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¿Estoy muy vieja para ir a la universidad?

Ser un alumno adulto te permite abordar los estudios de una manera seria y diferente.

 Ser un alumno adulto te permite abordar los estudios de una manera seria y diferente. Foto: Internet

Ser un alumno adulto te permite abordar los estudios de una manera seria y diferente. Foto: Internet

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

03:43 / 24 de enero de 2013

¿Sientes que todavía podrías aprender algo más, pero crees que no estás en edad para retomar los cuadernos? No importa si rondas  los 30, 40, 50, 60 o más años, nunca es tarde para estudiar. Lo que importa son tus ganas de aprender y que canalices esa energía para materializar tus objetivos académicos.

“Diversas investigaciones demuestran que asumir este desafío en la edad adulta hace que la gente se enfoque a estudiar desde diversos puntos de vista como la experiencia de vida, la segunda carrera, la experiencia laboral previa y la formación de una familia”, explica la psicóloga Lizette Gallegos, del centro Katarsis.

A lo largo de la vida muchas personas, por diversas circunstancias, no pueden continuar su formación profesional, aunque hubieran querido hacerlo. La edad no se puede tornar en un impedimento cuando surge la oportunidad de emprender una carrera.

“Quienes no pudieron estudiar en la juventud deben considerar que los estudios y la formación profesional (técnica o académica) son un reto que puede ser afrontado en cualquier etapa de la vida, debiendo considerar reforzar sus conocimientos en áreas de poco uso cotidiano y reenfocando sus capacidades atentivas y de aprendizaje”, dice Gallegos.

“Existe una tendencia a asociar el envejecimiento con la decrepitud y en realidad esto se debe a una creencia y estereotipo que tenemos en la sociedad”, explica la psicóloga gerontóloga Valeria Sandy.

“El ingreso a la universidad no debe ser considerado como una dificultad. Sin embargo, existen factores que pueden generar problemas para culminar estos estudios: el entorno familiar, el universitario, las capacidades cognitivas de aprendizaje, la interacción con personas más jóvenes o mayores y la confrontación o competencia con los docentes”, opina Gallegos.

Algunas dificultades

Si bien a medida que uno envejece sí hay un deterioro de la atención y de la memoria, éste no es grave. “El daño es mínimo y no interfiere para nada en la vida de las personas y no genera un impedimento psicológico o fisiológico para seguir aprendiendo”, agrega Sandy.

Las profesionales concuerdan en que es muy importante que si una persona ingresa a estudiar y no tiene la costumbre de dedicar tiempo a la lectura, a hacer tareas  o a repasar las lecciones, se fije horarios y sea disciplinada para hacer estos hábitos parte de su día a día.

Por otra parte, es importante que se reconozcan los factores y motivaciones que hacen que el adulto quiera estudiar, ya sean que ahora tiene tiempo libre, estabilidad económica o ganas de superarse.

 “Es importante reconocer los motivos que llevan a retomar los estudios y no dejarse sobrellevar por el poder del conocimiento, siempre se debe recordar que aprendemos y estudiamos no para saber más, sino para desconocer menos”, agrega Gallegos.

Estudiar enriquece

Marcela Chambi Laura es una ama de casa (46) que debido a la maternidad no tuvo mayor formación que el bachillerato. “Siempre quise ser doctora. Si bien ahora tengo la posibilidad económica, es una carrera muy larga, no podría perder tanto y me siento muy frustrada por eso”, comenta.

Si bien Chambi  no tendrá las mismas posibilidades laborales que un joven, el valor del estudio puede radicar en la autoestima y en el enriquecimiento de su conocimiento. Y si lo que le interesa es  trabajar en el área de salud, quizá pueda elegir una rama técnica más corta, si el objetivo es ejercer una profesión.

Por eso el adulto debe considerar siempre las metas de esta formación y no debe perder de vista a las posibles distracciones que forman parte de este proceso, ya que se halla en un nuevo medio, describe Sandy.

“Los mitos y miedos que nos ponemos nosotros mismos nos ponen límites que no nos dejan seguir creciendo. Las personas que toman la decisión de seguir estudiando realmente asumen el reto con tanta pasión que al final los resultados siempre son buenos”, afirma Sandy.Por eso, ingresar a la universidad, por primera vez o por seguir estudiando para obtener una nueva carrera, de inicio, sube el autoestima de quien lo hace.

El cerebro humano es como un músculo, entre más lo utilizas, mejor; entre menos, se va atrofiando. “Aunque arrancar en los estudios al principio sea difícil, eso no quiere decir que no se pueda lograr”, señala Sandy.“A las personas que no hayan tenido la oportunidad de estudiar, quizá al principio se les haga un poco más difícil, pero al finalizar el proceso será diferente. Lo que nos mueve a los seres humanos es la motivación”.

Fuente: Lizette Gallegos y Valeria Sandy, psicólogas.

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