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Artista, obrero y superhéroe

Toledo salvó la Gala Municipal Cultural con carisma, humor y dominio de la escena.

Recursos. El actor, antes de entrar a escena en la Gala Cultural.

Recursos. El actor, antes de entrar a escena en la Gala Cultural. Foto: LA PAZ CULTURAS

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas

00:00 / 07 de mayo de 2017

En estos tiempos en que se ha puesto en tela de juicio la labor de los artistas, me quedo con el ejemplo de lo que el actor Mauricio Toledo pudo ser en la Gala Municipal Cultural: el superhéroe.

La Secretaría Municipal de Culturas preparó para este año la gala En construcción, que hablaba sobre los obreros de la cultura, investigadores, artistas y gestores que tejen un proceso constante, valorándose éste por encima de la obra terminada, pues la cultura es móvil y cambiante.

Un proceso está lleno de contratiempos, incertidumbre, caminos y elecciones. Y el acto celebrado en el Teatro Municipal el miércoles 19 de abril para la entrega de premios a más de 100 artistas ganadores de 21 concursos fue tal cual: vertiginoso.

El acto comenzó pasadas las 20.00 con una puesta que incluía andamios y uniformes. Entró en escena Toledo, muy en su salsa, con un texto que hablaba sobre los procesos de creación. Fue una presentación muy profesional y un montaje con un toque de sorpresa y magia. Impecable y propositivo.

Sin embargo, una gala que depende en gran medida de los asistentes, que son tanto premiados como los que entregan los reconocimientos, significa un riesgo constante.

Tal es así que empezado el evento se “chipó” todo: la numerosa lista de ganadores se hacía confusa en el “mapa” que manejaban Toledo y la actriz y presentadora Denisse Mendieta; los invitados, o no sabían cuándo entrar o simplemente no habían llegado, a pesar de que fueron convocados a las 19.00.

Algunos jurados que entregaban los trofeos, a pesar de que se les asignaba un espacio, se cambiaban de sitio, poniendo en figurillas a las coordinadoras cuando los iban a buscar.

La tensión se hizo visible en la primera tanda de premios: confusión en los nombres (se llamó al escenario a la “señora” Willy Camacho como cinco veces), no aparecían algunos trofeos (de hecho, una de las esculturas y un diploma nunca llegaron), tiempos muertos... parecía un derrumbe total. Las circunstancias sacaron a Toledo de su área de confort, pero con carisma, humor y dominio de la escena, empezó a jugar con el público y los premiados, rompiendo el protocolo y haciendo visibles los contratiempos sin tratar de esconderlos, una de las máximas del teatro. Así sacó a flote la gala: la incertidumbre se convirtió en risas divertidas y aplausos.

Mendieta —también de teatro— se subió rápido al barco, jugó con Toledo en escena y hasta mandó “al agua” a uno de los ausentes. La gala se ajustó y siguió con otro aire, con una valiosa selección de muestras de arte.

Me alegra mucho haber estado en la gala, fue gratificante. En la retina tengo la imagen de Toledo con los brazos extendidos clamando: “Artistas, ¡nos organizaremos pues!”. Contratiempos siempre hay, pero solo un artista como él puede volcar la situación. O pregunten a los Oscar.

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