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Anecdotario de Salvador Dalí

Una publicación revela historias poco conocidas del pintor surrealista

Dalí. Su vida entera era una anécdota.

Dalí. Su vida entera era una anécdota. Foto: MUSEO REINA SOFía

La Razón (Edición Impresa) / Ángeles García - periodista

00:00 / 01 de junio de 2014

Descubrir a estas alturas algo nuevo o poco conocido sobre Salvador Dalí, puede sonar a ciencia ficción. Son decenas y decenas los libros publicados sobre el artista en todo el mundo y él fue el primero en hablar profusamente de sí mismo en sus abundantes escritos. Solo su gente más próxima puede tener todavía algo nuevo que contar. El pintor Antonio Pitxot (Figueres, 1934), alumno, amigo y confidente del artista, inseparable durante las dos últimas décadas de vida de Dalí, puede que sea el único que aún puede aportar novedades sobre el artista. Las anécdotas que guarda en sus recuerdos son muchas y gran parte de ellas las había comentado hace años con el historiador y crítico Fernando Huici March en los numerosos encuentros que ambos han mantenido desde 1983. Azuzados por Luis Marquina, sobrino de Pitxot, ambos decidieron ponerse las pilas y dejar constancia de esas vivencias en un libro-entrevista titulado Sobre Dalí. Estas son algunas de las anécdotas menos conocidas incluidas en el libro.

Los cisnes. Dalí tenía cisnes en Port Lligat que nadaban por la pequeña bahía. Me dijo que lo había hecho inspirado por los que habitaban en nuestra casa de El Sortell. Pero como no podía dejar las cosas en su estado normal, a los suyos les ponía una caperuza sobre la cabeza con una vela. De noche hacía que les prendiesen la vela y los soltasen por la bahía, y los cisnes nadaban con la vela encendida hasta que se hartaban, metían la cabeza en el agua y se acababa el espectáculo. Tenía tal querencia por sus cisnes que los hacía disecar cuando morían.

Hipocondríaco. Los dos hermanos eran muy aprensivos. No solo hipocondríacos. Veían peligros en todas partes. Con terrores increíbles. Ibas con Dalí por la calle, y si venía un perro, pasaba al otro lado, y te ponía a ti de escudo. Era auténtico porque te decía “si muerde, que te muerda a ti”.

Rafael. Sabía todo sobre Velázquez, Vermeer o Rafael. En la Academia de Bellas Artes de San Fernando lo expulsaron precisamente por culpa de Rafael. “Cogí la bola con el tema que me tocaba y leí: Rafael, pintor del Renacimiento”, y me entró un nerviosismo, como una especie de salto al corazón y les dije: “Miren, yo sé mucho más de Rafael que todos ustedes juntos, por lo tanto, me niego a contestar”. El tribunal le respondió. “Bueno, pues entonces, vuelva usted otro año, porque este ya está suspendido y, además expulsado”. Siempre decía. “Imagínate, preguntarme a mí por Rafael…”.

Magritte. Dalí lo quería mucho. Contaba que te recibía en su casa y decía: “Hoy es día de familia”. Y ese día se paseaba por casa sin pantalones ni calzoncillos. Y si alguien llamaba a la casa les advertía. “Lo siento, pero estoy en familia”. Si insistían en entrar, abría del todo, diciéndoles que ya les había advertido, y se encontraban con todo el espectáculo. Creo que lo hacía sin ninguna clase de sensacionalismo, solo porque a él le gustaba pasear con el culo al aire por su casa.

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