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Bajo el mismo techo de los suegros

Causa la pérdida de independencia y de la privacidad en la pareja.

Bajo el mismo techo de los suegros. Foto. Dreamstime

Bajo el mismo techo de los suegros. Foto. Dreamstime

La Razón (Edición Impresa) / Erika Ibargüen / La Paz

00:00 / 23 de abril de 2015

Por lo general, la convivencia entre parejas jóvenes y suegros se da por cuestiones económicas o matrimonios apresurados. Lo recomendable es llegar a un acuerdo sobre los quehaceres, los gastos, responsabilidades y ciertos límites antes de decidir compartir el mismo techo.

La relación con los padres de uno es muy diferente a la que se pueda tener con los padres de la pareja. Si esto está claro, tu relación puede resultar más fácil siempre que esté basada en la consideración y el respeto hacia ellos y de ellos hacia ti.

Muchas parejas jóvenes llegan a vivir en la casa de sus padres porque no tienen los recursos necesarios como para alquilar una habitación y valerse por sí mismas.

La psicóloga Pilar Manríquez señala que lo ideal es que no vivan con los papás, pero si se trata de una emergencia lo importante es empezar poniendo límites. “El indicado para esto es el hijo, que está llevando a su nueva familia a la casa de sus padres. Así evitará que haya intromisión con la familia extensa”, aconseja.

Es muy importante que la suegra o el suegro no haga sentir a la nuera o al yerno como un subordinado. Debe existir la predisposición para tomar decisiones en conjunto con el nuevo miembro de la familia.

La especialista aconseja no imponer el modo de vida que los jóvenes tienen ni el sujetarse a las reglas ya establecidas, para esto debe haber cierto nivel de flexibilidad.

Su colega Mónica Soliz comenta que la nueva pareja debe entender que esta ayuda de cobijo en el inicio de su nuevo estado civil es pasajera, hasta que encuentren algo estable que les ayude a mantenerse solos y aprendan a cumplir con sus responsabilidades para que no pierdan su independencia ni su privacidad. Por ello deben evitar la confrontación y buscar siempre el diálogo.

Tanto Soliz como Manríquez coinciden en que se debe ofrecer esta ayuda solo si se trata de una emergencia y distribuyendo las responsabilidades en los quehaceres domésticos y económicos, respetando los espacios para no entrar en una lucha de poderes.

Sin embargo, es bueno aclarar que no todas las relaciones con las suegras y suegros resultan negativas, hay muchos que incluso ayudan a criar a los nietos para que sus nueras puedan estudiar y trabajar.

Fuente: Pilar Manríquez y Mónica Soliz, psicólogas.

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