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Cardenal ganó el Premio Reina Sofía de Poesía

El nicaragüense, también cura, nació en 1925; es autor de ‘Epigramas’ y ‘El estrecho dudoso’

cardenal. Nació en Granada, Nicaragua, en 1925. Es poeta y sacerdote. Fue ministro de Cultura del primer gobierno sandinista.

cardenal. Nació en Granada, Nicaragua, en 1925. Es poeta y sacerdote. Fue ministro de Cultura del primer gobierno sandinista.

La Razón / Rubén Vargas - Periodista

00:00 / 06 de mayo de 2012

El poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal (1925) fue elegido —por un jurado integrado entre otros por el portugués Antonio Lobo Antunes­— ganador de la décimo primera versión del Premio Reina Sofía de Poesía, uno de los reconocimientos más prestigiosos en el ámbito de la lengua española.

Cardenal —especialmente conocido por sus libros Epigramas (1961), Salmos (1964), Oración por Marilyn Monroe (1965) y el extenso Canto cósmico (1989)— es el último heredero de una de las tradiciones poéticas latinoamericanas más consistentes del siglo XX: la poesía coloquial y de corte narrativo nicaragüense.

Es una tradición que tiene entre sus características una particular atención al lenguaje cotidiano, la decisión de insertar la historia —la política y social pero también la personal y hasta íntima— en el poema y la incorporación de los más diversos registros para darle al poema la vitalidad del presente.

Esta tradición tuvo su piedra fundamental en El soldado desconocido (1922) de Salomón de la Selva, un libro de poemas que da cuenta del horror de la Primera Guerra Mundial —en la que el autor participó como voluntario— en la voz de los combatientes anónimos. Esa tradición se constituyó en las primeras décadas del siglo XX en un diálogo fecundo entre la herencia formal de Rubén Darío y el Modernism norteamericano: T.S. Eliot, Erza Pound, William Carlos Williams, Cummings. No es casual, por ello, que Cardenal sea también conocido y reconocido como traductor de poesía norteamericana. Entre sus traducciones se cuentan, por ejemplo, los Cantares de Ezra Pound, poeta del que se siente abiertamente deudor.

A la excelencia de esta tradición ha contribuido la obra de poetas como José Coronel Urtecho —cuyo magisterio reconoce Cardenal— y, especialmente, Joaquín Pasos (autor, entre otros de Poemas de un joven y del sorprendente Canto de guerra de las cosas) y Pablo Antonio Cuadra (Libro de las horas, Poemas con un crepúsculo a cuestas).

Ernesto Cardenal ha inscrito su propia poesía en la corriente llamada Exteriorismo. “El exteriorismo —dice el poeta— es la poesía creada con las imágenes del mundo exterior, del mundo que vemos y palpamos... el exteriorismo es la poesía objetiva: narrativa y anecdótica, hecha con los elementos de la vida real y con cosas concretas, con nombres propios y detalles precisos... en fin es la poesía impura”.

En sus mejores momentos,  la poesía de Cardenal logra unir la historia exterior y la historia personal, los referentes concretos de la realidad inmediata o de la historia remota —como en El estrecho dudoso, acaso su mejor libro: una crónica de la historia de Nicaragua— con las tensiones de un sujeto único y singular.  Así sucede —incluyendo cierto humor— en sus Epigramas y sus Salmos y con mayor intensidad en Gethsemani, KY.

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