Mía

Si tan solo no hubiesen dejado la niñez

La nostalgia, sentimiento tan humano, justifica echar una mirada a la vida que les tocó a quienes fueron estrellas infantiles.

La Razón / Mabel Franco / La Paz

00:00 / 21 de marzo de 2013

Crecer es un acto doloroso. Quizás porque es inevitable y, luego de un periodo floreciente de juventud, lleva a la vejez y a la muerte. En el caso de los artistas, el envejecimiento seguramente les duele, pero quizás mucho más a sus seguidores, a sus fans. Peor si el artista es un niño hermoso y tierno y, de pronto, en la vida real no sólo que deja de serlo sino que cae en el mundo de las drogas, el alcohol y la violencia. Hay muchos casos de jovencitos que en la pantalla (grande o chica) son un dechado de virtudes, inclusive unos héroes capaces de salvar a la humanidad, y que fuera de ella no pueden ni con su propia vida. Ejemplo archiconocido de divorcio entre ficción y realidad es —que nos perdone por no dejarlo en paz— el de Macaulay Culkin, Mi pobre angelito, hoy un muchacho delgaducho, de profundas ojeras que, dicen los chismosos, revelan su afición por los estupefacientes.

En otros casos, el dulce rostro y menudo cuerpecito se llena de arrugas y de kilos. O el sedoso pelo rubio cae para dejar una pelada desoladora. Morbo o no, resulta en todo caso tentador echar una mirada a esas criaturas atrapadas en el túnel del tiempo: crecen, envejecen, engordan y hasta mueren, pero las grabaciones los reviven una y otra vez.

¿Qué fue de..? es como una sección en varios medios de espectáculos. Allí se dedican a buscar qué pasó con tal o cual estrellita famosa.

Nos aprovechamos de ello para recontar algunas historias. Por ejemplo, ¿recuerdan a Bastian, el niño de La historia sin fin (1984)? Pues Barret Oliver (1973) llegó a actor juvenil y luego se perdió. Es fotógrafo profesional y vive tan alejado de los medios que apenas hay fotos suyas actuales. Las que existen en internet lo muestran subido de peso, con barba desgreñada y con escaso pelo.

Hay que decir que no en todos los casos el crecer hace mal. Físicamente, al menos. La niña más chica de Full House —la serie televisiva de los años 80 que hoy está nuevamente en la pantalla por culpa de un canal local— es, dígase ya, feíta. Pues con el estirón, tal pequeña, que en realidad son dos, las gemelas Olsen, han mostrado que los patitos feos existen. Las jóvenes son agraciadas socialités; el problema es que con la edad, aunque no lleguen ni a los 30, han perdido la inocencia y se han visto envueltas o en escándalos de drogas o problemas de anorexia.   

Y ¿qué habrá sido de las pequeñas estrellas de la televisión boliviana? A ver... ¿les dice algo oír hablar de Nildita Bascopé Aparicio, Yumei Mustaffá, Milenka Peña (Pelusa), Luis Severich Hoz de Vila, Elizabeth Fiorilo Sucre? ¡Qué nostalgia de aquellos años!       

Información: sololistas.com, univision.com, wikipedia.org..  

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