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Los 33

Un relato chirriante, inverosímil e irrespetuoso con las historias personales, pensado solo para la taquilla

Los 33. Foto: tumblr.com

Los 33. Foto: tumblr.com

La Razón (Edición Impresa) / Pedro Susz K. - crítico de cine

00:00 / 13 de septiembre de 2015

Al cine norteamericano, al de Hollywood en particular, siempre le vienen de perillas las historias basadas en episodios reales, permitiéndole reverdecer el mito de la “tierra de las oportunidades”, ese imaginario paraíso terreno donde cualquiera, por muy anónimo que sea, apenas necesita un poco de esfuerzo e iniciativa para triunfar. Habría que preguntarles a los inmigrantes, ni hablar del patán Trump aupado sobre el reflotado racismo de su discurso, liberado de la “corrección política” bajo la cual estaba agazapado.

No es entonces motivo de sorpresa que aquella tragedia con “final feliz” —otra clave del modo hollywoodense— en una mina chilena en 2010 procure su lugar en las pantallas escarbando en la memoria de los desmemoriados televidentes, acicateados para sentirse partícipes del gran espectáculo montado alrededor de las tareas de rescate de 33 mineros sepultados durante dos meses a 720 metros de profundidad en la mina San José en Copiapó.

La sorpresa es que pasasen cinco años antes de que la industria hincara el diente a tan rentable asunto, cuando lo usual es enrolar lo antes posible a un par de guionistas, y manos a la obra. El retraso tiene explicación. Cuando todavía se hallaban bajo tierra, los 33 trabajadores fueron tentados por el periodista estadounidense Héctor Tobar a firmar un contrato cediéndole los derechos para escribir la crónica “oficial” sobre el episodio. En 2014, Tobar pudo completar la tarea con la publicación de Deep Down Dark, relato novelado de relativo éxito de ventas y zarandeado por la crítica.

No puedo afirmar si el flaco trabajo de la realizadora mexicana Patricia Riggen tiene sus raíces en el libro o si resulta atribuible a la contradicción de fondo entre el modo de plantear la producción y los objetivos a los cuales la película pareciera querer apuntar: la recreación de un drama que rozó la tragedia. Con la vista puesta sobre todo en la taquilla se armó un producto atenido de principio a fin a los tics del género, desentendiéndose de la verosimilitud del resultado final, para no mencionar el irrespetuoso abordaje de las historias personales de algunos de los protagonistas reducidos al rango de estereotipos.El multinacional elenco está plagado de nombres “con gancho”: el español Antonio Banderas, la francesa Juliette Binoche, el irlandés Gabriel Byrne, el colombiano Juan Pablo Raba, la mexicana Adriana Barraza y un largo etcétera. Todos hablan en inglés, pero —consciente tal vez del desatino— para darle un toquecito de realidad, a la directora no se le ocurrió mejor idea que impostar los diálogos con un retorcido acento latino lindante, en el caso de Banderas por ejemplo, en el ridículo. Binoche sobreactúa su rol de vendedora pueblerina de empanadas en el inalcanzable afán de sintonizar con los sentimientos del espectador. Ni se hable de la extendida presencia de Don Francisco, cuyas apariciones rompen los pocos momentos en los cuales el relato coquetea con un mínimo de espesor dramático.

La narración se empeña en poner en el centro de la trama al ministro de minería Laurence Golborne, en modelo de bondad a prueba de balas —y como por añadidura es guapísimo, la vendedora de empanadas se ve tentada, faltaba más—. Tal forzado protagonismo se explica al ser Golborne amigo cercano del empresario chileno coproductor de la película, Carlos Lavín, hoy en prisión preventiva por los turbios aportes a la campaña de aquél para suceder en el cargo al expresidente Piñera.

El relato bascula, dubitativo e impreciso y siempre esquemático, entre el interior de la mina y el poblado aledaño. Un líder de hierro, un alcohólico, un boliviano expuesto a bromas racistas, un bígamo algo arrepentido y sus respectivas parejas: todos ellos(as) elegidos(as) de entre los 33 para aportar al arbitrario retablo una calculada dosis de humanidad que no termina nunca de cuajar debido al errático manejo de la historia. Los personajes están diseñados para adecuarse a las características de sus intérpretes y no a la inversa, lo cual hubiese dejado constancia de un mínimo de lógica dramática, inexistente por ende.

De las deplorables condiciones de la mina y de las consiguientes responsabilidades de los dueños por el “accidente” absolutamente previsible; de la situación en general de los campamentos mineros, a siglos luz de los supuestos éxitos del modelo económico; de las manipulaciones político-mediáticas del hecho para intentar levantar la menguante simpatía popular hacia Piñera, de todo ello no hay ni una sola palabra o insinuación. Así se agrava la chirriante falsedad de esta realización que si para algo sirve es para ratificar la casi siempre grosera instrumentalización del cine hollywoodense cuando aborda historias al sur de sus fronteras.

En cuanto al final feliz, los 33 mineros consiguieron ser rescatados con vida. No todos estuvieron presentes empero en la reciente premiere del film en Santiago. Algunos prefirieron ser coherentes y seguir reclamando por no tener empleo desde hace años, sintiéndose además timados por los productores, quienes vendieron a perpetuidad los derechos sobre la historia a un estudio californiano, repartiendo migajas a sus verdaderos protagonistas: unos $us 2.000 para cada uno. La producción insumió 40.000 millones de la misma moneda y el tratamiento, es obvio, apunta a recuperar con creces la inversión.

Ficha técnica

Título original: The 33. Dirección: Patricia Riggen. Guión: Mikko Alanne, Craig Borten. Historia: José Rivera. Libro: Héctor Tobar. Fotografía: Checco Varese. Montaje: Michael Tronick. Diseño: Marco Niro. Arte: Héctor H. Rivera, Diana Trujillo. Maquillaje: Olga Turrini. Música: James Horner. Efectos: Daniel Cordero,  Douglas Addy. Producción: Benjamín Anderson, Andrés Calderón. Intérpretes: Rodrigo Santoro, Cote de Pablo, Antonio Banderas, Juliette Binoche, James Brolin, Gabriel Byrne, Lou Diamond Phillips,, Kate del Castillo. - USA, COLOMBIA, CHILE / 2015.

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