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Borges: Del regreso o el barrio recuperado

La luz del regreso. Retomando la serie de lecturas y comentarios de Eduardo Mitre de poemas hispanoamericanos sobre la experiencia del retorno a la patria, al hogar o al lar. Éste es el turno del argentino Jorge Luis Borges.

La Razón / Eduardo Mitre - poeta y crítico

00:00 / 13 de octubre de 2013

Entre las innumerables variaciones sobre Ulises, arquetipo homérico tanto del viaje como del retorno a la patria, acaso la más memorable en la literatura en lengua española sea la de Jorge Luis Borges en su “Poética” (1),  perteneciente a El hacedor (1960),  la cual hace de la añorada patria del navegante un símbolo de la propia poesía:

Cuentan que Ulises, hartode prodigios, lloró de amoral divisar su Ítacaverde y humilde.El arte es esa Ítacade verde eternidad,no de prodigios.Pero no es la única vez que Ulises conforma el código simbólico de su obra, pues navega con frecuencia por la misma (2). Así, en el impecable soneto “Odisea, libro vigésimo tercero” asistimos a otra variación de su regreso, consumado por su presencia tanto en su patria como en el inamovible tálamo tras la unión con su fiel Penélope. Los dos primeros cuartetos resumen magistralmente la aventura de Ulises, en tanto que el primer terceto sella su retorno en la (re)unión amorosa. No obstante, inmediatamente, en su tercera línea, el terceto abre una interrogante que no se cierra sino en el remate del segundo terceto, cuestionando el retorno:  

Ya en el amor del compartido

lecho

duerme la clara reina sobre el

pecho

de su rey pero ¿dónde está

aquel hombre

que en los días y noches del

destierro

erraba por el mundo como un

perro

y decía que Nadie era su

nombre?El lector puede preguntarse quién es esa voz que desde la intimidad de la pareja lanza la pregunta cuestionadora del regreso del héroe, como si lamentara la caída del personaje mítico en una individualidad anodina. Dicho de otro modo: Ulises ha vuelto a su hogar, ha cobrado venganza de los que codiciaban su cetro y a su esposa, ¿y ahora qué? Las distintas respuestas o desenlaces que a esta pregunta los escritores han dado o imaginado en sus obras, conforman el inagotable y vario curso del héroe homérico. Citemos una variación moderna —opuesta a la punitiva y trágica de la  Divina comedia de

Dante en el célebre pasaje del Canto XXVI de Inferno—: el admirable (el adjetivo es de Borges [3]) “Ulises” (1844), de Alfred Tenysson, poema en el  cual el héroe una vez vuelto a Ítaca, a su esposa y a su hijo Telémaco, empieza a sentirse extraño, desarraigado, ansiando, pese a la vejez, zarpar nuevamente en busca de lo desconocido, decidido a To strive, to seek, to find, and not to yield (a luchar, buscar, encontrar y no ceder). Conjeturo, pues, que la voz en el soneto borgiano es la misma con la que el poeta evoca, desde la nostalgia de una vida llena de acción y de riesgos, a sus épicos antepasados, a sus compadritos y cuchilleros. Cabe añadir que, como Tenysson, Borges escribe movido por la empatía hacia el héroe; consecuentemente, en “Otro poema de los dones”  ha de dejar su testimonio de  gratitud “por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises”.

De las versiones o variaciones literarias en las cuales se prodiga el genio del escritor, pasemos a sus poemas dictados más bien por su propia  experiencia, escritos en plena juventud  tras su  retorno a Buenos Aires en 1921, después  de varios años de ausencia en Europa, especialmente en su querida Ginebra, donde hoy yace. Comentemos dos: “La vuelta”,  de Fervor de Buenos Aires (1923) y “Versos de catorce” de Luna de enfrente (1925). En ambos: el tono íntimo, tan entrañable y tan de él mismo; tono como en sordina, diferente al patético de Huidobro.  

“La vuelta” comienza así: “Al cabo de los años de destierro / volví a la casa de mi infancia / y todavía me es ajeno su ámbito”. Regreso, pues, a la patria íntima de la niñez, pero cuyo acceso aún permanece vedado al que recién ha vuelto,  y quien debe  ahora reconquistarla. A diferencia del sujeto en el poema de Dickinson —(véase Tendencias del 28 de julio de 2013, N. de R.)—, Borges en el suyo no pisa el umbral de la casa sino que se demora más bien en el barrio, en la contemplación de sus árboles, en el paisaje nocturno, todo lo cual es anuncio, iniciación y pasaje para un “futuro promisorio”, a una plenitud inminente: “Qué caterva de cielos abarcará entre sus paredes el patio”. En el poema no hay ansiedad sino anhelo por completar el regreso y, asimismo, una pausada certidumbre de lograrlo. Y, en efecto, en “Versos de catorce”, el poeta celebra su deseo realizado entonando un canto —un salmo— de alabanza a su Buenos Aires natal: “mi  ciudad de esquinas con aureola de ocaso / y arrabales azules, hechos de firmamento”, como rezan dos de sus versos.

En breve, es decir: en Borges, como en poquísimos poetas, el regreso es una puerta que se abre hacia la recuperación del espacio de la infancia y a   la felicidad  que brinda lo amado lentamente recuperado. Y “Barrio recuperado” es justamente el título de un poema de su primer libro, en el cual el poeta celebra la vuelta  de la luz del sol a su vecindario tras el cese de la lluvia que momentáneamente la cubría. Esa lluvia, dicho metafóricamente,  fueron antes sus años en Europa; años que él a su regreso calificaba de ilusorios, seguramente tras contemplar el poniente  y “la clara luna volvedora”  en el cielo heredado de su patria; cielo bajo el cual eligió  vivir y envejecer, pero no morir ni yacer —acaso para ser nadie y todos como Ulises.   NOTAS1. En la cita de poemas y versos de Borges, sigo la edición de su Poesía completa. Nueva York: Vintage Book, 4ta, edición, 2012.  2. En  un ensayo titulado “Borges y el mundo clásico” Luis Alberto Cuenca sostiene que  Homero es, después de Shakespeare, la Biblia, Dante y Cervantes, el autor  más citado en su obra,  En” Nueva Revista”, N. 065. Madrid, octubre de 1999.   

3. En su asimismo admirable ensayo “El último viaje de Ulises”, en Nueve ensayos  dantescos. Introducción de Marcos Ricardo Barbatán. Presentación de Joaquín Arce. 4ta. Edición.  Madrid: Colección Austral, 2004, p. 111. En el mismo ensayo y pagina Borges conjetura que “Dante fue Ulises y de algún modo teme el castigo de Ulises”.

La vuelta

Jorge Luis Borges  - (1899-1986)

Al cabo de los años del destierrovolví a la casa de mi infanciay todavía me es ajeno su ámbito.Mis manos han tocado los árbolescomo quien acaricia a alguien que duermey he repetido antiguos caminoscomo si recobrara un verso olvidadoy vi al desparramarse la tardela frágil luna nuevaque se arrimó al amparo sombríode la palmera de hojas altas,como a su nido el pájaro.

¡Qué caterva de cielosabarcará entre sus paredes el patio,cuánto heroico ponientemilitará en la hondura de la calley cuánta quebradiza luna nuevainfundirá al jardín su ternura,antes que vuelva a reconocerme la casay de nuevo sea un hábito!

(Fervor de Buenos Aires, 1923)

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