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Adivinando el futuro

La novela ‘En el cuerpo una voz’, del escritor cruceño Maximiliano Barrientos, se presentó en Argentina.

Adivinando el futuro.

Adivinando el futuro.

La Razón (Edición Impresa) / Alejandra Hübner / Literata

01:04 / 26 de septiembre de 2018

A  poco más de un año de las elecciones que decidirán el futuro de Bolivia (aunque eso sea quizás dar demasiado peso a un único acontecimiento), resulta sumamente interesante plantearse los posibles escenarios que podrían tener lugar en el futuro del país. Y si uno quiere inspirarse en un ejemplo posible, ahí deberían estar los escritores nacionales para hacer ese trabajo. Nos parece que esto es lo que nos proporciona Maximiliano Barrientos en su más reciente novela En el cuerpo una voz, que se presentó el 30 de agosto en Buenos Aires a cargo de la editorial Eternacadencia. La obra fue publicada por primera vez el año pasado por dos editoriales, El Cuervo en Bolivia y Almadia en México.

La novela —corta, fácil de leer y con un ritmo rápido— construye a retazos el futuro de Bolivia. La visión no es en absoluto optimista y, en cierta medida, es consecuente con el tono y el estilo que Barrientos ha desarrollado desde su primer libro de cuentos Diario (2009). Leemos los testimonios postapocalípticos de varios personajes que aparecen como perfiles, como voces que no se concretan completamente. Aun así ellos dejan reconocer claramente el panorama que condujo al país a esa situación, lo que es un trabajo de construcción interesante de los personajes. Comprendemos también en qué medida la forma de ser de esos hombres es parte del destino del país donde viven. En otras palabras, Barrientos nos permite intuir cómo el comportamiento de sus personajes es la base de la situación que ha sufrido el país.

Si bien hay un villano claramente establecido (El General, un exmilitar que habría estado relacionado con el asesinato del “presidente indio”), esto no impide que la novela transmita la sensación de que todos los personajes involucrados en la violencia están atrapados en una forma de ser que escapa a su control. Ése es quizás uno de los principales fuertes del estilo de Barrientos: deja traslucir las pasiones menos halagadoras del ser humano. El odio, el resentimiento, el deseo de venganza y la envidia vuelven una y otra vez a atormentar a los personajes. Como es de esperarse, estas emociones generan comportamientos violentos y esa violencia no solo afecta a quienes la sufren sino también a quienes la practican. De hecho, uno de los personajes, el “muchacho” que ayuda a Rodolfo a filmar los testimonios de los sobrevivientes del periodo de guerra y caos, reconoce que la misma gente que fue víctima de la violencia de El General recuerda con nostalgia y hasta con cierta alegría esa época: “Hablaban de lo que habían vivido como si a pesar de la mierda hubiera algo que ahora faltara. […] Como si hubieran sido felices”.

En este sentido, tanto Rodolfo (que es el principal narrador pues es la voz que cuenta la primera, tercera y quinta parte) como Lucio “el muchacho” y Darío (otro joven que se les suma en la persecución y tortura de El General) se ven involucrados en una violencia que les escapa y que no perciben necesariamente como la suya. Podríamos sospechar de que esta violencia es una especie de trascendencia de la historia del país, una suerte de determinación que viene de atrás. En efecto, los antagonismos que parecerían haber generado el conflicto remiten a la historia nacional, tanto reciente como del siglo XIX. El conflicto involucraría a la Nación Camba (que termina constituyéndose de forma separada al resto de Bolivia), una corriente federalista, grupos militares acaudillados por líderes crueles y sanguinarios e indigenistas que promueven una revolución para reunificar al país. En este sentido, la guerra civil se presenta más como una guerra regional que como una guerra de clases.

Barrientos no es el primero en explorar esa dimensión del antagonismo político por medio de la ficción. Es más, resultaría interesante poner en paralelo esta novela con algunas otras que han tratado de adentrarse en el futuro de Bolivia a través de la ficción o incluso de la ciencia-ficción. Pensamos específicamente en las novelas Opandamoiral (1992) de H. C. F. Mansilla y De cuando en cuando Saturnina (2004) de Alison Spedding. Aunque estas novelas son muy diferentes, todas ellas juegan con el potencial conflictivo del antagonismo regional (que es también un antagonismo cultural y, parcialmente, de clase). En esta medida, la novela de Barrientos se inscribiría en el fantaseo de lo que podría ocurrir en caso de que los antagonismos regionales o los regionalismos del país encontraran repentinamente un detonante que diera rienda suelta a su violencia contenida. Y la intuición que transmite la novela parece ser, como ya lo enuncia su título, que la voz que predomina es solo una, la de un mal y un malestar ante un ciclo permanente de violencia.

Para terminar, mencionamos un aspecto más que hace que la lectura de esta novela resulte tan oportuna para la coyuntura nacional actual y de los últimos años. Barrientos ha hecho que el asesinato del “presidente indio” sea el detonante de la violencia regional, es decir, de la guerra civil. Encontramos este temor, esta fantasía de un conflicto que obedece a las diferencias culturales y regionales no solo en las ficciones futuristas de nuestra literatura sino en su sociología y en los diferentes diagnósticos históricos de intelectuales y funcionarios nacionales. Así, el ministro Carlos Romero y el vicepresidente Álvaro García han insinuado en más de una ocasión que una de las razones por las que Evo Morales no debe salir del poder es porque es el único capaz de mantener la unión y la paz del país. Esta concentración de la situación de todo el país en el presidente, este presidencialismo exacerbado, amerita más de una reflexión, sin duda. No resulta sorprendente, pues, que nuestra historia tenga ejemplos de presidentes suicidados, colgados, expulsados, exiliados, perseguidos y, lo que podría entenderse como parte del mismo movimiento, divinizados. Es como si siempre se concentraran y contuvieran en el presidente todas las violencias que la sociedad no quiere reconocer en ella misma. Como si un solo individuo, un presidente, pudiera ser causa y motivo de que las violencias se contengan o estallen.

Creemos que la novela de Barrientos nos invita a considerar estas temáticas y muchas otras de una forma entretenida y que contribuye a reforzar lo que este autor ya ha construido hasta ahora como un estilo propio.

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