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Buen aniversario, Aznavour

El cantante y compositor de origen armenio cumple 90 años y sigue actuando

Aznavour. Celebra sus 90 con una gira. Foto: El País

Aznavour. Celebra sus 90 con una gira. Foto: El País

La Razón (Edición Impresa) / Carles Gámez - El País

00:00 / 25 de mayo de 2014

Cuando un cantante tiene 20 años, habla con su público por un deseo de expresarse con esa urgencia que conlleva la energía de la juventud. A los 30 años lo hace por un deseo de puntualizar. Y a partir de los 40 años por una mera necesidad de recuperar el aliento”. Con estas palabras el cantante y creador musical Charles Aznavour resumía con humor la comunicación entre el intérprete y su público. A sus 90 años, Aznavour sigue cantando y llenando los teatros y auditorios donde se presenta. Como Elvis Presley, Frank Sinatra, Bob Dylan o The Beatles, Charles Aznavour ostenta el estatus de clásico de la música popular del siglo XX.

Nacido en el seno de una familia de origen armenio, artistas de variedades, emigrada a Francia después del genocidio turco, Charles Aznavour tuvo que luchar con un físico ingrato —cara triste, baja estatura— que desagrada a los empresarios y una voz poco armoniosa para las reglas oficiales de la estética vocal. “Haría falta un siglo para acostumbrarse a su voz” escribe un crítico. Antes de su consagración como intérprete, vivió una primera etapa como creador de canciones para artistas como el actor americano Eddie Constantine, estrellas como Maurice Chevalier o la musa existencialista Juliette Gréco, que canta Je hais les dimanches, escrito en colaboración con Florence Véran que ha rechazado Edith Piaf y que la joven cantante inconformista registra con éxito. Más de uno le reprocha el contenido de una composición que desprecia el único día de descanso de la clase obrera.

Aznavour vive su tiempo de pasión y de aprendizaje del oficio del espectáculo. Forma dúo creativo con Gilbert Bécaud hasta que el éxito los separa. Cada uno a su manera llevará la canción-intérprete a sus particulares cimas. Aznavour acaba haciendo de sus “obstáculos” —físico poco agraciado, imagen de vulnerabilidad, eterno rostro de sufrimiento, voz a punto de la extinción— sus armas escénicas y expresivas, que serán finalmente reconocidas por el público. Como escribe el poeta Jean Cocteau, “antes de Aznavour, la desesperación era impopular”.

Autor o coautor de canciones que celebran el amor físico, como Après l’amour —prohibida en radio—, Il faut savoir, Sa jeunesse, temas como Les comediènes, Et pourtant, La Bohème, La Mamma, Hier encore, Que c’est triste Venise, Mourir d’aimer le consagran como artista popular en todo el mundo. Aznavour se adelanta a su época cantando a contracorriente las confesiones de un homosexual y artista travesti en un cabaret en Comme ils disent.

Artista de una impecable sobriedad en escena, Aznavour ha sabido permanecer fiel esas señas de identidad que le valieron hace más de 60 años la complicidad del público. La figura del cantante romántico del siglo XX. Como Sinatra, al otro lado del Atlántico, el intérprete que celebra las heridas del amor como parte indisoluble de la felicidad. “Al lado de Aznavour, todos somos artistas amateurs” sentenciará Jacques Brel.

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