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Cambiar las mentalidades

Castells cree que la transformación social y política no ha hecho sino empezar en todo el mundo

Internet • Los actos de rabia individuales se comunican globalmente. Foto: pinterest.com

Internet • Los actos de rabia individuales se comunican globalmente. Foto: pinterest.com

La Razón (Edición Impresa) / Tommaso Koch - El País

00:00 / 09 de agosto de 2015

El libro Redes de indignación y esperanza del sociólogo español Manuel Castells ofrece un análisis comparativo de orígenes, puntos de contacto y consecuencias de las distintas protestas espontáneas y colectivas que han ido surgiendo por medio planeta en los últimos años. Ahora la obra, publicada originalmente en 2012, se refuerza en una segunda edición que es “un 40% nueva”, en palabras de Castells.

¿Pero, por qué retomar el asunto? “Por un lado, se debe a la extensión de movimientos de este tipo a otras áreas del mundo, como Brasil, Turquía o Hong Kong. Y, por otro, a partir de la maduración de los procesos de cambio social se puede empezar a observar efectos a nivel político e institucional”, asevera el catedrático. “Esto acaba de empezar”, agrega.

miedo. Cada movimiento comienza con una mecha, una gota que colma el vaso de las injusticias. “Las sociedades se gestionan en base al miedo, la emoción humana más importante. Solo se supera con la indignación, que permite ir más allá del temor a que te pase algo. A partir de ahí, el acto de rabia individual o de unos pocos se comunica viralmente. Este es el rol fundamental de Internet”. Pero el estudioso también subraya la relevancia de los “espacios urbanos”, porque ya hay varias plazas cuyos nombres suenan a baluartes de la lucha para que otro mundo sea posible: Syntagma, Sol, Tahrir o Maidán están esparcidas por todo el planeta, pero significan lo mismo: levantar la cabeza.

Aun así, Castells aclara que la protesta colectiva solo es el primer paso, imprescindible para el cambio, pero en ningún caso definitivo: “Los movimientos siempre mueren”. La clave es cómo lo hacen, su legado. “Ganan si consiguen un cambio de mentalidad en la masa crítica de la sociedad”. Después, hace falta un partido “transformador” que recoja el guante y la herencia que deja el movimiento y se oponga a las formaciones tradicionales, más preocupadas de sí mismas que “de las personas”.

realidad. El sociólogo cree que el caso español es la mejor demostración de que la protesta colectiva no es solo catarsis y utopía, sino que también tiene reflejos reales. “Después del 15-M, han surgido actores como Podemos o, más importantes aún, las coaliciones cívicas que han tomado el poder en ciudades como Madrid o Barcelona”.

“¿Pero, de qué sirve que votemos a partidos que quieren cambiar, si luego pasa como en Grecia?”, le preguntó sin embargo una señora a Castells y Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, que acompañó al autor en la presentación del libro en Madrid. Tanto él como Iglesias defendieron que el cambio no se produce de un plumazo, sino con pequeñas batallas duras y diarias. “La política es horrible y abyecta”, llegó a decir Iglesias. Quizás exagerara. Pero en Syntagma o en Tahrir, muchos estarían de acuerdo.

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