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Cantinflas a los cien

Los cien años de su nacimiento son un pretexto para rendir homenaje al cómico

La Razón / Jorge Luna Otuño

00:00 / 11 de diciembre de 2011

Con singular alborozo, y abrumados por diversas emociones que se aglutinan “al unísono”, arrancamos este saludo a un personaje queridísimo: Cantinflas, alter-ego del mexicano Mario Moreno Reyes (1911-1993). Se cumplen cien años de su nacimiento. Por supuesto, la cifra es un simple pretexto de saludo, nada le resultaría más extraño que un homenaje solemne y nostálgico. “Parece que se ha ido, pero no se ha ido”, así reza el epitafio, y esto es más que un último recurso de Mario para ganarle la pulseta a la muerte: es una realidad que se confirma cuando ves a tu nene revolcarse de la risa con una de sus pelis. 

Es una mañana soleada, en un par de horas se celebrará una gran corrida de toros. Cantinflas está parado a unos metros de la entrada al espectáculo. La cámara lo enfoca en medio de la muchedumbre, su figura resulta inconfundible, tiene la pinta de un pobre diablo de primera clase, 1,63 m y 64 kg sanforizados, viste una gabardina, que en realidad es un harapo, unos pantalones remendados que le cuelgan por debajo de las caderas, zapatos con agujeros y un sombrero desgastado. La película es sobre el famoso matador Manolete, y su personaje es el de un repartidor de periódicos. De humilde no tiene nada. En el correr de la historia Cantinflas se meterá en problemas y será detenido por la Policía.

En la comisaría reclamará ser tratado como lo que es, un periodista, y amenazará con llamar a la redacción de su periódico para denunciarlos por estar atentando contra “la individualidad colectiva de un individuo”. El jefe del recinto policial quedará atónito por unos instantes, no sabrá ni siquiera si entendió completamente lo que el detenido estaba reclamando. Para Cantinflas la cosa estaba clara: “el individuo individual debe individualizar para no desindividualizarse”. 

Este personaje de ojos picarescos, cejas danzantes y bigotes incipientes —con casi 50 películas en su filmografía—, es recordado como el comediante más grande de Iberoamérica. Sus primeros éxitos se remontan a los años 40, en que hacía del pelado que lograba salirse con la suya a fuerza de ingenio y algo de malicia. Sin embargo, el compromiso social y el constante activismo de Mario Moreno en su comunidad, sumados al trágico acontecimiento de la muerte de su esposa Valentina, hicieron que el personaje Cantinflas fuera variando, haciendo uso del humor ya no sólo como distensión o burla, sino además como arma de crítica social.  

Se dice que Mario era tremendamente tímido y poco sociable, Cantinflas no. Mario era el reservorio y Cantinflas la línea de fuga. No sólo compartían el cuerpo, también el buen gusto por las mujeres bellas, la afición por los tacos, y una rara e ingenua buena voluntad comprometida con la ayuda a los necesitados. En cuanto a las formas de relacionarnos con “el otro”, sus películas nos dejan más de una enseñanza. Por ejemplo, que para afirmar la propia individualidad no es necesario negar la del otro. La afirmación de Cantinflas es pura, desfachatada y alegre.

Mario decía de Cantinflas: “No es enemigo de nadie, pero se pasa la vida tratando de estar de parte nuestra. Encarna el aspecto simpático del pobre de todo el mundo”.

No dudaba en señalar que la más grave pobreza no es la que existe por falta de dinero, sino por falta de  respeto a las ideas. Recordemos Su excelencia, el discurso que da en la ONU: “Con humildad de albañiles no agremiados, debemos luchar por derribar la barda que nos divide: la barda de la incomprensión, de la mutua desconfianza, y del odio. Pero no la barda de las ideas, eso nunca. El día que pensemos y actuemos igual dejaremos de ser hombres para convertirnos en autómatas. Yo estoy convencido de que todas las ideas son respetables, aunque no esté de acuerdo con algunas. Las ideas diferentes no impiden que todos nosotros seamos muy buenos amigos.”

En el film se plantea una división entre dos bloques —clara alusión a la pugna capitalistas vs. comunistas)—, Cantinflas es representante de los países del Tercer Mundo, y en la Convención Mundial se requiere de su voto para resolver el empate. Su anuncio los deja fríos: elige votar nulo. Así afirma una nueva dignidad como base de otro desarrollo posible.  Ni a favor de unos ni en contra de otros, sino todo lo contrario.

Con Chaplin aprendimos a reírnos de los policías, pero con Cantinflas aprendimos a reírnos de los políticos. El político ejerce el uso del cantinfleo, ese mismo que Cantinflas usaba jugando con el lenguaje, forzándolo hasta sus extremos. Cantinflas era como un partido de oposición de un solo miembro. En una pugna política en México en 1937, Vicente Lombardo le respondió a su rival político: “Si Morones ha decidido mostrar su poder dialectal, que discuta con Cantinflas”. Habiendo sido aludido, Cantinflas dijo: “Ah, pero déjenme dejar algo bien en claro... amigos, hay momentos en mi vida que son realmente momentáneos y no es porque uno lo diga, pero hay que verlo... ¿Qué vemos? lo que hay que ver... porque, qué coincidencia amigos, que suponiendo que en este caso —no digamos lo que podría ser— pero debemos pensar en ello y entender la psicología de vida para hacer una analogía de la síntesis de la humanidad, ¿correcto? Bien, ése es el punto”. Tal cual.

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