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Andando ‘El camino hacia nuestro teatro’

El espacio escénico El Desnivel presenta ‘La vida es sueño’ y ‘La prudencia’, obras creadas y montadas por elencos jóvenes

Desnivel • Miguelángel Estellano, Soledad Ardaya y Cristian Mercado llevan adelante el proyecto ‘El camino hacia nuestro teatro’.

Desnivel • Miguelángel Estellano, Soledad Ardaya y Cristian Mercado llevan adelante el proyecto ‘El camino hacia nuestro teatro’.

La Razón / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 16 de septiembre de 2012

Un “espacio para crear”. Así definen, en lo esencial, a El Desnivel sus gestores, Miguelángel Estellano, Soledad Ardaya y Cristian Mercado. “Un espacio para crear, en el cual podamos generar trabajo para nosotros y para nuestros colegas”, precisa Mercado.

Bajo las luces de este espacio escénico —en el que desde que se abrió en 2009 se han presentado más de 100 espectáculos de teatro, música y danza contemporánea—, los tres conocidos y reconocidos actores hacen una pausa para hablar sobre este emprendimiento que ha contribuido a transformar la oferta de espectáculos en la ciudad de La Paz.

Paralelamente a la programación y producción de obras teatrales o conciertos musicales —El Desnivel tiene una oferta permanente de viernes a domingo—,  Estellano, Ardaya y Mercado trabajan, por segundo año consecutivo, en el proyecto llamado El camino hacia nuestro teatro que brinda apoyo a la profesionalización de los grupos teatrales emergentes.

Se trata de brindar a estos jóvenes elencos los conocimientos y herramientas para crear y montar obras, para consolidarse como colectivo de artistas y, en esas condiciones, ofrecer sostenidamente espectáculos de calidad al público.

Precisamente, el viernes último, después de seis meses de trabajo, se levantó el telón para la presentación de dos obras producidas en el marco de este proyecto: La vida es sueño, una adaptación de la obra clásica de Pedro Calderón de la Barca, y La prudencia, una comedia negra escrita por Claudio Gotbeter.

En la adaptación de la obra de Calderón actúan Matías Cuéllar, Débora Castillo, Catalina Francisco y Daniel Caseri bajo la dirección de Miguelángel Estellano. En La prudencia suben al escenario Emma Rada, Gabriela Fuentes e Isabel Vega, dirigidos por Cristian Mercado. La temporada de estas dos obras continúa hoy a las 20.00 —la sala El Desnivel está ubicada en la avenida Sánchez Lima, planta baja del edificio Da Vinci— y tendrá nuevas funciones, a la misma hora, el viernes 21, sábado 22 y domingo 23.    

“Cuando empezamos a imaginarnos este proyecto, —dice Miguelángel Estellano— pensamos en una formación profesional como hubiésemos querido tenerla nosotros cuando nos formamos en el teatro”.  

Esto quiere decir para el actor y ahora también director una formación en la que lo académico esté ligado de manera muy cercana al hecho artístico. “El aprendizaje —continúa— se da, más allá de lo académico, en la medida en que las obras se presentan a diferentes públicos en diferentes lugares, generando recursos que den sostenibilidad a los grupos”.

Con El camino hacia nuestro teatro se trata, en suma, de una formación que permita a los elencos teatrales crear obras, saber en la práctica cómo montarlas, poder gestionarlas eficientemente y así generar, en el enfrentamiento con el público concreto, las condiciones para consolidarse. PROYECTO. Ello es posible porque los grupos que participan en el proyecto —seleccionados en un proceso que comienza con una convocatoria pública— trabajan con actores, productores y gestores que han recorrido ya su propio camino. Es decir, de profesionales que transmiten una práctica.  

Para Soledad Ardaya —también reconocida actriz de cine: Di buen día a papá, Sena quina—  el resultado final del proceso apunta a contar con obras que “tengan larga vida”.

Uno de los problemas de la práctica teatral en Bolivia —recuerda Ardaya— es que largos meses de preparación e inversión de recursos terminan, generalmente, en una o dos funciones. Esa es la “corta vida” de las obras. En cambio, desde una perspectiva sostenible como la que orienta el proyecto de formación de El Desnivel, las obras que resultan del proceso tienen las condiciones técnicas y logísticas para “una larga vida”, para ser representadas en diversos espacios y frente a diversos públicos.  

 Uno de los logros de El Desnivel desde que abrió sus puertas —su primer local estaba en la calle Capitán Ravelo— fue, precisamente, el ofrecer al público temporadas de presentaciones durante varios fines de semana. Así, por ejemplo, el dramaturgo y director Eduardo Calla mantuvo sus puestas en escena en la cartelera de El Desnivel durante más de cinco meses. Eso dio la oportunidad, por una parte, a que un público cada vez más amplio y diverso se acerque a estas obras y, por otra, a que el elenco trabaje sostenidamente, en este caso, sobre un mismo autor.

El de Eduardo Calla es sólo un ejemplo entre otros. María Teresa Dal Pero y Soledad Ardaya —que en su momento formaron parte del afamado Teatro de los Andes— se sintieron motivadas ante la existencia de un “espacio para crear” y escribieron y montaron la obra Bonitas, que también se mantuvo una larga temporada en El Desnivel.  

Este tipo de escenarios alternativos ha enriquecido la oferta cultural de La Paz. La ciudad cuenta por lo menos con otros dos escenarios con sus modos de gestión, carteleras y públicos propios.

El Bunker —en la calle Uruguay, cerca de la terminal de buses— es uno de ellos. Las instalaciones del Centro Sinfónico Nacional de la calle Ayacucho también han abierto sus puertas El Sótano. El rasgo común de estos escenarios es que son gestionados por artistas, que están abiertos a las nuevas propuestas artísticas, generan información y reflexión sobre las artes escénicas y aspiran a ampliar el público para el teatro.

En el caso de El Desnivel, a esas características se suma su proyecto formativo y de diversificación de la oferta teatral. “El público existe         —dice Cristian Mercado, actor que ha participado en importantes filmes como Che, de Sodeberg; y Blackthorn, de Mateo Gil, en la que actuó junto a Sam Shepard—, los grupos también. Lo que hacemos nosotros es lo que hace cualquier productor: afianzar, redondear la personalidad del artista, no cambiar ni imponer. Hemos trabajado sobre las propuestas que ellos han traído para que aflore su propia estética”.

Así, lo que el público podrá ver en La prudencia es una comedia negra que transcurre la noche de Año Nuevo. Sobre el texto de Gotbeter, los actores han escogido un lenguaje grotesco para discurrir sobre un tema urgente: el miedo y la inseguridad que reina en las ciudades. Por su parte, en la adaptación de La vida es sueño, el público verá el drama de Segismundo trastocado al escenario de un circo. “Trabajamos mucho en el texto —dice Estellano, quien dirige la puesta— para que esta nueva propuesta conserve la esencia de la obra”.

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