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Aki Kaurismäki: La vida tranquila

cine. ‘Le Havre’, el último filme del director finlandés tiene la sutileza y la consistencia de una miniatura. Hay cosas que suceden que son excepcionales, pero sólo unas pocas te cambian la vida. El limpiabotas que protagoniza Le Havre, la última película de Aki Kaurismäki, está trabajando en los zapatos de un cliente cuando se da cuenta de que hay unos tipos de dudosa catadura que lo están observando. El hombre, que lleva un maletín atado a su muñeca por unas esposas, le paga entonces y sale corriendo. Se oyen unos disparos. Pero de ese asunto no sabremos nada más.

Migración. El nuevo fantasma europeo.

Migración. El nuevo fantasma europeo. Foto: Archivo

La Razón / José Andrés Rojo, Periodista

00:00 / 19 de febrero de 2012

La cuestión es otra, también relacionada con el lado oscuro de la ley pero de una manera radicalmente distinta. El limpiabotas es un hombre ya mayor que vive en un barrio humilde cerca del puerto y que, lo sabremos más adelante, algún día fue escritor en París y practicaba la intensa vida bohemia. Su mujer está enferma, debe dinero en la tienda de la esquina, acude al mismo bar de siempre. Esa vida tranquila de un lugar más de la Europa de hoy se ve, de pronto, sacudida por la presencia de un extraño. Es un emigrante menor de edad que ha llegado de un país del África negra. La ley no permite que ande por ahí, así que la Policía empieza a perseguirlo. Y el limpiabotas no tiene otra que ocuparse de él.

La acción sucede en estos días, pero los personajes y los lugares pertenecen a otra época. Es la manera que tiene Kaurismäki de decir que el tema es intemporal, que va más allá de la espuma del presente.

Desde el principio Kaurismäki impone su mirada sobre el mundo, y los objetos, las gentes y los paisajes empiezan a ser tratados como si los estuviera pintando un maestro antiguo: la posición de las figuras, la iluminación, los colores. La cámara empieza así a atrapar bodegones y retratos de una belleza frágil y estremecedora. Los diálogos son ceremoniosos y extremadamente educados, de una formalidad pasmosa.

Es en ese marco donde Kaurismäki se atreve a contar la extrema soledad y el abandono que padece un joven que ha dejado su hogar para buscarse la vida en un continente remoto. Pero hay también otro asunto que gravita alrededor de la trama principal y que llena de hondura su película: la presencia de la muerte. La mujer del limpiabotas puede morirse cualquier rato, tiene los días contados. El médico le ha dicho que sólo puede salvarla un milagro. Kaurismäki explora si ese milagro es posible. Cuando la mujer del limpiabotas ingresa, dos amigas la visitan y le leen una narración. La enferma se duerme, el libro se cierra, en la cubierta se ve que el autor es Franz Kafka.

 La referencia a Kafka es deliberada.Y es que el estilo y la mirada de Kaurismäki están envueltos en su atmósfera. El adolescente africano, la persecución policial, la dama que yace en cama al borde del abismo, el antiguo escritor convertido en limpiabotas que busca a los parientes de su protegido por los arrabales de una ciudad europea. Le Havre tiene la inquietante consistencia de lo próximo y la sutileza de una miniatura hecha por un artesano que sabe mimar cada detalle.

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