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‘En Bolivia, la literatura no ha sido capaz de seguir los procesos sociales importantes’

Omar Rocha , Cléverth Cárdenas - El Instituto de Investigaciones Literarias de la Carrera de Literatura de la UMSA ha publicado en dos volúmenes  Literatura y democracia 1983-2009. El primero recoge ensayos interpretativos sobre poesía, novela y cuento en ese período. El segundo, una copiosa bibliografía. Éste es un diálogo con los coordinadores responsables de la investigació.

Investigadores. Rocha y Cárdenas han coordinado el trabajo de un equipo de profesores y estudiantes de la carrera de Literatura de la UMSA

Investigadores. Rocha y Cárdenas han coordinado el trabajo de un equipo de profesores y estudiantes de la carrera de Literatura de la UMSA Fotos: Alejandro Álvarez

La Razón / Rubén Vargas

00:00 / 05 de febrero de 2012

— Ustedes han coordinado una investigación sobre literatura y democracia en el período 1983-2009. ¿Cuáles son los principales resultados?

— Omar Rocha (OR). Una de las ideas que estuvo presente desde el inicio de la investigación es que en el período democrático esperábamos encontrar una literatura que dé cuenta o que explore lo que fueron los años de la dictadura y los de la lucha por la democracia. Pero no ha sido así. En los primeros años de la consolidación de la democracia hubo ese tipo de exploraciones, quizás porque el momento que se estaba viviendo así lo exigía. Pero, básicamente, lo que hemos encontrado ha sido una apertura, una apertura a muchas voces poéticas y narrativas, que incluso es difícil adscribir a las tradiciones existentes. En narrativa, por ejemplo, aunque hubo una narrativa arraigada en los procesos sociales, esa referencia se ha ido alejando cada vez más. Lo que encontramos ahora es que no hay una preocupación por las circunstancias sociales.

— Cléverth Cárdenas (CC). Otro hallazgo de la investigación ha sido verificar que en la etapa democrática hay un auge de publicaciones de literatura. Hay nuevas editoriales y también se publica mucho de manera independiente. El autoritarismo de la institución literaria, guiado por las editoriales, tiende a difuminarse. Se publica mucho más. En un trabajo similar coordinado por Javier Sanjinés a principios de los 80, que toma un período de 20 años (1960-1980) se registran alrededor de 800 libros de novela, cuento, poesía y ensayo. En nuestra investigación, que abarca de 1983 a 2009, hemos logrado registrar 1.738 libros de poesía, novela y cuento. En tiempos diferentes, pero en lapsos similares se duplica el número de publicaciones.

— ¿La pluralidad de voces puede atribuirse a la democracia o es un rasgo común de nuestra literatura?

— OR. Quizás más lo segundo que lo primero. Quiero recoger una frase de Juan Carlos Orihuela que se cita en uno de los ensayos: En Bolivia, la literatura no ha sido capaz de seguir procesos sociales importantes. No hay, por ejemplo, una literatura de la Guerra del Chaco, o de las dictaduras o del período democrático. No hubo una gran literatura de los acontecimientos políticos y sociales que se dieron en el país. La apertura y la pluralidad de voces es algo que se da desde antes del período democrático, pero en este período se consolida. Seguramente influye la vigencia de las libertades individuales y también las condiciones materiales y técnicas que actualmente son diferentes.

— En el marco de la investigación, ¿qué se debe entender por democracia? ¿Una doctrina, unos valores, una coyuntura política?

— CC. De principio, hemos optado por hacer un trabajo altamente democrático. Cada uno de los investigadores ha tenido la libertad de enfrentarse a su propio estilo a esta pregunta. Cada respuesta —Mónica Velásquez Guzmán en poesía, Gilmar González Salinas en novela y Omar Rocha Velasco en cuento— ha sido independiente, aunque hemos compartido discusiones. Desde mi punto de vista, nos enfrentamos a la democracia como a una coyuntura política en la que se desenvuelve esta literatura. En esta coyuntura aparecen cosas que están al margen del texto literario, pero que de alguna manera se vinculan con él, como el crecimiento de las editoriales, o el crecimiento de las publicaciones de literatura en otros espacios. Por ejemplo, Santa Cruz y Cochabamba se vuelven lugares importantes de producción literaria. Ésta es una consecuencia colateral de la democracia. Otra consecuencia que se vincula con la democracia es la pluralidad de problemáticas que empiezan a plantear los textos literarios. Esa variedad, creo, es una consecuencia de vivir en un espacio democrático.

— ¿Y qué se entiende por literatura? ¿Cierto tipo de producción, todo lo publicado en el período?

— OR. Hemos intentado una delimitación. Primero, el período: 1983 a 2009. Luego hemos trabajado en tres géneros: cuento, poesía y novela; y hemos dejado de lado otros, como el teatro. Nuestra investigación también tiene una dimensión cuantitativa. Hemos considerado todo lo que se ha publicado en ese período en esos géneros. Hemos registrado 1.738 títulos. Eso no significa que todo lo que se ha publicado es representativo o que haya sido valorado. En los ensayos que son producto de la investigación se considera a ciertos autores que, en general, son los que ya se conocen, los que han sido más estudiados. No hay mayores descubrimientos; salvo quizás alguna referencia, como a los hermanos Pacheco de Sucre en poesía, que no son considerados por la crítica. Los ensayos lo que han hecho es ordenar y valorar.

— CC. Las valoraciones que se han hecho de esta literatura son preliminares. Se trata, sobre todo, de abrir un debate no para cerrarlo. Son lecturas preliminares de este conjunto de obras que se ponen a consideración de la comunidad académica. Por ello nos hemos animado a publicar la bibliografía completa que hemos registrado en la investigación, incluyendo la ubicación de los libros. De esa manera, se facilita el trabajo de cualquier investigador que se anime a seguir explorando ese campo.

— En las bibliografías se han excluido a los autores que publicaron antes de 1983. Así, poetas tan importantes como Blanca Wiethüchter o Humberto Quino o novelistas como Ramón Rocha Monroy no figuran, no han sido tomados en cuenta. ¿Por qué?

— CC. Es una cuestión metodológica que la hemos discutido mucho. Teníamos que tomar decisiones y decidimos prestar atención a los autores jóvenes que comienzan a publicar inmediatamente después de la instauración de la democracia, sin negar, sin embargo, que están vinculados a otros escritores. Un ejemplo es el ensayo sobre poesía que comienza hablando de los poetas que publicaron antes del punto de quiebre entre la dictadura y la democracia. Otros, como Omar Rocha en su ensayo sobre cuento, optan por hablar directamente de los jóvenes.

— OR. Esos autores no figuran en la parte cuantitativa de la investigación (los listados bibliográficos), pero en los ensayos es inevitable aproximarse a ellos, porque son los pilares, son los que abren ciertas líneas de escritura que otros siguen, por la positiva o la negativa. Eso es muy claro en el ensayo sobre poesía que parte de Blanca Wiethüchter, Eduardo Mitre y Humberto Quino, que marcan las líneas fuertes que luego se van siguiendo. Pasa lo mismo en narrativa; por ejemplo, en cuento no podemos olvidarnos de Adolfo Cárdenas o de René Bascopé Aspiazu. El ensayo sobre novela es provocativo, explora la representación de la figura del indio en las novelas de Edmundo Paz Soldán y Alison Spedding. Su hipótesis de esas novelas puede decirnos algo que las ciencias sociales no pueden mostrar. Son visiones encontradas, pero que conviven en la misma época.

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