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Ciudadela. Viaje al corazón de San Pedro

La película documental de Diego Mondaca sobre la cárcel de San Pedro se estrena el 22

La Razón / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 18 de noviembre de 2012

Nada permite pensar —por lo menos en los primeros tramos de Ciudadela, el documental del cineasta boliviano Diego Mondaca— que lo que está sucediendo en la pantalla ante los ojos del espectador ha sucedido dentro de los muros de una cárcel. Hay niños que dan inocentes vueltas en un patio, mujeres que cocinan pacientemente el almuerzo, hombres a los que parece que se les va la vida en un partido de fútbol o bailando t’inku en una fiesta. No hay barrotes, no hay candados ni cadenas, no hay guardias armados ni presos uniformados. Lo que sucede cotidianamente ahí adentro se parece inquietantemente a lo que sucede cada día también afuera.    

Esa tensión entre el adentro y el afuera —que por su ambigüedad lanza preguntas al espectador sobre el sentido del encierro y el sentido de la libertad— parece estar en el centro de las preocupaciones y ocupaciones de este documental de casi una hora de duración que se presentará al público de La Paz el 22 de noviembre en el Centro Cultural de España (Av. Camacho 1448), después de haber sido visto en importantes festivales internacionales, como el de Amsterdam y el de Buenos Aires.

La presentación de Ciudadela ha estado precedida por la inauguración de una exposición fotográfica, también en el Centro Cultural de España, de Juan Gabriel Estellano. La muestra del joven fotógrafo, en el mismo espíritu que la película, muestra la vida cotidiana dentro de los muros de la cárcel de San Pedro en La Paz.

El encierro y la libertad —estar adentro o estar afuera— temas que están presentes en Ciudadela son también los temas que dominan La Chirola, el multipremiado cortometraje con el que Diego Mondaca se dio a conocer en 2009. La experiencia y la vivencia de Pedro, el personaje del cortometraje, en la cárcel de San Pedro (adentro) y en la ciudad de La Paz (afuera) marcan el ir y venir de los 26 minutos de esta producción.

Para Diego Mondaca, formado en la escuela de cine de San Antonio de los Baños de Cuba, ambas audiovisuales están íntimamente relacionadas. Por esta razón, como otra antesala a Ciudadela, La Chirola se presentó nuevamente al público en 8 de noviembre. Ciudadela. Desde su nombre, Ciudadela establece una correlación entre el mundo interior de la cárcel y el mundo exterior de la sociedad. “Se trata de evidenciar —dice Diego Mondaca—que ese lugar (la cárcel) existe, que está en el centro de La Paz y que ahí es donde se desarrolla la vida, donde nacen y crecen niños, donde viven mujeres y donde se reproducen todos los códigos que encontramos en la ciudad. San Pedro es una suerte de maqueta de La Paz, un reflejo de nuestra sociedad”. La singularidad de la cárcel de San Pedro —un régimen en el que los presos pueden vivir con sus familias, donde la seguridad está a cargo de los propios reos y donde son ellos mismos los que garantizan el funcionamiento cotidiano del centro de reclusión— ha sido ya puesta en evidencia desde el punto de vista social y jurídico. Incluso ha sido explotada como un atractivo turístico.  A contrapelo de esas evidencias, a Mondaca y al equipo que lo acompañó en la realización de Ciudadela no le interesa intentar una explicación —y menos una justificación o una condena— de esa realidad. “Nosotros —dice el cineasta— no tenemos la capacidad ni podemos ponernos en la posición de decir: Esto es así. No somos hombres de leyes. A nosotros no nos interesaba el dato, no queríamos describir la cárcel. Lo que queríamos era transmitir nuestra experiencia al entrar en San Pedro. No teníamos palabras para explicarnos a nosotros mismos cómo es que pasa todo eso. Por ello nos orientamos enteramente a la emoción. Queríamos evitar discursos, queríamos evitar construir las palabras para el espectador. Lo que queríamos era construir una emoción que, en el mejor de los casos, provoque reflexiones en el espectador, que sea él el que hable, el que dialogue con la película y no que la película sea la que le vaya diciendo una serie de cosas”.En esta medida, Ciudadela es una película sugerentemente silenciosa. Silenciosa en el sentido de que hay  muy pocas palabras —breves testimonios de algunos presos o de sus familias—. Lo que no quiere decir, por supuesto, que no haya sonido. El sonido de la cárcel está presente en todo momento —a cargo de Rubén Valdés— porque es el sonido de la vida. Y es elocuente.     tiempo. Para Mondaca, la manera cómo se imagina la cárcel está guiada por una serie de prejuicios. Uno de ellos es la manera cómo se imagina el tiempo del encierro. Se lo piensa  como un tiempo muerto, un tiempo suspendido de la vida real, que es la que transcurre afuera.     “En un primer momento —cuenta Mondaca— habíamos pensado que el tiempo de la película tenía que ser un tiempo distinto al de la realidad: hecho de planos muy lentos. Ése fue nuestro primer cuestionamiento estético, porque cuando ingresamos a San Pedro con Andrés Boero (el fotógrafo del documental), nos quedamos opas.  Porque adentro había vida, movimiento, una dinámica y una reconstrucción y apropiación del espacio. Entonces tuvimos que hacer una relectura de todo el proyecto, desde las ideas sonoras hasta las ideas audiovisuales para adaptar esos códigos y esa realidad que nos rebasaba a un lenguaje cinematográfico”.El espacio de San Pedro retratado por la cámara en Ciudadela es un espacio que parece inacabable—el montaje fue realizado por Aldo Álvarez—. Patios, graderías, escaleras, canchas, corredores, puerta, techos, pasadizos que se suceden sin fin.  “El espacio de San Pedro es un espacio escheriano”, dice Mondaca, haciendo alusión a los dibujos laberínticos y a las construcciones “imposibles” del artista holandés M.C. Escher.Y en ese espacio, con su propio ruido y su propio movimiento, transcurre la vida cotidiana de los presos y de sus familias. Por un momento puede parecer que uno está en el centro de la ciudad al mediodía.    Ese espacio abigarrado de la cárcel pone en cuestión una de las ideas centrales que guía la construcción de los penales como espacios de reclusión y de castigo. Es la idea de la construcción panóptica, el artefacto arquitectónico concebido para “vigilar y castigar”, como dice Michael Foucault en su célebre libro.Una construcción panóptica supone que desde un solo punto se puede ver —y vigilar— todo el espacio. Es la mirada omnipresente de la ley para la cual no puede haber nada secreto ni nada oculto. Uno de los castigos “morales” a los que el régimen penitenciario somete al recluso es que éste debe saber que en todo momento, haga lo que haga y esté donde esté, está siendo vigilado, está siendo mirado. Frente al laberinto sin fin de San Pedro, frente a la multiplicación de los espacios sin centro hasta los límites de lo inverosímil, la pretensión panóptica del espacio carcelario no puede ser sino una mera ilusión. Hay unos pocos planos que muestran las garitas de los guardias, suspendidas sobre la multiforme ciudadela penitenciaria. Son una imagen de la más absoluta soledad.La dinámica de la fotografía de Ciudadela permite entrever que así como hay cosas y realidades que se muestran , hay otras que no son visibles, que permanecen en el misterio. Otra inquietante dimensión de  este viaje a San Pedro.     Ciudadela se estrenará en La Paz el 22 de noviembre en el Centro Cultural de España. El director ha escogido este espacio y no una sala de cine con un propósito definido. “Si la estrenamos en una sala —dice— la verían cuatro personas y dos de ellas serán seguramente cineastas”. La proyección se realizará en el patio del centro cultural. “Vamos a estar rodeados de edificios, vamos a estar amurallados”, dice Mondaca. “Queremos que la reflexión sobre la película venga desde otras miradas, desde los literatos, desde los artistas visuales, desde la psicología y la antropología. Desde la gente de la calle”.

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