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La silla para pensar

La técnica fomenta la reflexión, sin embargo se corre el riesgo de que el niño se sienta mala persona.

La silla para pensar. Foto: https://guardarcomocastella.files.wordpress.com

La silla para pensar. Foto: https://guardarcomocastella.files.wordpress.com

La Razón Digital / Andrea Azcui A. / La Paz

00:00 / 08 de enero de 2015

Se la llama silla para pensar y se utiliza en escuelas y en algunos hogares cuando se cree que el niño tuvo una conducta inadecuada. Consiste en invitar al pequeño a reflexionar en la silla por unos minutos, tantos como años tenga el niño, en los que debe estar solo revisando su conducta. En todo caso, especialistas advierten que el abuso de esta técnica podría resultar contraproducente.

Luego de que pasen esos minutos se debe invitar al pequeño a regresar con el grupo y se le pide que dé un abrazo a quien o quienes hayan resultado afectados por su conducta en señal de disculpa.

Se trata de una técnica efectiva que ayuda a aplacar rabietas y es muy útil para combatir la violencia. La psicóloga Vanessa García explica que este método sirve para que padres y tutores definan claramente los límites, normas y reglas del hogar y el aula ya que cualquier comportamiento tiene una consecuencia.

“El aspecto negativo es que a la larga puede ser que el niño asocie que el estar pensando solo o el encontrarse con sus propias reflexiones es una consecuencia negativa de un mal comportamiento”, apunta.

En muchos casos, cuando se utiliza esta técnica repetidas veces y se la convierte en un hábito de castigo, deja de tener efecto porque el niño busca protegerse de esa sensación de sentirse apartado en una silla y crea una barrera de insensibilidad, volviéndose rebelde, manifiesta por su parte la psicóloga Claudia Peredo.

“Es muy importante ser empático con el niño y entender cómo se siente cuando lo mandan a la silla. Lo más probable es que se sienta apartado, aislado, frustrado y enojado, porque ha reaccionado a una situación que no ha sido capaz de resolver. Al estar obligado a pensar sigue enojado y en algunos casos, más que antes”, dice.

El apartarlo del grupo y llevarlo a una silla para que piense, impide que haya diálogo y pueda sentirse catalogado como una mala persona.

Existen más técnicas con asientos que resultan beneficiosas. “La de la silla vacía es muy útil en terapia, se la utiliza cuando una situación ha sido traumática, cuando se tiene un asunto inconcluso con alguien que en ese momento no está disponible por alguna razón y cuando se necesita proyectar en la silla vacía un aspecto de su propia personalidad para que la persona pueda comprenderse mejor a sí misma”, ejemplifica Peredo.

La psicóloga afirma que los efectos en estos casos pueden ser beneficiosos incluso en adultos, pero que esta técnica debe ser llevada a cabo con la ayuda de un profesional para poder canalizar las emociones y resolver los conflictos.

Escucha

Las rabietas conllevan frustración. Explícale con palabras simples que esa no es la mejor manera de reaccionar.

Ofrece

Proponle una alternativa a lo que le molesta, pero sin imponérsela. Transmítele de forma calmada que entiendes su enfado.

Refuerza

Ejemplifica lo malo de su actuar para que aprenda a autorregularse y manejar esas situaciones.

Fuente: Vanesa García Viruz y Claudia Peredo (psicólogas)

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