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Alicia, la duquesa y el conejo blanco

Un adelanto del nuevo libro de poemas de la escritora boliviana Marcela Gutiérrez

Alicia, la duquesa y el conejo blanco

Alicia, la duquesa y el conejo blanco

La Razón / Marcela Gutiérrez

00:00 / 25 de marzo de 2012

1. La caída

Alicia piel de serpienteRecostada bajo el olmoMuda la piel mientras descansaCaen sus párpados pesadosAnulan el entornoGirando en los relatos de la tíaNo duermas Alicia    Espera, ¿a dónde corres?Es hora para mi muda,conejo blancoMis largas piernas me llevan a tiSorbiendo la luz, la últimaEn la entrada de la madriguera negraA la que me precipitasExtraña criatura me enseñas tu tronoOfreces camisas de sedaAltiva tu figura se yergueY atada a tiFelizCaigo¡Detente Alicia, tu tercavoluntad te amenaza!Pero CaigoCumplo la humilde tareaAsistiendo a mi bautizo¡El mundo es mío y de los dioses!Estoy tan cerca del fondoPero no dejo su lechoSus sábanas revueltasdibujarán tu silueta

Cuando tus restos queden esparcidos por todas partes

5. El reclamoHoy ha tejido un suéterCon el cabello desteñidode la abuela¿Por qué sigues al conejo blanco?Me pidió que no soñaraQue no peine en infinitoLos cabellos de la nocheComo afiebrada nocturnaMe dijo que la soledad es sagradaQue el vientre de la tierraCastigará tu sombraMe pidió que no soñaraPara echar a volar lejosEl ave fatídica de mi destinoA mí me pidióQue no ame a los extrañosQue no me parezca en nada a mí mismaA míQue soy tan idénticaY tan distintaY tan extraña a todosMe pidió

10. El adiósCae la lluvia sin cesarY repite más y másEste amor se está muriendoLa menuda lluvia de veranoCae sobre la nostalgiaBenéfica lava las heridas de la vidaLas ramas se recargan de hojas empapadasSalto de charco en charcoDe cima en cimaDe montaña en montañaBuscándoteMi apurado conejo del reloj¿Acaso tú también me recuerdas con un nudoEn la garganta?Es preciso que no hagas esperar a la duquesaEl sol sale a pesar de la lluviaEn el reflejo de los charcos el agua muestraMis rayos verdes y rojos de experta lagartaFuera de temporada

21. Despertar bajo el olmoEs necesario liberar estas secretas voces que Repiten nuestro encuentroY estoy aquí sintiendo esta tregua comoCristales de hielo que desvían todo rayo solarNada de lo que habita en mi cabeza vale laPena mientras corro el riesgo de no poderLlenar mi copa de vinoNo pido reinos que no se deban a mi propioDestinoPero la noche siempre nos traelo inesperadoY es preciso huir bajo la luna que esta nocheParece más que nunca una interrogación unEsbozo una manera de matarteDebo huir de este cuento de hadas para que elAire, las luces, las calles me devuelvan todo loQue conoces de míMientras la espada del Rey de Bastos no toqueMi hombro y enfríe mis recuerdosDebo confesar que seguiré escribiendo poesíaDebes también recordar, AliciaQue eres un animal sensible al frío

A manera de colofónEstos poemas se terminaron de escribir en una tarde /  que caía a pique por el barranco  de mi cabeza, / después de lo cual me sentí menos feliz y menos infeliz.

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