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Agosto

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La Razón (Edición Impresa) / Pedro Susz K. - crítico de cine

00:00 / 23 de marzo de 2014

Existe algo así como una pornografía de la decadencia? Tengo la impresión de que esa es la materia que pone en debate Agosto, el segundo largometraje de John Wells. Sin embargo, la película ha levantado polvareda por una cuestión distinta. “Se trata de teatro filmado” fue la repetida acusación.

En el origen de Agosto, efectivamente, se encuentra la exitosa, pieza homónima de Tracy Letts (premio Pulitzer 2008), novelista, dramaturgo y guionista de la versión cinematográfica. El trabajo del guión, sin embargo, se redujo a volcar casi de manera literal la estructura del drama a una versión fotografiada de un asunto que en Broadway duraba tres horas y en la pantalla dos. Ese recorte tal vez explique la condensación de maldades desplegadas por los miembros de una familia reencontrados en la casa de la infancia a consecuencia de la misteriosa desaparición de Beverly, el padre.MUERTE. Tal misterio queda develado casi enseguida: el envejecido y alcoholizado Beverly decidió suicidarse harto de su monótono pasar e incapaz de seguir soportando a Violet, su mujer. Se trata, en efecto, de una presencia insufrible. Adicta a los fármacos, la matrona sufre de un cáncer de boca, afección muy acorde al uso viperino de una lengua que no para un instante de agredir a quien se  pone a tiro de su rencor.

Quienes desembarcan en esa mansión de Oklahoma, en medio de un tórrido clima veraniego propicio para los malos humores, son las tres hermanas que no se aguantan, y sus respectivos acompañantes: maridos, hijos, amantes. Todos ellos ejemplares de una fauna, una suerte de retablo de las manifestaciones extremas de la bajeza en un fresco nada amable de la condición humana.

El encuentro congrega a Ivy, la hermana menor; Bárbara, la hermana mayor y la única capaz de enfrentarse a Violet puesto que en el fondo se le parece, junto a su marido y su hija; Karen, la cabeza hueca hermana del medio, acompañada de Steve, su última conquista. A ellos se suman tía Mattie Fae, su esposo Charlie y el presunto vástago de ambos, un apocado joven enamorado de su prima hermana y destinatario del maltrato sistemático de mamá.

Reunidos alrededor de la mesa de la cena en una caótica comida que es el detonante de la catarata de perversidades, agresiones, insultos y pasadas de factura, los personajes exponen sin pudor sus frustraciones, mientras Violet, a su manera, intenta poner algo de orden en el desbarajuste disparando a mansalva sus propios enconos, lo cual lógicamente no hace otra cosa que añadir más combustible al escándalo.

De allí en adelante cada escena es como el eslabón de un falso crescendo, puesto que se limita a sumar un dato más a ese cuadro de descomposición sin rumbo narrativo, al punto que la película acaba dejando una sensación de inacabamiento, muy distinto al final abierto que puede ser un adecuado recurso narrativo cuando deja a la responsabilidad del espectador imaginar los posibles desenlaces a una situación.

El único personaje extraño, situado por fuera del entrevero familiar, es la mucama de origen indio. No parece casual que la primera escena la muestre haciendo de perpleja confidente de Beverly. Es como si el guionista hubiese elegido esa presencia para establecer, con pedestre simplismo, un contraste entre la  inocencia de la muchacha y la insalvable degeneración de una familia occidental, aquejada de todos los males de una civilización en crisis (individualismo, ausencia de valores, hipocresía, ambición). Pero esa veta queda inexplorada en el resto de la trama, no obstante las fugaces reapariciones del personaje en medio de la batalla campal.

El estilo de Wells es, en realidad, el método de la olla de presión. Acumula, exagera, afea, hasta conseguir ablandar al espectador de tal manera que éste crea encontrarse frente a una depuradísima obra magna a propósito del hombre y de los impredecibles límites de horror a los cuales es capaz de llegar no bien se sale de sus zapatos y desciende varios peldaños en la escala zoológica.

Acumula reduciendo todo el interés a averiguar cuál será la siguiente tropelía de alguno de los personajes, puesto que es seguro que alguna habrá. Exagera condensando en ese grupo de individuos todas las aberraciones propias del estallido del núcleo familiar como soporte básico de la civilización occidental y cristiana. Afea, forzando a sus actrices y actores a una gesticulación excesiva.

Y es este justamente el punto a partir del cual afloran las discusiones a propósito de la legitimidad —ética y estética— de volcar literalmente una obra de teatro a la pantalla. La cámara, en virtud del primer plano y de sus movimientos, enfatiza, agranda, acentúa, amplifica o, para decirlo de manera más pedestre, acerca al espectador. Le permite advertir los detalles inasibles desde la platea de un teatro. Así, el gesto remarcado del actor para comunicarse con la platea resulta siempre desmesurado si se repite con el mismo énfasis en un primer plano o en un plano medio.ELENCO. La opción elegida por Wells para justificar su decisión de llevar al cine el drama de Letts consistió en rodearse de un elenco de primera. Todos hacen lo que pueden pero algunos parecen ser más conscientes de la presencia de la cámara. Si bien ninguna de las faenas es mala, algunas lo son casi, la de Meryl Streep en el papel de Violet por ejemplo. El profesionalismo de una actriz tan soberbia y el de todos sus compañeros de elenco defiende el resultado del bochorno total. Julia Roberts  sobrelleva el acoso de la cámara con una gestualidad plena de matices. Varios de los secundarios acaban componiendo algunos de los roles más plausibles. Teatral también es la elección del ambiente claustrofóbico de la mansión-escenario, puesto que las pocas escenas insertadas al principio y al final para “airear” —los exteriores y los planos generales— solo son malas artes para disimular el carácter de la hechura.

Con diálogos filosos, la palabra soporta y densifica el relato encarado con parsimonia y prescindiendo —es de agradecer— de la mecánica reiterativa del plano contraplano, no obstante la experiencia de Wells como director de televisión. La música del argentino Santaolalla y la fotografía ponen lo suyo, pero esa corrección técnica no termina de atenuar el grotesco subido de tono con el cual el relato hurga en las miserias de esa familia expuesta a la mirada inquisidora y termina construyendo una suerte de pornografía de la bajeza y la sinrazón.

Ficha técnica

Título Original: August: Osage County. Dirección: John Wells. Guión: Tracy Letts. Drama:  Tracy Letts. Fotografía:  Adriano Goldman. Montaje: Stephen Mirrione. Diseño:  David Gropman. Arte:  Karen Schulz Gropman. Efectos: Brian Jochum,  Alan Munro,  Peter Kuran. Música: Gustavo Santaolalla. Producción: Ron Burkle, George Clooney,  Celia D. Costas,  Patrick Daly,  Jean Doumanian,  Ben Famiglietti, Jerry Frankel,  Arny Granat,  Grant Heslov. Intérpretes: Meryl Streep, Julia Roberts, Chris Cooper, Ewan McGregor, Margo Martindale,  Sam Shepard,  Dermot Mulroney ,  Julianne Nicholson,  Juliette Lewis,  Abigail Breslin,  Benedict Cumberbatch,  Misty Upham,  Will Coffey. EEUU/2013. 

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