Tendencias

Rubén Vargas: Un poeta con la piel de periodista

Su agudo sentido del humor y el uso exquisito de la palabra fueron su aporte diario en la Redacción, donde conocimos mejor al profesional, pero sobre todo al amigo

El periodista Rubén Vargas en un momento de felicidad en su vida.

El periodista Rubén Vargas en un momento de felicidad en su vida.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas / La Paz

00:10 / 24 de mayo de 2015

A veces no sabíamos si hablaba en broma o en serio. Con el semblante inexpresivo, apartaba la vista de la pantalla de su computadora y con severidad empezaba a emular el desatino de alguna autoridad o a justificar los dudosos gastos de una institución. La ironía crecía y crecía. Y hasta que alguien no empezara a reír, no había certeza de si se trataba del súmmum de la sátira o de una apología del delito. La risa duraba unos minutos: Rubén Vargas se daba la vuelta y regresaba a su mundo de palabras, editando Tendencias.Su escritorio, en una esquina cerca del ventanal y casi de espaldas al resto de la Redacción, le permitía cultivar el periodismo desde su propio espacio y a su ritmo, el de un poeta. Era ajeno al griterío y a las presiones del día a día en un periódico: podía estar escuchando las cavernosas voces de Tom Waits y Leonard Cohen o los agudos de Luzmila Carpio y de los niños de una orquesta de música barroca de la Chiquitanía, protegido en su refugio de libros, fotografías, programas de conciertos y catálogos.“Lord Vargas”, le decía la periodista Iblin Linarez, la única que se animó a ponerle un mote; el poeta infundía profundo respeto en toda la Redacción —casi se le veía la experiencia acumulada en años de trabajo en Presencia, Salamandra, en Vuelta de México, editando libros y revistas culturales— y en la evaluación semanal de su suplemento recibía halagos por su pluma y por el tratamiento de los temas. Eso sí, cuando a él le tocaba evaluar los productos de La Razón, era un lujo escucharlo. Su habilidad para analizar los hechos, así como para fabular y jugar con las palabras se hilaban entonces con su sentido del humor. “Un acápite final —afirmó severo en una de esas lecturas— debo decir que termino de leer esta edición muy preocupado: en mi horóscopo en la revista Mía dice que si no pago mis facturas, sufriré el corte de servicios básicos”. Risas.

Mis textos favoritos escritos en este periódico por Rubén curiosamente no están en Tendencias: son las puntiagudas críticas en su columna Perdido Viajero, que sostuvo durante algo más de dos años, y las ediciones de Alasita de Tendencias. La agudeza de sus análisis, el tejido irónico de sus textos y el despliegue del lenguaje son simplemente deliciosos. Rubén, así como era serio y respetado, también obedecía callado a la periodista Erika Ibargüen cada día, cuando llamaba a toda la tropa a almorzar a las 12 en punto. Participaba activamente en los festejos, siempre con una sonrisa en el rostro y agradecido por toda atención.

Teníamos percepciones distintas sobre el abordaje al ámbito cultural. Y a pesar de que sus ideas eran sólidas, jamás se dio el lujo de dejar de escuchar. Tenía sus prejuicios sobre el arte contemporáneo, pero luego de ver sus trabajos, se volvió en admirador de Joaquín Sánchez, de Wara Cajías y de los herederos de la obra de Cergio Prudencio.

En la Redacción, Rubén ya nos hace mucha falta. Necesitamos otra mañana escuchando a Tom Waits. Pero eso sí, estoy seguro de que se fue con una sonrisa, producto de su última victoria personal: le hizo una gambeta a Facebook y a Twitter. Sentía sincero desprecio por las redes sociales y esperaba que el trabajo no le obligue a tener que abrir una cuenta en ellas. Cosas de poetas. Hasta siempre, Rubén.

Amigos además de colaboradores 

Curiosidad

De algo puedo dar fe sin pestañear: Ruben tenía la única cualidad indispensable para un intelectual: una insaciable curiosidad por las ideas de los otros. Gracias a esa cualidad, que en el periodismo toma redoblado valor, pude beneficiarme de su disposición a dejar a los demás expresarse, así no compartiera tales miradas ajenas.

Pedro Susz, crítico de cine

Diálogo

Rubén fue un gran dialogador, un interlocutor estimulante desde el periodismo, la amistad y la poesía. Selectísima palabra que me llevó a componer dos canciones: La planicie y Caminando: “qué escritura de oro / en las hojas que el otoño / dispersa”... Además, fue el cronista de la OEIN. Nadie me hizo mejores preguntas al respecto. Lo echaré de menos.

Cergio Prudencio, director de la OEIN

Perfección

Conocido por su rigurosidad y su afán de perfección, Rubén ha llevado al periodismo cultural a un nivel comparable con el de otras latitudes. Su partida será sentida por todos los que encontramos en los suplementos culturales del domingo un espacio de descanso y alimento espiritual para el resto de la semana. Gracias, Rubén, por todo ello. Te extrañaremos.

María Luisa Soux, historiadora

Presencia del cuerpo

Una pequeña muestra de una obra poética sensible y evocadora del amor, de las presencias, de los cuerpos, de la pintura y de los símbolos

Angelus Novus

El Ángel vuela de espaldas

un viento tempestuoso

lo arrastra al futuro.

Quisiera detenerse

plegar sus alas

volver sobre las ruinas

que se amontonan a sus pies.

Quisiera reparar lo irreparable.

Pero la tormenta sopla del Paraíso

y las ruinas se elevan

como una torre hasta el Cielo.

Y para ese viento

ya ni siquiera

tenemos nombre.

Runas

Piedra de lluvia agua de pedernal pulida en el corazón de la mano en la línea cruzada de todos los caminos

Un canto rodado

contra la corriente

contra la simiente

de los ecos multiplicados en el origen de los días

El santo y la señal de la lengua redimida su apacheta

Y a la vera del crepúsculo anunciado las más bellas ruinas del aire se levantan

Runas

Piedras

Hombres

Palabras

Una espiral girando en el vacío

La trenza de oro

La Torre abolida

La planicie

Tu amor es la planicie

la planicie es mi costado

la pradera de las progresiones

cuando sopla

y me lamen las pulseras del simún.

En los bordes del cielo

los pájaros desovan

su sombra antes de partir.

Migraciones de la piel

transfiguraciones de la piel

tatuajes de la piel.

A la hora de las apariciones

mi amor asoma en el desierto

las bandadas las manadas

los tropeles

la música de tus pulseras

vibrando

bajo el duro cielo del atardecer.

Tu amor es el desierto

las planicies deslumbradas

el cuerpo de las transformaciones.

El desierto es mi costado

tu amor el abrazo del simún.

Piedra de Praga (Poema V)

Noches y días escribiendo una carta

adivinando tu propio rostro,

preguntando

por el acontecer del gesto,

interrogando cada línea

de un dibujo imposible.

Y no sabías, no sabías: en algún lugar un espejo ya velado

remedaba

en la espera

su trama de agua y plata

solo para ti.

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