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Boleros de caballería - La música que ayudó a construir Bolivia

Jenny Cárdenas presentará el 10 de noviembre tres CD y la segunda edición de su libro sobre la genealogía de un género que marcó la historia

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Soruco

00:00 / 01 de noviembre de 2015

Durante horas los parlantes reproducen un bolero de caballería, lo que permite a los deudos ubicar dónde se celebra el funeral en el área rural de Achocalla. En La Paz, la Central Obrera Boliviana (COB) convoca radialmente a una asamblea, mientras de fondo suena otro bolero, y en el centro de la urbe jubilados protestan al ritmo de este género.

Pese a que el último de los boleros de caballería fue compuesto a finales de la década de 1940, su impacto aún se siente en la sociedad boliviana, como explica la socióloga, antropóloga y música Jenny Cárdenas en el libro Historia de los boleros de caballería. Música, política y confrontación social en Bolivia, cuya segunda edición, corregida y aumentada, será presentada el 10 de noviembre en el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef).

Cárdenas reúne en su libro los resultados de una investigación que desarrolló para obtener su doctorado en la universidad Saint Andrews de Escocia. Invirtió más de una década en recolectar información y grabaciones de archivos institucionales y privados del país.

El interés del estudio se centra en que “este tipo de música está íntimamente relacionado con los procesos históricos que ayudaron a construir la Bolivia actual, por lo que tiene una fuerte carga emocional y simbólica”.

FUSIÓN. La obra, cuya publicación se concretó en tres años, está formada por dos tomos a los que acompañan tres discos. El primer tomo está dirigido a todo público y en él Cárdenas se adentra en la genealogía de este género musical, sus raíces y las circunstancias que lo convirtieron en parte importante de la vida civil y militar de los bolivianos: “Como la mayoría de los ritmos y géneros que se interpretan en el país, el bolero de caballería surge de la fusión entre manifestaciones culturales españolas y las que ya existían en las culturas precolombinas”.

El “padre español” de este tipo de música llegó a mediados del siglo XVIII y ya traía la primera parte del nombre: bolero.

El bolero era un baile popular en España y fue traído a América por los soldados y los trabajadores de clase popular. Una vez en territorio andino se encontró con las yaravíes, canciones prehispánicas cuyo estilo y letras se transmitían, y continúan haciéndolo, de forma oral. A ellos se sumaron los tristes, composiciones melancólicas sobre el pasado de la clase criolla de los siglos XVIII y XIX. Con el tiempo estos ritmos fueron uniéndose formando varios otros hasta que, cuando estalló la Guerra del Pacífico (1879-1883) se dieron a conocer las primeras composiciones de este género.

Cárdenas destaca que, pese a que su origen es militar, los boleros de caballería han tenido una relación muy estrecha con la vida civil y con la identificación nacional de los bolivianos en todo el país: “Esa es la paradoja del bolero de caballería.

Siendo de corte militar tiene mucho que ver con la construcción de la sociedad boliviana actual, ya que fue la música de quienes lucharon en las guerras del Pacífico, Civil, Acre, Chaco... de quienes se situaron en contra o a favor de la revolución de 1952 y quienes participaron, ya sea de parte o en contra, de las dictaduras militares”, agrega la investigadora.

POLÍTICA. Todos los sectores políticos se identificaron con las composiciones y las utilizaron, incluida la izquierda de las décadas de 1960 y 1970. “Estos grupos se apropiaban de la simbología de patria que representaban estas obras, mientras que los militares las usaban para dar a entender que ellos eran los únicos defensores de la patria. Así, tanto las marchas de la COB como los de golpes de Estado, los funerales de líderes sindicales y políticos, e incluso las procesiones, estaban acompañadas de estos sones”.

Para que el lector comprenda la experiencia, el primer tomo estará acompañado con un CD donde se puede escuchar los ejemplos mencionados en el texto. El segundo volumen está formado por 92 partituras, que también vienen incluidas en formato digital para que los músicos puedan trabajar con ellas. Y Cárdenas incluye, además, un disco con 34 boleros, 13 de ellos recuperados de grabaciones de álbumes de vinilo de 78 revoluciones que fueron algunas de las primeras copias producidas en Bolivia. Estos temas serán interpretados por la autora y el ensamble San Francisco Xavier de Sucre, durante la presentación del libro.

Pasión por el sonido de la historia

La cantante e investigadora se siente comprometida con la situación social del país y con la conservación de su identidad estética y cultural

La relación entre la historia, la música y la política es una de las grandes pasiones de Jenny Cárdenas Villanueva, antropóloga, socióloga y cantautora que nació en La Paz en 1956 y que ha publicado varios textos de investigación y discos que recopilan géneros musicales específicos del repertorio boliviano.

Cárdenas grabó ya dos compilaciones musicales: una, de las composiciones surgidas durante la Guerra del Chaco (1932-1935) y otra, de las que se relacionaron con la Revolución de 1952. “Siempre he sido una persona muy comprometida con la situación social del país y con la conservación de nuestro patrimonio musical”, asegura.

Para la intérprete paceña “la identidad de un país está determinada por su historia y por la sensibilidad estética, entre otros factores” y por ello “es fundamental no dejar que se mueran las expresiones culturales que forman parte de nuestra memoria histórica y que tengan una propuesta cultural específica”.

De hecho, su trabajo sobre los boleros de caballería es una forma de ayudar a evitar que este género sea olvidado, algo que cree que ya está en proceso. “La composición de boleros de caballería terminó cuando los regimientos de caballería dejaron de existir como fuerzas de combate regular, en 1948. Pero se han compuesto piezas muy hermosas e importantes en este género, y su conocimiento puede ayudar a las nuevas generaciones”, explica.

Cárdenas recuerda también que el análisis de las obras permite al investigador comprender aún mejor cómo era la sociedad en la época en que se compusieron. Un ejemplo de ello es la música de la Guerra del Chaco, que Cárdenas investigó profundamente en la década de 1990, publicando además varias placas con el material. “Es el sonido de una sociedad atormentada por una dolorosa guerra”, define la intérprete.

Los resultados de esa investigación serán publicados —“al fin”— el próximo año. El texto, adelanta Cárdenas, es más amplio que el que se publicó este año, debido a la diversidad de géneros que se analizaron.

“Aunque los boleros de caballería abarcan un periodo grande de tiempo, la Guerra del Chaco concentró creaciones de distintos ritmos del país, desde los ya nombrados boleros hasta cuecas, bailecitos, huayños y otros”, indica.

Aún no tiene fecha definida para el lanzamiento de este nuevo texto, pero prevé que sea durante el primer semestre de 2016. También para esas fechas, concretamente abril, espera lanzar un nuevo disco, enfocado en la temática de la conservación, algo que considera de suma importancia en la actualidad.

Cárdenas debutó como solista en 1980, aunque anteriormente participó en varios grupos musicales, como Manifiesto. Se declara amante de distintos y muy diferentes géneros de música, desde el rock que escuchaba en su adolescencia hasta la cueca y el bolero de caballería. De estos últimos reconoce no tener uno solo favorito, sino varios, destacando entre ellos Vesperal, de José Lavadenz, Tiwanaku e Illimani de Francisco Suárez, El pequeño clarín de José Zabala y Altipampa, de Adrián Patiño, que interpretará en el acto.

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