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Reseña de una edición o apuntes para habitar el poemario ‘Temporalia 7’

El músico y gestor Cergio Prudencio presentó su libro con editorial 3600

Cergio Prudencio y su libro 'Temporalia 7'

Cergio Prudencio y su libro 'Temporalia 7'

La Razón (Edición Impresa) / Montserrat Fernández - poeta y crítica literaria

11:00 / 21 de febrero de 2019

No fue casualidad que un viernes de octubre de 2018 Willy Camacho me buscara todo el día sin suerte para encontrarme frente al ocaso y darme la noticia de que Cergio Prudencio había escrito un poemario. No fue casualidad tampoco que ante la confidencia y la contemplación de la conmovedora partida del sol, la imagen de un hombre domando el sonido ante una orquesta de instrumentos nativos se fusionara con el último fuego del sol, que extendió su luz hasta mis ojos para doblegarlos. No quedaba más que aceptar la invitación a la lectura y edición de lo que hoy puedo llamar Temporalia 7 “el eco del fuego en el tiempo”.

“Gira el mapa /con habitantes /hacia el sol” es la primera imagen que el poemario lanza y sabemos que la voz poética avista el horizonte para reconocerse nimia ante la inmensidad pero acompañada por ella: “aquí está allá /se siente en ambos territorios /el doble cuadrante en espejo /la rutina de los amartelos /mirándose cuando coinciden”. Después de que el verso da inicio a este conjuro, donde la voz poética coincide con lo Otro ya sea en júbilo o lamento, germina la prosa poética para describir una escena, una imagen retenida por los sentidos y trazada por las conexiones invisibles, acaso predestinadas, que despiertan el ojo, la piel, el oído… para que la voz poética, por primera vez, se sepa en vida. No cabe duda de que las escenas poéticas presentadas serán para el lector el momento donde el canto del verso se haga cuerpo tangible, se haga acción y se sienta cómo la coincidencia con lo Otro ha transformado la existencia misma de un ser que canta.

Más aún, las escenas serán, para el lector sensible, el tiempo de metamorfosis que todos buscamos porque no solo asistirá al encuentro entre un ser y la inmensidad, sino se reconocerá crisálida si se deja encontrar por la palabra. Así es el poder del conjuro de Cergio: primero nos marca un ritmo, el de la tierra y sus habitantes, el del cosmos mismo, y luego canta y cuenta el momento preciso de coincidencia, el instante donde una voz tenue se une al gran coro…No hay que olvidar que Cergio sabe de su oficio, sabe orquestar.

Con el diálogo del verso y la prosa poética se erige el poemario Temporalia 7. Por eso no es casualidad que la imagen de la apertura, esa que convoca al sol como testigo y acompañante, trace una escena donde el cuerpo del gran astro se hace presencia en la tierra para revelar a la voz poética que él también canta: “Una tarde, la persistencia del sol hizo flama, y ardió todo el pastizal exacerbando la fiebre de la loma. […] No recordaba bien los sonidos del suceso aquel, porque en el momento, las imágenes acapararon mis sentidos y solo fui ojos aterrados ante la ferocidad coreográfica del fuego. […] Recién después pude escuchar las voces de la furia en su eco tardío, devolviéndome, una y otra vez, a ese delirio atascado en un lugar imprecisable de la mente”. Así se inaugura el poemario, con el feroz encuentro entre una voz y el sol que cantará en la memoria para siempre. Si sabemos leer, si tenemos la paciencia que exige la poesía para habitarla, se podrá escuchar las crepitaciones de aquellos rescoldos en la palabra misma, y podremos habitar la escena y escucharemos el eco de las voces del fuego y los incendios serán conmovedores instantes donde el sol parece bajar a la tierra para ser el acompañamiento musical de cualquier voluntad.

Más adelante y después de varios encuentros, la voz poética sabrá también encontrarse consigo misma, y es en ese momento que los límites del cuerpo convocan a la mente para expandirse y fusionarse con la tierra: “La escena discurre /en la penumbra /detrás de la piel /y más adentro /en las vertientes ya /donde las tormentas /colisionan entre sí /y la fauna sale despavorida /hacia los linderos de la mente”. Habrá entonces una estampida de imágenes donde se escucha cantar a la voz de lo Otro que habita en mí. Esta estampida desemboca en la reflexión del mismo acto poético y se reconoce el poder de la palabra, la potencia de decir y crear, de decir y cantar; de permanecer unívoca, sabiéndose múltiple: “Una palabra /y debajo /su reflejo /y adentro /otra palabra /mirándose tal vez /en un espejo /o buscando salida /una palabra /¿cuál de ellas? /con su sombra al lado /y la sola sombra /luego /sin origen /una palabra /una de ellas /se arropa en mí /y en el aire /suenan ambas /a la vez /y son solo eso”.

Esta reflexión poética no solo nos permite vislumbrar la conflictiva relación de Cergio con su material de trabajo, sino sus intensas faenas para producir este poemario. Queda claro que el nacimiento de un poeta no es pasivo ni pacífico, porque cuando un hombre se sabe crisálida de un poema, combate. Ante el poema se activa el instinto social que defiende la pasividad con la que se habita ante el lenguaje, se resguarda una forma de existir con límites, en orden. Hay que saberlo: nacer poeta conlleva el dolor de observar, escuchar y cantar lo inasible, lo indecible, lo caótico.

No es extraño entonces que el poemario de Cergio termine con la voz poética en duda. Tal ha sido su recorrido, tal la ampliación de su ritmo, que la voz poética se sabe diminuta e inmensa, tan sola como acompañada, tan única como repetida, tan unívoca como fragmentada. Tal ha sido el recorrido por la palabra, que la duda es inevitable, porque no se puede cerrar con afirmaciones eso que se abre con la poesía. Esa apertura se queda exigiendo más exploraciones de ojo, de sonido, de tacto, de sabores y olores. Por eso también el último poema de Temporalia 7 canta el conflicto de regresar: “Cómo será esa tierra /cómo al llegar /se sentirá /sabiendo que no existe /cómo fundar nada allá /y cómo regresar /sin la melancolía /que iba a traer conmigo /justo será /soltar /y dejarse /o saltar /cómo será”.

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