Reportaje

Santa Cruz de la Sierra, tradición y modernidad

Los datos de los dos  últimos censos, 2001 y 2012, dan pautas: la población del departamento de Santa Cruz tuvo un crecimiento de 30,96%, que representa un incremento de 628.291 habitantes; en 2001 habían 5,48 personas por kilómetro cuadrado y en 2012 se estableció 7,17 habitantes por la misma extensión.

Esta vista permite apreciar el avance de la capital oriental con edificios y avenidas amplias. Foto: AFKA-Archivo

Esta vista permite apreciar el avance de la capital oriental con edificios y avenidas amplias. Foto: AFKA-Archivo

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Chávez / La Paz

00:00 / 24 de septiembre de 2015

Al tecito de media tarde con cuñapé, pan de arroz o empanada de charque, al somó o fresco de mocochinchi — con los petos revoloteando— a las comparsas desfilando en el Cambódromo se suman las llauchas con api, las salteñas y las fraternidades de morenos, también pavoneándose en el Cambódromo de Santa Cruz de la Sierra. Algo cambia en la capital oriental. Y al ser la principal ciudad del departamento, Santa Cruz resume el papel actual que juega la región: el de integrador.

Los datos de los dos  últimos censos, 2001 y 2012, dan pautas: la población del departamento de Santa Cruz tuvo un crecimiento de 30,96%, que representa un incremento de 628.291 habitantes; en 2001 habían 5,48 personas por kilómetro cuadrado y en 2012 se estableció 7,17 habitantes por la misma extensión.

El historiador cruceño Alcides Parejas fija la fecha del inicio de la construcción de la identidad cruceña el mismo día de la fundación, el 26 de febrero de 1561. “Don Ñuflo (de Chávez), el fundador, nos dejó una divisa, poblar y desencantar la tierra, que se ha convertido en un elemento muy importante de esa identidad, pues lleva consigo todo un programa de acción que el cruceño ha desarrollado a lo largo de más de 400 años”.

Según el intelectual, desde el siglo XVI Santa Cruz de la Sierra se convirtió en un verdadero núcleo de expansión hacia los cuatro puntos cardinales de su inmensa geografía.

“El mito de El Dorado siempre ha estado presente y ha hecho que el cruceño recorra la geografía del oriente boliviano. No solo por afán de aventura, de lucro o de figuración personal; implica fundamentalmente un gran espíritu de trabajo duro y diario”, cualidades que no solo resalta Parejas, sino que hacen a la identidad de los hombres que allí viven. 

Y así como aumenta la población, las ciudades se expanden. La construcción es el segundo rubro que aporta al PIB departamental, en 2014 fue del 8,4%. Ese crecimiento refleja la modernidad de una ciudad que cada vez cuenta con más edificios, avenidas y parques, y espacios verdes.

La senadora cruceña del MAS Adriana Salvatierra destaca el papel integrador porque, tanto la capital como el resto del departamento se han constituido en espacio de convivencia donde hay una relación entre lo tradicional e indígena con la modernidad porque lo que se busca es el acceso a la tecnología, a las telecomunicaciones y a otras formas de desarrollo.

Sin embargo, aclara que no se trata de un mestizaje porque no implicaría dominación, ni se intenta de subsumir a las culturas que conviven en Santa Cruz a título de modernidad. “Lo que se busca es reforzar las expresiones identitarias y se manifiesten libremente sin forzar a nada”.  

 

 

 

 

Aporte indígena y de los migrantes

 

La identidad de la capital cruceña se nutre de diferentes vertientes que van más allá del haber nacido en la ciudad o vivir en ella. Santa Cruz de la Sierra se constituye en un punto de encuentro de varias culturas.

En la principal ciudad del oriente boliviano se consolidaron diversas tradiciones que hacen la identidad de la ciudad, pero a esas manifestaciones se suman las de los pueblos indígenas que no solo aportan arte y artesanía sino formas de vida, lo mismo ocurre con la población migrante de otros departamentos que llegan a esa urbe y practican sus costumbres, tradiciones y cultura a la par que el resto de los habitantes. Este criterio es compartido por los diputados Tomás Monasterio y Avilio Vaca, el primero tiene una representación urbana y el segundo es delegado del pueblo guaraní.

Vaca explica que poco a poco se suma lo guaraní a la identidad de la ciudad y que el actual proceso permite la convivencia de varias culturas en el mismo espacio sin que haya una disputa o una imposición.

Monasterio va más allá, se declara “cruceñazo” sin dejar de lado sus raíces chuquisaqueñas y potosinas y sin que implique un mestizaje o una aculturación; reivindica el carácter vivo, tanto de la cultura como de la identidad. Él rescata que con los años se haya profundizado la presencia de la música barroca de las misiones, de las culturas indígenas más allá de lo folklórico y que se vea en las calles manifestaciones de otras regiones del país — como la fiesta de la Virgen del Carmen cada 16 de julio—, en un mismo espacio.

La senadora Adriana Salvatierra resalta que no se trata de mestizaje ni imposición, sino del reconocimiento del otro en el espacio que es la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.

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