Mía

¿Tu mimado te impide estudiar?

Si tu compañero cuadrúpedo interrumpe tu hora de estudios es porque tú no has cumplido con tus obligaciones para con él

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 23 de enero de 2014

Comienza con un gemido o un maullido. Sigue con un jalón al pantalón, un sonido de protesta más fuerte y, cuando estos reclamos continúan siendo ignorados, un ágil salto a tus faldas o a la mesa del computador interrumpirá efectivamente tus estudios.

El problema —explica la educadora de perros Daniela Acosta— es que las mascotas, sean perros o gatos, no tienen satisfechas sus necesidades físicas o emotivas, por lo que aprovechan tus momentos de quietud y concentración, como cuando estás estudiando, para dar a conocer sus reclamos.

“Generalmente, cuando estás en época de estudios, sueles descuidar un poco tus deberes para con tu mascota. Las salidas con tu perro son más cortas de lo que deberían ser y, claro, te encierras a trabajar. Esto causa que los animales se sientan intranquilos y, obviamente, te molesten”.

La solución, en el caso de los perros, consiste en planificar, además de las horas de trabajo, al menos 45 minutos de salida con tu compañero cuadrúpedo. En este recorrido debes asegurarte de corretear con él, hacerle jugar lanzándole cosas y estimularlo. Al regresar estará más tranquilo.

Con esto satisfarás sus necesidades físicas y mentales —en el trayecto esquivará obstáculos y utilizará al máximo sus sentidos—, pero aún faltan las emotivas. Para ello, acomoda una colchita a tus pies donde vayas a trabajar para que el canino se acueste allí y te acompañe.

Disciplina sutil

En el caso de los gatos es un poco más difícil. Debido a su agilidad, es casi imposible impedirles que se trepen a la mesa del escritorio y su curiosidad innata les obligará a examinar la computadora o tus papeles.

El portal especializado animalmascota.com señala que, al ser un animal muy independiente y territorial, el felino es muy susceptible a los cambios en el hogar, lo que lo lleva a investigar la anomalía.

Asimismo, la provocación durante tu hora de trabajo puede ser resultado del aburrimiento. La respuesta es jugar un momento con el verdadero amo de la casa hasta que éste se aburra y te deje en paz.

También puede ser que busque sus mimos regulares. En este caso, puedes intentar acomodarlo en tus faldas y acariciarlo con una mano mientras lees.

También hay que disciplinarlo. Tienes varias formas, como rociarle la cara con agua u olores desagradables. Pero ¡ojo!, asegúrate de que no se dé cuenta de que tú eres el responsable, sino se resentirá.

Un viajero incansable

Diminuto

“Teresa, que es la abuela de Ian, tuvo que tejer la misma chompita tres veces, porque no podía calcular el tamaño, era muy chiquitín”, cuenta su dueña, María Teresa Illanes

Sobrino

“Es superactivo, sobreprotector de la abuela y le encanta la atención que le dan los vecinos, quienes lo llaman ‘sobrino’; los niños de la zona vienen a casa a regalarle juguetes”.

Viajero

“Es el primero en colocar uno de sus juguetes en la maleta, e incluso él mismo se sube para que no nos olvidemos de él. Le gusta disfrutar de la naturaleza”.

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