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Cabrera Infante. El periodista que escribía novelas

Cabrera. El escritor cubano y su esposa Miriam retratados por el lente de Néstor Almendros.

Cabrera. El escritor cubano y su esposa Miriam retratados por el lente de Néstor Almendros.

La Razón / Rosa Pereda

00:00 / 18 de marzo de 2012

Cabrera Infante le gustaba definirse a sí mismo como “un periodista que escribe novelas”. Lo que parecía casi una broma más del autor de Tres Tristes Tigres, que entendíamos como la reivindicación de su aparición continua e iluminadora en la prensa escrita, porque lo habíamos leído primero como novelista, tiene ahora significados nuevos: vocacionales y estrictamente profesionales. Efectivamente, Guillermo Cabrera Infante fue un periodista, un crítico y un informador, y de primerísimo nivel. El primer tomo de las Obras Completas (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores), que es también el primero de los tres dedicados al cine —si incluyen finalmente sus guiones—, rescata, en torno a Un oficio del Siglo XX, la infinidad de críticas, reportajes, entrevistas y artículos sobre cine, más de 1.500 páginas en total, que G. Caín, uno de los seudónimos del joven Cabrera Infante, firmó en la revista Carteles, entre 1954 y 1960. Es decir, cuando Guillermo Cabrera Infante era un “periodista profesional”. Y aparece exactamente cuando se cumplen siete años de su muerte.

Antoni Munné, editor de la obra —y léase la palabra editor en el sentido anglosajón de la palabra: que ha investigado, contrastado, recuperado y fijado cuanto aparecerá en los ocho (o nueve) tomos proyectados—, ve en este primer volumen un valor añadido: “Las críticas de cine, y en general sus trabajos periodísticos, son la escuela en que forja su estilo. Cuando publica Ella cantaba boleros, en 1961, o Un oficio del Siglo XX, en 1963, ya está formado el gran escritor de sus grandes novelas”. Un escritor que, para Toni Munné, todavía no ha sido enteramente valorado: “Tres Tristes Tigres y La Habana para un infante difunto ya han sido reconocidas, pero la publicación de las Obras Completas va a ser una revelación. Vamos a ver a ese escritor profundamente renovador, a contracorriente, que fue muy incomprendido en su momento, porque la intelectualidad iba ideológicamente por otro camino. Yo creo que la escritura de Cabrera Infante pone en duda el canon de la literatura contemporánea, y que las Obras Completas le pondrán en el lugar que le corresponde”.

Toni Munné ha trabajado en íntima colaboración con Miriam Gómez, la viuda del escritor, durante más de tres años. “Se ha sentado aquí”, me dice Miriam Gómez, “días y días, horas y horas. Traía sus notas y preguntaba todo. Para que nada se le escapara”. Miriam dice de sí misma que sólo es “la médium” de Guillermo, pero es mucho más que eso: no sólo ha custodiado, leído y muchas veces “traducido” la enorme cantidad de papeles manuscritos, anotados, corregidos, que el escritor dejó en un montón de carpetas. Es que su memoria, y las notas que fue tomando en sus agendas a lo largo de los casi cincuenta años de convivencia, han servido de contraste y guía para la ordenación y localización de los papeles, para su certificación.

Y hay muchos inéditos rescatados de las hemerotecas, particularmente en la de la Biblioteca de la Ciudad de Nueva York, donde se guarda la colección completa de Carteles, y otras revistas cubanas de la época. De ahí han salido esas mil páginas hasta ahora inéditas en libro. Por ejemplo, el que Miriam recordara todos los seudónimos que utilizó Cabrera Infante, Pastora Niño, entre otros, ha permitido la identificación y publicación de artículos que ni siquiera se le adjudicaban. Pero el hecho de que Munné decidiera actuar como un lector que no da nada por sabido ha descubierto algunas claves. Una, da una vuelta de tuerca al sentido de Un oficio del siglo XX: dice Antoni Munné al final de su magnífico prólogo: “Sólo había un detalle que en todos estos años parece no haber llamado la atención de nadie. Al final del libro se indica, como es habitual, el lugar y las fechas de su escritura (…) Dice así: ‘Taco-Taco, 28 de diciembre de 1961-29 de febrero de 1962’. Triple broma”, continúa Munné, “el 28 de diciembre es el Día de los Inocentes, el 29 de febrero de 1962 nunca existió, no fue aquel un año bisiesto. Y el lugar, ¡ah el lugar! Taco-Taco, lugar en el que nunca estuvo Guillermo Cabrera Infante, y que nunca más aparecerá en toda su obra, es… la prisión cubana de Pinar del Río”. Por cierto, un lugar clave para la victoria de Castro, cuya toma permitió su entrada en La Habana. Toda su literatura es un milagroso juego de cajas chinas.

“La edición de la obra completa de Cabrera Infante es un work in progress”, dice Toni Munné. “Cuando empecé a trabajar con Miriam Gómez me di cuenta de que Guillermo había publicado en libro una parte muy pequeña de lo escrito. Hay mucho papel inédito y todo un ingente trabajo de periodista, no sólo en la prensa cubana de su juventud, o en la española y latinoamericana durante el exilio, sino también en la prensa inglesa, europea y norteamericana”. Sólo en El País de Madrid, según datos de su servicio de documentación, Cabrera Infante ha publicado 224 artículos, desde el 17 de abril de 1977, en que inauguró su sección Icosaedros en el dominical, al 27 de febrero de 2005, en que se publicó, ya póstumo, La castroenteritis aguda, sin duda su último artículo. Aún el 28 de mayo, salió en Babelia ‘Una pesadilla con personajes cubanos’, el relato breve que había enviado a Esther Tusquets para su antología El libro de los sueños, poco antes de morir.

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