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Entre Arte y Mar: la reivindicación y la hermandad

El tema marítimo despierta miradas nostálgicas, críticas y desmitificadoras

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda / La Paz

10:00 / 21 de marzo de 2018

Desde la idea de que la creación artística se debe concentrar en reafirmar la reivindicación marítima, promovida por el Estado; hasta trabajos más interesados en la comprensión del hecho histórico, sus consecuencias y las lecturas contemporáneas, o hacia la búsqueda de la hermandad regional a través de la superación de este conflicto; el mar es para los artistas visuales motivo de lucha, reflexión y cuestionamiento.Para el antropólogo, curador y artista Juan Fabbri, la Guerra del Pacífico es un evento histórico que ha dejado huellas en la construcción de la identidad nacional. Es un tema que quedó pendiente y que no se superará u olvidará con el paso del tiempo.

Eduardo Ribera Bluebox, arquitecto, artista y curador, encuentra, en realidad, una pregunta sin respuesta concertada que acerque, en lugar de enfrentar, a los países latinoamericanos involucrados en la contienda histórica.

Desde el Estado se han creado los premios Eduardo Abaroa, un espacio que si bien está abierto a distintas temáticas relacionadas con la educación cívico-patriótica nacional, la mayor parte de los participantes escogen el tema marítimo para trabajar sus obras.

Los reconocimientos se instauraron con el fin de “realzar el fervor patrio de todas las bolivianas y los bolivianos, sobre el derecho a la reivindicación marítima”, según explicita la convocatoria.

A lo largo de las seis versiones funcionó para reforzar imágenes socialmente establecidas sobre la pérdida de territorios bolivianos en las costas del Pacífico. Asimismo, logró activar su presencia en la cotidianidad nacional y renovar sus representaciones, a partir de estéticas y técnicas como las que manejan las artes audiovisuales, explica Miguel Rivera, responsable de la unidad ejecutora de los premios Eduardo Abaroa.

El jurado se renueva cada año y las obras ganadoras, además de los premios y reconocimientos que reciben el día de la premiación, se difunden por todo el país. El Ministerio de Culturas prepara una gira por las capitales de los nueve departamentos y fomenta la participación de los ganadores en diferentes actividades organizadas por la institución.

Las reflexiones de los artistas Ribera y Fabbri, en cambio, vienen de su participación en espacios artísticos alternativos, abiertos a la reflexión, al cuestionamiento y a generar un encuentro entre las partes involucradas.

¿Mar para Bolivia? es una muestra bienal que convoca a personas involucradas en las artes chilenas y bolivianas, desde 2012. La gestión y curaduría están a cargo de Eduardo Ribera, que además este año llevó una selección de obras anteriormente presentadas a Ecuador.

Por su parte, Fabbri fue parte de la delegación boliviana que participó en el Festival de Arte Contemporáneo SACO, en 2014. En aquella ocasión el encuentro, que se lleva a cabo anualmente en Antofagasta, tituló Mi vecino, el otro, temática que involucró a grupos de artistas bolivianos, chilenos y peruanos.

Estas dos experiencias mostraron que existen muchas percepciones erradas respecto a este tema. Primero, desmitificaron la idea de que a los chilenos esta situación no les interesa. Por el contrario, las personas relacionadas al arte y a la cultura no solo participan, sino que proponen instancias de reflexión. También hicieron evidente que se conoce muy poco de la situación chilena respecto a su territorio costeño.

“El mar no les pertenece tampoco a ellos. Está capitalizado por cinco industrias —manejadas por cinco familias con influencia inglesa— que han parcelado las costas chilenas y que alquilan áreas de mar a sus propios habitantes”, desarrolla Ribera.

La construcción de la historia oficial también difiere. En Chile se enseña que Bolivia, cuando era el Alto Perú de la época de la colonia, nunca tuvo acceso al Pacífico. En la SACO, los artistas chilenos contaron que la cantante Violeta Parra tuvo un compromiso grande con el pedido de salida al mar o que el poeta Pablo Neruda hizo público su apoyo a Bolivia.

A partir de las investigaciones y las obras de arte quedó claro para los creadores nacionales que la guerra estuvo controlada con intereses económicos y políticos, que siempre buscaron favorecer a instancias ajenas a los países en cuestión, lo que transformaría a Chile y a Bolivia en títeres del sistema capitalista mundial.

Con relación a los encuentros, los artistas latinoamericanos generaron un ambiente de comprensión y hermandad. Cada parte tuvo la libertad de presentar su postura y de escuchar o contemplar los argumentos de los otros.

“Yo fui con una postura un poco a la defensiva, porque en la investigación que hice para el encuentro descubrí cuán importante es este tema para nosotros. Pensé encontrar algo de confrontación, pero fue todo lo contrario. Los artistas chilenos no solo estaban de acuerdo, sino que apoyaban la causa”, afirma Fabbri.

Esto cuestionó la imagen agresiva y tal vez soberbia que se tiene de ellos en Bolivia. Las dos exposiciones demostraron que el arte funciona como una plataforma alternativa, que permite compartir conocimiento, e instaurar diálogo entre pueblos que no están correctamente representados por sus clases políticas y gobernantes.

Ribera y Fabbri coinciden en que el arte boliviano tiene que cuestionar aquellas imágenes que exacerban sentimientos nacionalistas, en desmedro de otro pueblo. Y entienden esta temática como un trauma que debe resolverse para poder reconocer cuán arbitrarios son los elementos que separan a estas dos naciones.

El futuro de las búsquedas de resolución es donde difieren. Fabbri apoya los intentos pacíficos del Gobierno actual por avanzar hacia algún tipo de resolución. En cambio, la intención del proyecto de Ribera es “encontrar otra plataforma que nos permita alejarnos de esta estancada situación a la que nos han llevado nuestros políticos, porque en realidad yo no veo ningún avance”.

Para el 22 de marzo, Eduardo Ribera tiene preparada la inauguración de la cuarta versión de su muestra, que se realizará en el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad de Santa Cruz.

En ella participarán tres artistas chilenos (Danilo Espinoza, Iván Zambrano y Retraroric) y tres bolivianas (Alejandra Barbery, Roxana Hartman y Carolina Rivero), que por primera vez crearán una obra juntos.

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