Mía

La mujer, ¿nuestra ayudante?

Lo más común es esto de juzgar. Juzgamos a las mujeres a cada rato: ¿Por qué se viste así? ¡Estos zapatos no le caen bien! ¿Por qué no sabe peinarse? ¡Qué gorda es! ¡Qué flaca es!

Juzgamos a las mujeres según el estándar actual de belleza.

Juzgamos a las mujeres según el estándar actual de belleza.

La Razón (Edición Impresa) / Pedro Brunhart

00:00 / 01 de abril de 2019

Los varones pensamos que las mujeres tienen que servirnos. Esta es una opinión muy difundida en el patriarcado. Ya está dicho en el antiguo testamento. En la Biblia latinoamericana, la traducción aprobada por la Iglesia Católica, dice: “No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una auxiliar a su semejanza”. Una auxiliar entonces hizo Dios, y así lo pensamos los varones: somos los jefes y las mujeres son nuestras auxiliares.

Por esa razón pensamos tener el derecho de:

  • Controlarlas
  • Mandarlas
  • Vigilarlas
  • Castigarlas
  • Premiarlas
  • Juzgarlas

Pues, exactamente así como se hace con una auxiliar. Esta situación se da entre hermanos y hermanas, entre empleados y empleadas del mismo rango en una oficina, en los bares y, sobre todo, en los matrimonios.

Y, claro, no permitimos que las mujeres hagan lo mismo con nosotros, pues esto no es un comportamiento adecuado para una auxiliar.

Lo más común es esto de juzgar. Juzgamos a las mujeres a cada rato: ¿Por qué se viste así? ¡Estos zapatos no le caen bien! ¿Por qué no sabe peinarse? ¡Qué gorda es! ¡Qué flaca es!

¿Con qué derecho juzgamos a las mujeres? ¿Y por qué no hacemos lo mismo con los varones o por qué los juzgamos menos? Pues, porque pensamos que somos superiores a las mujeres y esto nos da el derecho de juzgar.

Ser superiores —como hombres— es la quinta esencia del patriarcado. ¡Y esto debemos cambiarlo! Es tarea de toda la vida, porque así hemos sido educados desde el vientre de la madre, y desde hace unos 5.000 años.

Los más perjudiciales de los juicios son aquellos referidos al aspecto físico de las mujeres.

Si, por ejemplo, un jefe le dice a su secretaria que está bella, no es un cumplido, sino es reducir a esta persona a su aspecto físico.

Nosotros juzgamos a las mujeres según el estándar actual de belleza. Y las empujamos a que intenten encajar en estos estereotipos. Esto significa una presión constante hacia las mujeres de cumplir algo que no es posible, puesto que cada mujer tiene un cuerpo diferente.

1. Formas de juzgar su comportamiento.

“¿Por qué se ríe tan escandalosamente?”, “¡cómo camina esta mujer!”, “mira cómo se sienta”.

2. Formas de juzgar sus pensamientos

“¡Esto no tiene lógica!”, “¿cómo puede alguien pensar así?”, “¡qué tonta!”

3. Formas de juzgar sus emociones

“Es una histérica”, “es demasiado emocional”, “seguro no tienen quién la haga feliz”.

Pedro Brunhart

Investigador y miembro de Círculo Achocalla. Se dedica hace seis años al

tema de sociedades matrifocales y patriarcales ([email protected])

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