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Andanzas literarias desde Perú hasta Bolivia

El Festival Internacional Caravana de Poesía extiende sus lazos artísticos  y llega a La Paz  en su sexta versión.

Poetas. Jorge Campero (Bolivia) y Efraín Altamirano (Perú), en una anterior versión del Festival Internacional Caravana de Poesía.

Poetas. Jorge Campero (Bolivia) y Efraín Altamirano (Perú), en una anterior versión del Festival Internacional Caravana de Poesía. Foto: Festival Internacional Caravana de Poesía

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda

00:00 / 22 de mayo de 2019

La poesía unió al artista peruano Efraín Altamirano Cáceres —fundador del Festival Internacional Caravana de Poesía— con su Cusco natal. Dejó la ciudad con su madre a los seis años y al volver, más de 15 años después, lo invadió una extrañeza que lo hacía sentirse ajeno a ese paisaje andino.

“Ver la ciudad con ojos adultos, después de más de 15 años, me mostró que había en mí una parte que no existía y utilicé la poesía para construirla. Me invadieron unas ganas de hacer cosas en mi ciudad natal, su energía me enriqueció y uno de sus frutos, ahora, es el Festival Caravana. Hace mucho que dejó de ser de alguien en particular, es un proyecto que pertenece a muchos”, explica el escritor, músico e ingeniero.   

Uno de los principales objetivos de este evento es llevar la poesía a lugares donde no suele presentarse continuamente. Pequeñas ciudades, barrios y espacios, como mercados o plazas. Es por eso que su formato de caravana —que recorre diferentes ciudades para crear puentes entre ellas— trasciende las fronteras peruanas y llega hasta Bolivia en su sexta versión.

Las actividades del festival se centrarán en La Paz, desde el 22 de mayo hasta el 26. El 22, a las 15.00 habrá un conversatorio con la carrera de Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés en la Casa del Poeta (Claudio Sanjinés 1602). Los escritores serán parte de una lectura literaria y un concierto en Efímera (Final Sánchez Lima 2667) el 24 a las 20.00. Y la Feria de las Culturas, en El Prado, será el escenario para una última lectura y el cierre del festival, el domingo a las 11.00.

Desde Perú llega Altamirano, de Chile estarán Danitza Fuentelzar, René Silva Catalán, Natalia Rojas y participarán poetas bolivianos como Anuar Elías (México-Bolivia), Álex Aillón (Sucre), Lourdes Saavedra (Cochabamba), Valeria Sandi (Santa Cruz) y Jorge Campero, César Antezana, Anahí Maya Garvizu y Adriana Lanza, quienes viven en La Paz.

“La poesía está en todas partes”, es el núcleo de la filosofía que guía esta actividad, que nació en 2014. La falta de políticas estatales de fomento y difusión, así como la urgencia por abrir espacios que involucraran a la población llevó a muchos colectivos, gestores y artistas a sumarse a la iniciativa que Altamirano proponía.

Esta colectividad fue transformándose poco a poco en comunidad, bajo el principio del ayni. “La colaboración —rescatando nociones ancestrales como el ayni andino— generó lazos que se extendieron más allá del ámbito creativo. Productores, gestores y activistas se han acercado para aportar nociones sobre diversidad, feminismo y cultura de paz”. 

El trabajo cooperativo mantiene una estructura horizontal —“sin jerarquías, donde yo soy un organizador más”, detalla el creador—, lo que permitió que los actores se apropiaran del festival. Las decisiones se toman en asambleas y se plantearon metas como generar un corredor internacional latinoamericano de escritura y activismo.

“Uno de nuestros logros fue aplicar formas económicas alternativas. Mediante iniciativas como los trueques de actividades, logramos darles hospedaje y viáticos a nuestros invitados, además de solventar todo el festival, sin comprometer su independencia”.

El programa también ha ido cambiando gracias a la incorporación de nuevos protagonistas y escenarios. Al buscar responder a las necesidades creativas de cada ciudad a la que llegaban —haciendo homenajes a escritores locales, o incorporando actividades didácticas y pedagógicas— la versatilidad adquirió importancia. 

“Uno de los aspectos más importantes es el compromiso. Cuando comenzamos no teníamos establecido un plan con metas a mediano o largo plazo. Gracias a que muchas personas le damos prioridad, hemos conseguido darle sostenibilidad y podemos pensar en lo que queremos lograr dentro de cinco o 10 años”.

En lo personal, como poeta, Altamirano se alimentó de las diferentes voces que fueron acercándose. También experimentó la potencia que tiene la palabra para visibilizar contenidos y movimientos, y para aportar a formas de convivencia más tolerantes.

Como gestor descubrió lo importante que es reducir el ego —“que es una característica de los seres humanos y un poco más, de los artistas”— para poder aceptar que se está en un segundo plano y adquirir las destrezas organizativas que se necesita. “Uno de los aspectos más importantes, que puede pasar desapercibido, es la formación. Para lograr que un proyecto así se repita y crezca, tuvimos que capacitarnos. Fue así que la parte de planificación y operación tomó mejor forma”.

Como parte de este proceso de crecimiento y aprendizaje, en esta versión se presentará un libro que reúne la memoria de las últimas dos versiones del festival; será el jueves 23, a las 19.30 en Sultana Café Arte (Av. Ecuador 2496 y Belisario Salinas).

“Queremos sistematizar lo que aprendimos para que sea una experiencia que pueda replicarse. Es también una forma de tener claro nuestro discurso y permitir que se desarrolle, cuidando, siempre, que no se tergiverse”, explica el poeta.

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