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Ciencia, tecnología y economía precolonial

El desarrollo económico de los imperios inca y tiwanacota estuvo basado en una serie de originales innovaciones tecnológicas

tejido tiwanacota

tejido tiwanacota

La Razón / Bernardo Corro Barrientos - antropólogo

00:00 / 03 de marzo de 2013

En los museos de los países andinos y del mundo se encuentran algunos objetos elaborados por los imperios andinos precoloniales como el inca y el tiwanacota. Los objetos son sobre todo de alfarería, tejidos y orfebrería, todos de sugestivos y artísticos diseños, formas y colores. Mientras los primeros fueron hechos de barro y arcilla, los segundos con finas fibras de camélidos y vegetales y los últimos de oro y plata. Se considera que la belleza de estos objetos revela el alto grado de refinamiento de los linajes y clases superiores de los imperios andinos.

Algo que no merece la atención de las autoridades culturales son los objetos fabricados en “otro tipo de metales”. Es frecuente, en efecto, que ese tipo de objetos no se encuentren expuestos en los ambientes mencionados porque se los considera “toscos y desdeñables”. Las autoridades culturales ignoran en general en qué consistían estos objetos y lo que significaban para las sociedades que los fabricaron. Los objetos en metales como el cobre, el bronce y otros revelan en realidad, el grado de desarrollo económico, productivo, tecnológico, cultural y científico (no escrito) de esos imperios. Este aspecto no es conocido por los países andinos, pese a su gran importancia.

Lo que se producía con esos otros metales eran en particular herramientas de trabajo destinadas a incrementar la productividad de los diversos sectores productivos y de servicios. Las herramientas constituían los elementos tecnológicos motores que contribuían al fuerte desarrollo económico, social e institucional de los grandes imperios. Esas sociedades llegaron a alcanzar los más altos niveles de civilización en la región conocida posteriormente como América.

Los objetos revelan también que los recursos humanos y técnicos de esos imperios no sólo se ocupaban de la agricultura campesina sino que también se consagraban, y en gran medida,  al desarrollo de otros sectores como la minería, la metalurgia, las manufacturas del cuero, del textil, de la alfarería y de la construcción en gran escala. Significaba asimismo que existían cadenas institucionales y de conocimientos técnicos y científicos más avanzados que los que se piensa generalmente. En los círculos intelectuales de los países andinos se piensa aún que las sociedades mencionadas apenas habían llegado a la etapa de la agricultura campesina, es decir, que se encontrarían aún en la “edad de piedra”.  Esto significa subestimar y reducir la importancia de los imperios andinos. En realidad, estos imperios se encontraban bien adentrados en la “edad de bronce”, es decir, en una etapa más adelantada que los imperios azteca y maya.

El uso de las nuevas tecnologías en los diversos sectores productivos significó el crecimiento de la economía y el potenciamiento de los imperios tanto tiwanacota (siglos II aC - XI dC), como sobre todo del inca posteriormente (XIII-XIV dC). Este potenciamiento impulsó su desarrollo y la expansión de las actividades productivas en mayor escala territorial. La expansión se dirigía hacia la transformación de las fuerzas productivas de un extenso territorio de América del Sur.

La producción minera y de los componentes del bronce en particular se realizaba en las distintas regiones donde dominaban estos imperios, así como su procesamiento metalúrgico y manufacturero.

La alianza política y económica, o la “pax incaica”, que contraía el Estado vencedor con las elites vencidas en las diferentes regiones, se traducía en el establecimiento de un sistema económico “general” en el que todos resultaban beneficiados a medio y largo plazo.

Por otra parte, el modelo de desa-rrollo de los imperios andinos tendía a la transformación manufacturera “interna” de las materias primas minerales y no a la exportación en bruto a las metrópolis externas, como sucedió posteriormente con la invasión española. Se trataba, por consiguiente de un desarrollo económico y tecnológico “autocentrado”.  La intensa actividad minera y metalúrgica señala igualmente que la metalurgia del bronce se había convertido ya en la “tecnología de punta” de las economías de los imperios andinos. El desarrollo simultáneo de los diversos sectores productivos señalaba que los grandes imperios impulsaban un “patrón productivo equilibrado y diversificado” y no uno concentrado en enclaves en algunos productos y en algunas zonas privilegiadas.

La separación posterior de las actividades extractivas, por un lado, y de transformación de las materias primas, por el otro, fue uno de los legados más dañinos de la colonia española a los pueblos colonizados. Esta separación fue el fundamento del proceso de desarrollo y del subdesarrollo consecutivo entre algunos países y regiones del mundo.

Con la llegada de los españoles se impuso la producción sólo del oro y de la plata en forma de enclaves y se dejó en el abandono el modelo homogéneo anterior de equilibrio regional y sectorial. El modelo desarticulado significó que las actividades productivas que subsistían, como la agricultura, debían en adelante servir para beneficiar a los enclaves extractivos orientados a la exportación de algunas materias primas hacia la metrópolis externa. Los sectores productivos como la minería diversificada, la manufactura metalúrgica y el desarrollo tecnológico fueron eliminados y abandonados.  

Con la caída sobrevino la destrucción inmediata de un gigantesco y dinámico sistema económico y productivo y la liquidación física de miles de científicos y técnicos del imperio inca. Con la colonia española sólo sobrevivió la pequeña agricultura campesina.

Los imperios andinos tuvieron la sabiduría de impulsar un desarrollo económico, institucional y social sumamente dinámico, en un contexto geográfico y ecológico particularmente difícil. Otros imperios del mundo, como el egipcio, el griego y el romano, pudieron desarrollarse en contextos ecológicos y geográficos más favorables. Por las diversas innovaciones realizadas en los mecanismos económicos y productivos, se puede decir que la vía incaica constituyó una vía histórica “original” de desarrollo respecto a las de los imperios mencionados. (La información de este artículo proviene del libro ‘Antropología económica del imperio inca’ de próxima publicación. Este texto es el resumen de la conferencia del autor, el jueves 28 de febrero, en la Universidad de Todos los Saberes organizada por la Embajada de Francia y otras instituciones.)

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