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Adiós Asia, hola Latinoamérica

Un cine comprometido que sigue creciendo en presencia y premios en los festivales internacionales aunque circula muy poco en el continente

La Razón (Edición Impresa) / Gregorio Belinchón - El País

00:00 / 04 de octubre de 2015

En política y economía internacional los expertos vigilan cada movimiento de un país o de un continente para intentar adivinar el futuro. En cine existen movimientos sísmicos similares, y los festivales sirven para atisbar las llegadas de sus ondas. Las oleadas cambian según las temporadas y en las dos últimas décadas se ha pasado del cine chino al iraní, de este al balcánico, al turco y ahora, al latinoamericano. La Mostra de Venecia es el certamen más veterano del mundo del cine y ha sido el último en entregar su máximo galardón a un filme de América Latina: nunca un León de Oro había hablado español o portugués hasta la semana pasada, con la venezolana Desde allá.

Algunos se quedaron cerca de la cumbre en Venecia, como el argentino Fernando E. Solanas, gran premio del jurado en 1985 con Tangos, un trofeo que repitió en 2004 el español Alejandro Amenábar con Mar adentro, o como Álex de la Iglesia, León de Plata a la mejor dirección y el premio al mejor guion en 2010 con Balada triste de trompeta. A éstos se suma desde ayer el argentino Pablo Trapero con El clan, premio a la mejor dirección.

Desde allá es la segunda película venezolana en ganar un festival de los cuatro grandes, tras la Concha de Oro de San Sebastián en 2013 para Pelo malo, de Mariana Rondón. Es el colofón a una racha del país caribeño a la que habría que sumar el Goya de 2014 para Azul y no tan rosa, de Miguel Ferrari. A países tradicionalmente potentes en cine como Cuba, Argentina o México y otros que han tenido oleadas intermitentes de estupendas generaciones como Brasil, Chile o Colombia, empiezan a sumarse otras naciones como Perú, Uruguay o —atención a su próximo estallido— República Dominicana.

En toda Latinoamérica hay nuevos directores, leyes que ayudan mucho más la creación cinematográfica y aumentos significativos de las desgravaciones fiscales. Por hacerse una idea del nuevo poderío, la Cámara de Oro del último festival de Cannes, que se concede a la mejor primera película, fue para la colombiana La tierra y la sombra, de César Augusto Acevedo; el premio Art Cinema recayó en la también colombiana El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra, y la argentina La patota, de Santiago Mitre, se alzó con el galardón de la Semana de la Crítica.

Pero solo ha habido dos ganadores latinoamericanos absolutos en Cannes, el festival de cine por excelencia: Luis Buñuel en 1960, con la hispanomexicana Viridiana y, al año siguiente, El pagador de promesas, del brasileño Anselmo Duarte. Sí se han cosechado más reconocimientos en guion y dirección, galardones a los que los mexicanos han sacado buen partido en el último lustro.

En la Berlinale seis españoles ganaron el Oso de Oro, pero solo tres latinoamericanos: los brasileños Walter Salles (Estación Central de Brasil) y José Padilha (Tropa de élite), y la peruana Claudia Llosa (La teta asustada). El certamen alemán está muy atento al cine latino, y su programación anual muestra múltiples obras en portugués y español.

Por supuesto en San Sebastián el cine latinoamericano ha recibido más premios: entre las Conchas de Oro están el argentino Alejandro Agresti con El viento se llevó lo que, el chileno Orlando Lübbert con Taxi para tres, el mexicano Arturo Ripstein con Principio y fin (1993) y La perdición de los hombres (2000), y el argentino Adolfo Aristarain con Un lugar en el mundo.

Cierto que el estallido actual tiene mucho que ver con los cambios legislativos y con los apoyos económicos. Pero también es fundamental la efervescencia de un continente joven en el que los nuevos directores conviven con las viejas glorias —el mejor ejemplo es México—, y en que los cineastas saben contar buenas historias locales con aspiraciones universales.

Por desgracia, el cine latinoamericano no circula de país en país. Por ejemplo, no existen estrenos constantes mexicanos en Argentina, y los aficionados no pueden ver en salas comerciales las películas de sus países vecinos. Y eso que sí existe una colaboración creativa internacional: Desde allá ha sido producida por los mexicanos Michel Franco y Guillermo Arraiga, que también ha colaborado en el guion, y su protagonista es Alfredo Castro, el gran actor chileno. ¿Podrá verse Desde allá en sus países?

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