Mía

¿Por qué quedarte con tu sapo?

La Razón

00:00 / 29 de noviembre de 2012

Al mejor estilo Disney, ya has besado a una buena porción de sapos a la espera de que alguno de ellos se convierta en tu Príncipe Azul. Gracias a esta iniciativa, actualmente sales con uno... con un sapo, quiero decir.

A veces te come la cabeza la idea de que, aunque actualmente eres feliz a su lado, él no es el hombre ideal y que, probablemente, tú podrías encontrar a un hombre más guapo, más inteligente o con un mejor estatus social.

Quizás ya estés entrando a los 30 y en la oficina haya un par de colegas que te han hecho las indirectas suficientes para que estés segura de que, si en algún momento tu quedases soltera, ellos te esperarán con sus cuerpos candentes y sus carros último modelo.

Entonces, una noche, pasadas las 00, recostada en cama y mirando al techo, te preguntas si deberías quedarte con el sapito que tienes durmiendo al lado o si deberías ir en búsqueda de eso que no tienes. La duda y la inseguridad comienzan a ganar terreno dentro de ti y sabes que el tiempo está pasando. Cualquier día de éstos podría proponerte matrimonio y no sabes si aceptarías o no.

Mi consejo, en este caso, es que no sueltes su verde manita. He aquí algunas razones de por qué:

Te lo dije y te lo repito: Los príncipes no existen. Probablemente, lo único que cambiará con el paso del tiempo es que los sapos que besarás se irán poniendo más viejos, igual que tú.

Tú no eres una princesa encantada. Tienes defectos, manías, problemas y bagaje emocional, como todos. Bájate del carruaje y cambia las zapatillas de cristal de la fiesta del castillo por unas zapatillas deportivas, con las que puedas hacer compras en el mercado Rodríguez, una parrillada en Mallasa o un viaje de fin de semana a Copacabana.

La caza acaba cuando atrapas a la presa. Existen muchos hombres guapos y muchos te dirán de todo para meterte en sus camas, porque eso es todo lo que quieren. ¿Cambiarías lo que tienes por una noche o dos?

El pasto del vecino siempre parece más verde. No valorar lo que tenemos es muy común y luego, cuando lo perdemos, nos arrepentimos y, muchas veces, ya es demasiado tarde. Esta frase podrá parecerte trillada, pero es más real de lo que crees.

La experiencia puede jugar en contra a medida que vas conociendo a nuevos “amores” y perdiendo la emoción que te causaba las primeras veces. Con el tiempo prefieres ser más fría y observadora. Tu galán de turno puede jugar todas sus cartas y tú casi bostezas frente a él. Ya es difícil que te sorprendas, conmuevas o emociones y esto hace que sea más difícil aún que te enamores.

Aprovecha la oportunidad que tienes para ser feliz, amiga mía. Valora a tu compañero y dedícate a cultivar tu relación. Enfócate en sus virtudes y aprende  a sonreír de sus defectos. La vida dura dos días y es mucho más linda cuando la disfrutamos de dos en dos.

Salvador G te ayuda con los problemas del corazón. Escríbele a mia@la-razon.com

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