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Christopher Reeve

‘¿Quién es Chris Reeve? El chico más dulce, listo y simpático que hubo en mi vida’, dijo el director Richard Donner

El fallecido actor Christopher Reeve. Foto: Internet

El fallecido actor Christopher Reeve. Foto: Internet

La Razón (Edición Impresa) / Juan José Cabrera

00:00 / 15 de noviembre de 2017

Cuando uno habla con fans de Superman y se les pide que nombren al actor que mejor ha interpretado al personaje, la mayoría responde que fue Christopher Reeve, que, además de hacer un extraordinario papel, fue un auténtico héroe en su vida personal. Reeve transformó la adversidad en una extraordinaria oportunidad que siempre tendrá repercusiones en el mundo. El 10 de octubre se cumplieron 13 años de la muerte del neoyorkino; tras su accidente en 1995, los fans hablaron de la supuesta “Maldición de Superman”, que vincularon a otros actores que se pusieron la capa roja.

Christopher D'Olier Reeve nació en Nueva York un 25 de septiembre de 1952. Estudió en el Princeton Day School. Debutó a los 15 años como actor en el Williamstown Theatre Festival y continuó su formación artística en la Universidad de Cornell, y fue seleccionado para estudiar arte dramático en la Juilliard School de Nueva York. Debutó en 1976 con A Matter of Gravity, junto a Katharine Hepburn y le siguió Alerta roja: Neptuno hundido (1977).

Sin embargo, el papel que le daría fama, prestigio y por el que el mundo lo conocería sería el de la película de Richard Donner Superman, de 1978, basada en el héroe del cómic de DC. Reeve era un excelente deportista: nadaba, jugaba al hockey sobre hielo, practicaba tenis y equitación, y era piloto. Cuando Donner vio su estatura, 1,93 metros, su apariencia de chico vivaz y gallardo cuyos rasgos se parecían asombrosamente a Clark Kent, el alter ego del héroe, comprendió que había encontrado a su hombre de acero.

Según el dibujante Alex Ross, Reeve electrizó aún más la leyenda del personaje con su atractivo de modelo, aportó claridad en la interpretación y en lo físico, con la masculinidad que irradiaba y su mandíbula marcada.

Por el filme recibió 250.000 dólares, los que empleó en mudarse con su esposa, la agente de modelos británica Gae Exton, a su nueva casa. Tuvieron dos hijos, Matthew y Alexandra.

La cinta convirtió a Reeve en una estrella mundial que rodó tres secuelas: Superman II (1980), Superman III (1983) y Superman IV (1987), la menos exitosa de la serie, en la que escribió parte del guion e intervino en producción.

Quizá el que se le identificara tanto con este personaje hizo que no hubiese gran progreso en su carrera, aunque por Deathtrap y Monseñor, Las bostonianas, Anna Karenina y El aviador recibió buenas críticas. Además, rechazó muchos papeles de películas de éxito como American Gigoló.En 1987 se divorció de Exton y conoció a la que cinco años más tarde sería su segunda esposa, Dana Morosini, actriz y cantante que le dio su tercer hijo, Will.

Tras una temporada dedicado a filmes de Tv, Reeve volvió a la pantalla grande en 1993, como el senador Jack Lewis en Remains of the day (Lo que queda del día), aclamado por la crítica. Le siguieron tres cintas más.

El 27 de mayo de 1995, la vida del actor cambió para siempre. En un concurso de equitación con salto de obstáculos en Culppeper (Virginia), sufrió una caída del caballo fracturándose dos vértebras cervicales y seccionándose la médula espinal, perdiendo la movilidad total del cuerpo y teniendo la necesidad de asistencia para respirar. Tras ser sometido a una peligrosa operación, solo pudo recuperar la movilidad de los dedos de su mano izquierda, que consiguió articular con mucho esfuerzo. Los médicos anunciaron que la lesión de Reeve era irreversible. Pasó seis meses en el Instituto de Rehabilitación Kessler en New Jersey, mientras Dana transformó la casa para adecuarse a la nueva realidad. Sin embargo, desde este momento fue que demostró ser un auténtico superhombre.

En los primeros meses sufrió emocionalmente e incluso pensó en el suicidio como relata en su autobiografía Still Me (Sigo siendo yo) de 1998, donde escribió que poco tiempo después del accidente le sugirió a su esposa: “Tal vez deberías dejarme y tal vez yo debería suicidarme, a lo que ella respondió: ‘Te diré una cosa, te apoyaré en todo lo que quieras hacer, porque es tu vida y tu decisión. Pero quiero que sepas que estaré contigo para siempre, toda la vida, hasta el final. Sigues siendo tú y te amo’”, para Reeve esas fueron las palabras que salvaron su vida.

Fundó The Christopher Reeve Foundation, que luego pasaría a llamarse Christopher and Dana Reeve Foundation, organización dedicada al cultivo de células madres y a ayudar a las personas que han quedado parapléjicas o tetrapléjicas como él. Fue un ícono de la lucha ante la adversidad y jamás desistió en buscar una cura para su mal.

Ícono. La desgracia le llegó al actor de Superman. Dicen que fue una maldición, pero él la sobrellevó hasta su muerte, hace 13 años.

La filantropía de Reeve ya era conocida mucho antes de sufrir el accidente. Visitaba hospitales con niños y adultos con enfermedades terminales, en algunos casos vistiendo el traje de Superman. En 1989 fundó con otros actores Coalición Creativa para impulsar labores culturales y ecológicas.

En 1997 debutó como director de cine en In the gloaming, sobre un joven que vive con sida. Y en 1998 protagonizó La ventana de enfrente, junto a Daryl Hannah. Fue invitado a los programas Sesame Street, The Practice, además de ser invitado especial en la serie Smallville como Virgil Swann, un científico que le dio a Clark Kent (Tom Welling). Así Superman volvió a estar presente en su vida.

En 2002 publicó el libro Nothing is Impossible: Reflections on a New Life, que en español se tradujo como Todo es posible. Pero a pesar de su determinación y la mentalidad de un superhombre, su cuerpo se iba deteriorando.  

La noche del 9 de octubre de 2004 mientras recibía un tratamiento con antibióticos, tuvo un ataque cardiaco, según su doctor, por una reacción adversa al medicamento. Entró en coma y 18 horas después, el 10 de octubre de 2004, falleció en el Hospital North Westchester de Nueva York a la edad de 52 años.

John Williams, compositor de la banda sonora de Superman, afirmó en un documental que “siempre era perceptible que Chris Reeve tenía algo, que era mayor que un actor, que Superman y que su papel en el mundo del espectáculo. Era una misión humana mayor”.

Christopher Reeve fue una persona amable, apasionada por colaborar con las personas que más necesitan y sobre todo con los niños especiales, los enfermos y discapacitados. Tras su accidente realizó su mejor actuación: ayudar a sus semejantes. Por mucho que entristezca su muerte, su vida fue maravillosa hasta el final.

  • Juan José Cabrera es comunicador y docente universitario

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