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Artistas con corazón boliviano, no nacieron en el país, pero lo construyen

Su trabajo influye en el desarrollo de la cultura nacional. A pesar de su aporte, aún se limita su labor.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas

00:00 / 08 de octubre de 2017

Extranjero” es una palabra muy dura para quien a pesar de no haber nacido en Bolivia, vive y trabaja en este territorio. Y es que, ¿alguien puede calificar de extranjera a la pintura de Ejti Stih, que refleja al boliviano en sus momentos más cotidianos? ¿Son foráneas las películas Mi socio o Sena Quina, de Paolo Agazzi? ¿No fue nacional el mítico grupo tupiceño Nuevos Horizontes, de Liber Forti o no lo es hoy el Teatro de los Andes, con nombres como Paolo Nalli, César Brie y Alice Guimaraes? La reciente partida del productor de Teatro de los Andes abre la reflexión sobre el aporte de estos artistas al desarrollo cultural del país y sobre los problemas que aún enfrentan muchos para ejercer su profesión.  

Que la xenofobia golpee en el campo artístico no es cosa de hoy. Ya el anarquista y teatrista Liber Forti (1919-2015), nacido en Argentina, levantaba pasiones y críticas, muchas refiriéndose a su origen. Lo que sí queda, constatable, es su obra. “Entre las muchas cosas que hizo Liber Forti (aparte del teatro) por la cultura boliviana está el haber descubierto y alentado el talento artístico de Alfredo Domínguez”, escribió el periodista Carlos Soria en Facebook cuando el teatrista falleció.

“Nuevos Horizontes, de Líber Forti, es un hito del quehacer artístico vinculado con la lucha obrera, con la lucha, en definitiva, por formar personas críticas y con la mente abierta al mundo”, reseñó la periodista Mabel Franco.

En la década de 1970 también hubo un boom de las músicas contemporáneas. Como al país tardaban en llegar estas tendencias, músicos chilenos y argentinos encontraron un lugar donde crecer y experimentar. “Fue muy importante el aporte de estos músicos, sobre todo dentro del jazz y el rock. Pero la competencia no les cayó bien a nuestros compatriotas, que armaron una movida para que estos músicos no puedan tocar en los boliches”, recuerda un artista que prefiere guardar su identidad, pues considera que este sentimiento aún persiste entre sus colegas.

“Creo que sí hay bastante xenofobia en el país, incluso dentro del medio artístico; existe y me parece atroz ese tipo de discriminación. Se debería valorar, reconocer y facilitar el trabajo para que todos tengan las mismas condiciones”, expone el actor, director y gestor Christian Mercado.

“A mí me ha tocado ser extranjero afuera y realmente hay un apoyo increíble en el ámbito del arte y de la cultura con nosotros. Hay bastante respeto porque están conscientes de que aparte de aportar cada uno con su trabajo y su estética de trabajo, también ofrece otra mirada con el solo hecho de ser alguien que viene de otro país, de otra realidad y valoran este aporte que enriquece muchísimo”, agrega.

Muchos artistas toman los ataques de la mejor forma posible. El director de la Bolivia Big Band, Juan Pereira (Chile), asegura que nunca se ha sentido discriminado y que los comentarios xenófobos aparecen alguna vez. “Pero somos músicos, a veces pasa”, dice. El ingeniero de sonido y productor de origen coreano So Myung Jung, que vive y trabaja en Santa Cruz, recuerda que le mandaron un mensaje anónimo ofensivo reclamándole por ser un “chino quitapegas”, pero nunca pudo saber quién hizo el envío. “Fue vía Messenger, el tipo me escribió eso y luego me bloqueó. Fue hace un par de años. Gracioso”, narra.

Un asunto que preocupa a los artistas que no cuentan con la nacionalidad boliviana es que no tienen acceso al carnet de artista, que los eximiría del pago de impuestos en escenarios del Estado. El bailarín y coreógrafo Sergio Valencia tiene 29 años, nació en Lima (Perú), pero toda su carrera artística se ha desarrollado bajo la tricolor. “Yo bailo hace ocho años, vivo en Bolivia desde 1991, casi 26 años. He empezado a bailar con Silvia Fernández para un proyecto en homenaje al Bicentenario de La Paz, en la compañía Vidanza. Hemos trabajado con niños y adolescentes”.

Dirige actualmente la Compañía de danza Sha con Haru Beltrán, es un espacio de danza contemporánea que trabaja los sábados desde hace cinco años. Su labor se desarrolla no solo en el campo artístico, sino en el de formación. como el proyecto social Lanzarte en barrios de El Alto.  

“Yo no tengo mi registro de artista y en muchos casos ese registro te permite acceder, por ejemplo, a un fondo del Ballet Oficial, para el que es un requisito. Trabajo en la danza aportando desde lo que puedo y es malo no tener ese espacio de reconocimiento, no tener mi carnet que diga que soy artista y que me permita acceder a ciertos beneficios también”.

De todos modos, el artista ha ganado el premio Eduardo Abaroa en 2015 en mejor dúo de danza contemporánea. “No estoy nacionalizado, cuando he hecho mis averiguaciones, me han dicho que me puedo nacionalizar por el tiempo que he estado acá, pero perdería mi nacionalidad peruana. Solo espero que las cosas cambien en un futuro”.

El mismo premio recibió la bailarina María Elena Filomeno (Lima, 27). “Yo he empezado a bailar aquí, llegué a mis siete años. En 2012 he ganado el premio Eduardo Abaroa a Mejor solo en danza contemporánea, y desde 2015 gestionamos el proyecto independiente Proyecto Border con Juan Carlos Arévalo”.

La artista no se ha nacionalizado por el costo del trámite. “Lo he pensado bastante, pero no lo he hecho. Tengo residencia indefinida aquí, pero eso me enfrenta a un montón de cosas. No tener la carnetización de artista me limita laboralmente. Siempre tengo que negociar el 15% de impuestos o cobrar un poco más. Tampoco puedo acceder a algunas certificaciones en competencias. Creo que no estamos contemplados en el borrador de la Ley del artista”.

Estos creadores han hecho su carrera en Bolivia y la representan internacionalmente. “Una se siente orgullosa de viajar, de decir que es boliviana, que está trabajando aquí, pero al final resulta que no somos de aquí. Son sentimientos encontrados: es una decisión bien fuerte quedarte y lucharla como artista. Quedarse es también una decisión bastante política”.

Más allá del sentido burocrático, Mercado opina que esta carnetización “es un principio de reciprocidad y de agradecimiento con gente que aporta y ha aportado de forma impresionante”.

Grandes maestros foráneos han formado a los artistas bolivianos de hoy. “Cuatro de mis maestros más importantes, que me han enseñado muchísimo son extranjeros —agrega Mercado—, están César Brie, Norma Quintana y Paolo Nali, del Teatro de los Andes. No solo me ha dado herramientas artísticas, sino que nos han dado una ética de trabajo, como Liber Forti, que creo que son fundamentales en la historia de las artes escénicas en Bolivia”.

También en la gestión cultural, la crítica y en las ramas técnicas, el aporte es muy grande. “¿Extranjero? Cuando se asiste a una propuesta escénica, mucho más si ésta conmueve, conmociona, emociona, etc., lo menos que interesa saber es la nacionalidad del que ha causado esas respuestas. Es un humano el que le está hablando a otro humano y basta. Pero, como de  tanto en tanto surge eso de ‘extranjero’ para marcar al otro, hay que hacer un esfuerzo para identificar a quienes habiendo llegado de otro país decidieron asentarse en éste para trabajar”, expone Mabel Franco.

Norma Merlo, Darío González, César Brie, Nayra González, Paolo Nalli, Melba Zárate, Juan Rimsa, Marta Monzón, Rodolfo Serrano, Líber Forti, Norma Quintana, Joaquín Sánchez, Ligia D’Andrea, Óscar Barberí y Verónica Cereceda son la punta de ovillo de largo etcétera por celebrar y reconocer.

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