Tendencias

Cántico traspasado

La Razón / Óscar Cerruto (1912 - 1981)

00:00 / 17 de junio de 2012

Altiplano

I

El Altiplano es inmensurable como un recuerdo.Piel de kirquincho, toca con sus extremos las cuatro puntas del cielo,sopla su densa brisa de bestia.

El Altiplano es resplandeciente como un acero.Su soledad de luna, tambor de las sublevaciones,solfatara de las leyendas.

Pastoras de turbiones y pesares,las vírgenes de la tierra alimentan la hoguera de la música.Los hombres, en el metal de sus cabellos,asilan el caliente perfume de los combates.

Altiplano rayado de caminos y de tristezacomo palma del minero.

II

El Altiplano es frecuente como el odio.

Ciega, de pronto, como una oleada de sangre.El Altiplano duro de hielosy donde el frío es azul como la piel de los muertos.

Sobre su lomo tatuado por las agujas ásperas del tiempolos labradores aymaras, su propia tumba a cuestas,con los fusiles y la honda le ahuyentan pájaros de luz a la noche.

La vida se les tiza de silencio en los fogonesmientras las lluvias inundan sus huesos y el canto del jilguero.

III

Altiplano sin fronteras,desplegado y violento como el fuego.

Sus charangos acentúan el color del infortunio.

Su soledad horada, gota a gota, la piedra.cantar

Mi patria tiene montañas,no mar.

Olas de trigo y trigales, no mar.

Espuma azul los pinares,no mar.

Cielos de esmalte fundido,no mar.

Y el coro ronco del vientosin mar.

Poética

No eres sólo el fulgor que sin mesuraestalla, ni su estrépito previsto.

Ni las apelaciones de la esfinge,o la avidez o la otra idolatría.

Lúcida sí, flagrante certidumbre,región de transparencia en la que inmersoestá el tiempo, zumbando, lo que somos,la boca memorable del augurio.

En un trono de hueso y santidades,abiertas las heridas, y la flechade las perpetuas causas en las sienes.

Eres esa palabra no gastada,amor, una mitad, como la aurora,en sombra. Una mitad implicaciones.

Cuya boca ardía

Me niego.

Me niego a entrar en el coroa corearal perpetrador con sombrerode probidadal abogado de la carcomael que dicta las normasy sacudeen la plazael árbol del usufructo.

El pozo verbal

Nada se sabepero las palabras se conjuranhostileschillan y se acuchillansaltan en el airelo infestanmovilizan llamaradascomo ráfagas de toroscomo tizones vivosque caldeanla pedana del escándalo.

Una palabrala no pronunciadaporque en ella estáinscritala dispersión de lo que amas.

Las palabras te ensalzante festejante mimante enjoyante besan las manosluego te muerden.

Las palabras te encumbrante glorificante esmaltancon azúcareste visten de luzte visten de floresluego te escupen.

Las palabras te calzan de orote coronan de laureleste reverenciante abruman con lisonjasluego te lapidan.

Las palabras te santificante cantan alabanzaste levantan en el aire¡qué alto vas!luego te entierran.

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