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Almaqueloide canción por canción

El músico Rodrigo ‘Grillo’ Villegas abrirá en La Paz la gira que celebra los 20 años de su segundo disco como Llegas con un concierto en el Campo Ferial Chuquiago Marka el 27 y 28 de julio. En estas líneas, un recorrido por este viaje sonoro a través del tiempo.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas

15:00 / 18 de julio de 2018

Una pausa para la memoria. Grillo Villegas está sentado en la sala de su departamento mientras que Hermeto, el gato persa ataviado con una chompita azul para protegerse del frío, juega dentro de una caja. El felino ha irrumpido en la vida del músico paceño con fuerza y le brinda sosiego en la antesala de una gira nacional con la que celebrará los 20 años del lanzamiento de Almaqueloide, un disco que catapultó su carrera tras que Huye el sol, su primera placa en el proyecto Llegas, marcara terreno lejos del furor que se vivió con la mítica banda LouKass. Fue empezar de nuevo.

“No es mi disco favorito”, aclara antes de nada. Sin embargo, Grillo asegura que es el más emocionado con el proyecto, los ensayos y los asuntos de producción. No es para menos: el 27 y 28 de julio, a las 20.00, se iniciará el trayecto por el país en el Auditorio del Campo Ferial Chuquiago Marka de La Paz. El despliegue en el escenario promete.

En el concierto se tocarán las 11 canciones del disco —remasterizado en el estudio Lado B con Marcelo Navia para una edición limitada que incluye en los bonus track los demos presentados a Sony y dos temas acústicos—, en un recorrido para mirar hacia 20 años atrás.

“He estado escuchando mucho el disco. Siento entre nostalgia, alegría... muchos pasajes me han hecho sonreír. Muchas veces dije que mis discos eran un álbum de fotos, pero me he dado cuenta de que es mucho más que eso: lo que voy a hacer ahora en mi gira —tocar el disco entero— es una máquina del tiempo real.

Aunque no recuerdo todo con detalle, me transporta a casi todo lo que era yo hace 20 años. Es un lindo grupo de canciones que pertenecen a una persona que ya no soy. Lo digo sin ninguna vergüenza. Me río en algunos textos de ser un chico tan enamorado que pueda decir esas frases; estoy visitándome hace más de 20 años”, dice antes de guardar un juguete de Hermeto, quien participa en la entrevista en silencio, pero haciendo notar que está presente.

“Almaqueloide tiene su propio sonido, no se parece a ningún otro disco, con dos guitarras y pedal de wah durante casi todo el álbum. También siento una seguridad enorme que me daba la edad. Hemos encontrado los demos grabados en 1997, están prácticamente iguales a los del disco. Ahora me asusta todo, me da más miedo. Siento que en esa época era más seguro de todo, o por ahí tenía menos miedo de arriesgarme”.

Hermeto se acomoda junto a Grillo, quien repasa, una a una, las canciones de este disco:

1. MOMENTOS. Es una canción que habla de lo importante que es tener un amigo a tu lado para abrazarte cuando se necesite y para compartir tiempo. Me encanta esta canción. Acabo de dibujar un Herejito (personaje que Grillo dibuja periódicamente en Instagram) que dice: “Perder amistades leales, desinteresadas y cariñosas debe ser jodido. No me pasó. Perdí las otras”. Me he dado cuenta de que ha pasado el tiempo y me he quedado con pocos amigos de verdad, pero son los que tienen que haber. De más joven son demasiados, quizá uno malentiende la amistad y además te engañan. También te das cuenta que otros no fueron tus amigos nunca. Es triste que haya gente cercana hablando mal de ti, que no se alegra con las cosas que logras. Te enteras de todo, de otras cosas te das cuenta simplemente con silencios. El silencio, como en la música, dice muchísimo. Creo que he entendido lo que significa la amistad.

2. GIRAS. Aquí se muestra el funk paceño, que es lo que ha pretendido este disco como propuesta. Entra la guitarra funkeando con un sonido propio. Y yo le hubiera hecho cantar el precoro a Esther Veldhuis, que grabó el disco. Pero bueno, en la gira no voy a mover nada, estamos sacando los arreglos como son. En este disco se siente diferente mi melancolía de lo que siento en Huye al sol, que es más oscuro y depresivo.

3. DIAMANTE. No suelo tocarla mucho porque me parece una canción demasiado melosa, aunque manejaba el discurso del álbum. “Las cicatrices que uno tiene se convierten en ojos eternos para ver lo que vendrá”, dice el texto que escribí en el disco. Es básicamente lo que expresa Diamante. Me gusta tener cicatrices por la importancia que tienen en nuestro crecimiento: con la experiencia ya sabes caminar mejor hacia adelante, es imposible no cometer errores, pero puede avanzar con un poco más de seguridad. A esta canción yo la hubiese editado. Hace 20 años no teníamos las plataformas de edición actuales, ya se había dado un paso grabando en cinta digital, pero era cinta. No había una pantalla en la que poder cortar ni un Autotune para afinar. Yo podía haberla arreglado ahora, pero no quise.

4. TÍTERES. Le debo agradecer por esta gira. Preparo conciertos todos los años, en una temporada de seis meses desde julio. Cuando murió García Meza en abril, recordé que le escribí una canción en 1997. Entonces miré el Almaqueloide, y me di cuenta de que eran 20 años del disco y me dije: “Hay que celebrar”. Otra de las razones: en mi terquedad pensaba en álbumes enteros, no en cortes y hits, cuando el mercado y la gente pensaban otra cosa. Esto es como demostrar que no estaba equivocado, porque voy a girar con un álbum entero, tocando todo el disco con las canciones en el mismo orden. Significa muchísimo decir que puedo hacerlo.

5. EPÍLOGO. Cuando la escribí me di cuenta de que tenía una canción que podía funcionar a nivel de radio, con un estribillo funcional y pegajoso. Pero también se notan mis influencias entre Police y el rock de los años 80,  con muchas guitarras. Recuerdo mucho el video, tengo pocos clips en mi carrera. Éste fue divertido, lo dirigió Marcos Loayza. Salió con los recursos y el presupuesto que había; hay cosas graciosas, cuchillos, cuchillazos bastante criollos a una mano de gelatina. La canción se la escribí a una chica que se había ido de Bolivia, su madre me odiaba. Son cosas que me suceden, no soy un buen partido, nunca lo he sido.

6. ARLEQUÍN. Entra pegada a Epílogo; la canción más bonita, entre comillas, del disco con la más roquera. Aquí estoy emputadísimo. Me gusta que estén tan pegadas, reflejan mis contradicciones. Habla en general de la vida, la reivindicaría en la actualidad: la mentira sistematizada se ha convertido en las noticias falsas y la posverdad.

7. AÚN. Me produce ternura, es una de las tres canciones que he tocado muy poco, casi nunca. Así que es una de las tres que recién las estamos agarrando. Es muy linda, parece la más cercana a Momentos, tienen la misma estructura. Me parece tierna, habla un poco de mi barrio, Achumani, cuando era chiquito: habla de un puente, de un callejón. Hace 20 años estaba recordando mi niñez.

8. AZUL. Tiene varias citas de una novela que acabábamos de leer con una amiga, Arráncame la vida de Ángeles Mastretta. La canción tiene varias frases del libro, tiene que ver mucho con él.

9. DEBERÍA. Mi favorita del disco. Habla de mi relación con la vida en ese momento. Me gusta mucho el texto, ya era una persona que no creía en el más allá, en dioses ni en la vida después de la muerte. Es como texto la canción que más respeto del Almaqueloide, hablo de que entiendo los miedos míos y los de la gente que tiene que ver con enfrentar la verdad de que estamos solos acá y que se acaba todo cuando morimos. En la parte musical me gusta más: al principo es en modo menor, melancólica y muy calmada; la única con guitarra acústica, es como un pequeño arroyo. Tiene también mi solo favorito del álbum. Y la canción se rompe llegando al final, que se convierte en la parte más furiosa. Me va a encantar tocarla. 

10. ROCAS. Sony estaba todavía en Bolivia y la preparó como el primer sencillo. Faltando poco para la presentación les dije que no, que prefería Títeres. Se armó un lío terrible, porque Sony había tenido todo listo con Rocas: mandó sobrecitos con una roca a todas las radios, había hecho toda una campaña. Al final no se me hizo caso. Así que due la canción que abrió el camino para que los chicos escuchen el álbum entero. Me gusta lo que dice, es una declaración sobre cómo me muevo en la vida. Algunas frases de rocas todavía me gustan mucho.

Un gran descubrimiento: me di cuenta de que es un aire de cha cha cha. Cantó Esther Veldhuis, ella trabajaba en una ONG y cantaba muy lindo. Fue al estudio a ciegas, sin conocer las canciones y sin haber ensayado. Su trabajo fue increíble.

11. MONOCORDIO. Es un funk paceño en que, si están con auriculares, van a escuchar las dos guitaras con wah; una a la derecha y otra a la izquierda. Y Esther Veldhui cierra con broche de oro: ella se queda solo con batería y lo que canta es improvisación de ella. Ahora cantará Fulvia Fosati y le he pedido que lo haga idéntico, porque ya dejó de ser improvisación y ahora me sé la melodía de memoria y el público también. Por eso seguramente elegí esa canción para que cierre el disco.

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