceso ya es una falta de respeto y consideración.

Algo que resaltan ambos especialistas es que sin ser una norma, es posible que este mal hábito corresponda más a las mujeres que a los varones, pero atribuible a una variable: la responsabilidad que ellas asumen en las labores de casa. En todo caso, una comunicación fluida ayudará a resolver el problema. Es clave que éste no se convierta en una lucha de poderes: ¿Quién hace esperar a quién?, o “Ahora te toca esperar a ti”.

En los siguientes ejemplos podrás detectar posibles conflictos y pautas para hallar una solución. 

1. Tardo en arreglarme. Tienes un evento, quieres lucir bella, bien vestida y con las joyas adecuadas. Para no llegar tarde, lo mejor es que te organices una noche antes: elige la ropa y accesorios que llevarás; pruébate las prendas para ver si están a tu medida, falla la cremallera o les falta un botón; date una ducha tres horas antes si planeas ir a la peluquería.

2. Mis hijos consumen mi tiempo. Según la edad que tengan, asigna tareas a tus hijos. Por ejemplo, si son mayores de cuatro años ya pueden asearse y vestirse solos. A los adolescentes ya puedes asignarles el aseo de sus habitaciones o sacar al perro a pasear. Esto aliviará bastante tu trabajo y tendrás más tiempo para ti.

3. Las labores de casa me asfixian. Debes saber que nunca serás una Supermamá ni una Superesposa. Si no tienes quién te ayude en el hogar, no pretendas lavar, planchar, lustrar pisos, ir al mercado, cocinar y llegar a tiempo a un compromiso al que tú y tu pareja fueron invitados. Incluso si es fin de semana hay cosas que pueden esperar, que esto no te provoque tensión ni estrés.

4. Mi pareja no me ayuda. Muchas veces la mujer asume de manera “natural” la mayor carga de las tareas. Divide las obligaciones con tu pareja. Habla con él, dice que necesitas apoyo en ciertas cosas y que no puede esperar sentado —bien bañado y cambiado— a que tú te termines de alistar tras haber trabajado duro en casa.

5. Me quedo horas extra en la oficina. A veces, de manera imprevista, te toca quedarte más tiempo en el trabajo; si es el caso y tienes una cita con tu pareja, avísale de inmediato (llámalo, envíale un correo o un SMS) y explícale qué te demorará y cuánto deberá esperar. Una disculpa nunca está demás y baja la tensión.

Identifica

Si el llegar siempre tarde a tu cita amorosa ha sido motivo de conflicto en tu relación, lo mejor es que empieces a identificar las causas que te llevan a ser impuntual e incluso irresponsable y desconsiderada con quienes esperan por ti.

Actúa

Lo más importante es que asumas la voluntad de cambio y reorganización para convertirte en una persona puntual y respetuosa.

Fuente: Carlos Velásquez, psicólogo y Pilar Manríquez, terapeuta familiar

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