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Blues eléctrico: Howlin’ Wolf

Un paseo por los primeros tiempos de uno de los más influyentes músicos del blues

Blues. Sumó a la raíz rural el sonido urbano. Foto: chess records

Blues. Sumó a la raíz rural el sonido urbano. Foto: chess records

La Razón / Fernando Navarro - crítico

00:00 / 03 de febrero de 2013

Antes de que el rock’n’roll fuese lo que fue, existió el R&B urbano y el lobo aullador, el irrepetible Howlin’ Wolf, un negro de Mississippi, fue el músico que, con su blues eléctrico y garganta feroz, hizo posible el nacimiento del rock tal y como hoy lo conocemos. Su fuerza al micrófono fue uno de esos grandes preámbulos para que el blues superase círculos reducidos y llegase a mayores audiencias por todo Estados Unidos. El disco que Rough Guide dedica a Wolf recorre las canciones con las que se dio a conocer y se consolidó en el mundo discográfico en los primeros 50. Antes de que Elvis Presley o Little Richard hiciesen de las suyas.

Con sus 1,90 metros de altura y más de 140 kilos de peso, Wolf era una fuerza de la naturaleza. Pero no era su presencia física lo que más imponía, era su voz diabólica, su grito ancestral, lo que hacía temblar los huesos. En la penumbra de un garito, su enorme figura, con ese aire misterioso del sur, se antojaba una especie de dios pagano al que entregarse en cuerpo y alma movido por ese ritmo boogie adictivo.

El disco ofrece una panorámica de los primeros años de Wolf, cuando fue el primer músico al que Sam Philips grabó en sus estudios. Fue la época en la que grabó Moanin’ At Midnight, fechada en 1951. Con esa profunda introducción a capella y su potente base eléctrica, Moanin' At Midnight es como un canto blues atronador y novedoso, que unía las esencias de la gran ciudad con el alma del campo. Su energía salvaje dejaba en trance en aquellos 50 recién inaugurados.

Con su amenazadora voz en falsete, Wolf, que se hizo más conocido al amparo de Chess Records en Chicago, gruñía incansablemente mientras detallaba los pecados de la gran ciudad. Sus aullidos serían escuchados y reverenciados por The Rolling Stones, Cream, Led Zeppelin, Electric Flag o Jeff Beck, quienes grabaron algunas de sus canciones, haciéndole vivir una segunda juventud en los 60. Captain Beefheart, Jimi Hendrix o Tom Waits también se dejaron guiar por su sombra.

Pero la inspiración del lobo venía del blues tradicional. Ese brío eléctrico, tan propio de Chicago, ya tenía un punto de partida en Blin Willie Johnson, quien además mostraba esa fuerza innata en su voz que hacía temblar cimientos. Aunque fue Elmore James, quien firma la absorbente Knocking at your door, el que mejor se lució en el blues eléctrico con su guitarra. Ahí sientes el mismo nervio que Wolf desarrollaba sin pudor.

Es fascinante sumergirse en los sonidos viciosos de blues que forjaron a Wolf con píldoras impresionantes como I wish you would de Billy Boy Arnold o Vine Blues de Big Joe Williams. Así, Baby Face Leroy se despacha con dos partes de Rollin’ & Tumblin, que demuestran que los viajes del blues del sur al norte eran los viajes de una tradición rural que tornó en urbana, donde sus protagonistas dieron rienda suelta a sus corazones repletos de vivencias y cicatrices. Es el viaje del blues, una verdadera inspiración vital.

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