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Clásicos y criollos bajo la misma batuta

Un concierto de la Orquesta Sinfónica y Música de Maestros combinará instrumentos y sonoridades con un repertorio tradicional de tierras altas y bajas

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador - periodista

00:00 / 21 de junio de 2015

Los conciertos que se van a celebrar el miércoles y jueves en el Centro Sinfónico serán muy diferentes a los habituales en este teatro. Willy Posadas, que dirigirá la Orquesta Sinfónica Nacional en estos dos días, lo tiene claro y lo dice sin rubor: “esta vez somos los acompañantes”. Más protagonismo va a tener la orquesta criolla de Música de Maestros, que ha elegido el repertorio para la ocasión. Los músicos de ambos elencos compartirán partituras, director y escenario, que se va a quedar un tanto estrecho, pero en el que se espera que ocurra algo: que se rompan las barreras entre la música llamada popular y la llamada culta.

Conciliar dos estilos musicales en principio tan dispares es un reto que anima a Posadas: “la sonoridad va a ser novedosa, ellos aportan instrumentos que nosotros nunca usamos y yo tengo que explotar eso”. El director de Música de Maestros, Rolando Encinas, confía en el trabajo que ambos ya han realizado: “ha llevado tiempo adaptar todo, pero estamos preparados para trabajar juntos”.

Existe un precedente que sirve de referencia. Hace dos temporadas las dos orquestas compartieron este mismo escenario, pero solo tocaron una pieza. Ahora se trata de todo un concierto, lo cual supone “una gran responsabilidad” para Encinas. “No sé si los músicos están nerviosos pero yo sí lo estoy. Tocar con la primera orquesta del país no es lo mismo que amenizar una reunión con algunos entusiastas”.

Uno de los problemas a superar es precisamente el diferente bagaje de los instrumentistas. Aunque “hay zampoñistas y bandolinistas lectores”, según Encinas, buena parte de los intérpretes de Música de Maestros son autodidactas, tocan de oído y no saben leer una partitura, lo cual puede dificultarles el coordinarse con otros 90 músicos. Tienen aún varios ensayos por delante para lograrlo. Posadas confía que en estos días nadie pierda de vista su batuta en ningún momento, aunque él también va a estar “muy atento y muy pendiente de lo que hacen ellos”. Los intercambios que han habido hasta hora han sido tranquilizadores: “les conté cómo es el método de la Sinfónica. Ellos también me explicaron su manera de trabajar, que es más instintiva, pero funciona”.

Otro obstáculo a superar será el de los volúmenes. La Sinfónica tiene más músicos que la folklórica, y toca instrumentos más potentes. Posadas y Encinas también van a ensayar esta mezcla. Para compensar a unos y otros, lo más probable es que se decidan por algo que se ve muy pocas veces en ese escenario: “poner amplificación porque si no, la Sinfónica se los come”, coinciden los directores.

SINFONÍA. Esos músicos folklóricos que sí leen van a ser de gran ayuda para interpretar la obra estrella de estos conciertos: la —según Encinas— única sinfonía autóctona boliviana que existe, Escenas de la altipampa boliviana, compuesta por Adrián Patiño en 1946. Música de Maestros grabó sus cuatro movimientos hace diez años, pero desde entonces la ha tocado en directo unas pocas veces. “La partitura indica pasajes para el fagot que muy probablemente Patiño había pensado para la quena, que es con lo que nosotros la tocamos” indica Encinas. “Pero en aquel momento Patiño solo contaba con músicos con formación académica y entre ellos no había quenistas. Ahora sí los tenemos”.

En la primera parte del concierto sonará esta sinfonía y Kunuskiu, otra pieza también de Patiño y tradicional de La Paz. Tras el descanso, el repertorio llegará de todas las regiones del país e incluirá —además de cuecas, huayños y el famoso foxtrot Boquerón, en referencia a la guerra del Chaco— un popurrí oriental con taquiraris, carnavalitos y un aticu, al que se sumarán tres cantantes populares. “La diferencia entre altiplano y oriente está en la sonoridad”, explica Posadas. “La música altiplánica, con zampoñas y quenas, es más orquestal, más profunda, más instrumental. La oriental es más cantada, más melódica, con melodías más vivas”.

El tercer participante en estos dos conciertos, además de las dos orquestas, será el público. Se espera que acudan oyentes de todo tipo, tanto amantes de la música como espectadores ocasionales. Ambas orquestas consideran ésta una buena ocasión para sumar adeptos. “Va a ser para el público que ya nos conoce y también para quien normalmente escucha música clásica. Les vamos a ofrecer una música boliviana más estructurada, con arreglos, más depurada… por ahí los atraemos”, afirma Encinas.

El compositor que oía los vientos y las rocas

En ‘Escenas de la altipampa boliviana’ Adrián Patiño construyó un universo musical propio y singular que retrata la tradición y los sonidos de las montañasÓscar García - músico y poeta Un conflicto bélico, entre otras trágicas cosas, remueve las emociones de toda índole. Y por supuesto, fuerza a las gentes a expresarse de mil formas. De todas esas formas, y en particular durante el conflicto boliviano-paraguayo, la guerra del Chaco, las expresiones más duraderas y dolidas estén quizás todavía rondando en las estaciones hoy solitarias y abandonadas.

A lo mejor hay momentos tan o más terribles que una despedida. Quizás saber que no hay milagros, que los poderes son efímeros, que se han secado los viñedos. Pero las despedidas, en las estaciones, habrán sido especialmente tristes e irrepetibles. Desde ahí es que quedan palabras y músicas. Que no sonidos. Sería un golpe a los sentidos poder escuchar un documento sonoro de una despedida en la estación de Sucre, por ejemplo.

Patiño, Adrián Patiño, compositor que supo escuchar en su entorno los vientos seduciendo las rocas que hacen las veces de órganos en las montañas, está siempre volviendo. Ahora con una sinfonía andina, Escenas de la altipampa boliviana. Normalmente, de las músicas tradicionales bolivianas de tierrras altas se suele destacar el timbre de los instrumentos, aerófonos por el particular desarrollo de la organología en estas tierras. Pero hay más que solo el timbre, hay un sistema envolvente, giros melódicos, estructuras que sostienen formas poco estáticas, simultaneidades sonoras que no son precisamente armonías resultado del desconocimiento de reglas o de la torpeza en la afinación.

Es un universo musical que responde a otras direcciones. No mejores ni peores, distintas. De ahí, de ese universo y con técnicas, instrumentos y pensamiento musical occidental, que no es nada más que una decisión en medio de tantas constricciones, salen las músicas de Patiño. En medio de un continente redescubierto, en medio de un canto general y de palabras dirigidas al interior de América, la completa, la llamada morena, hubo músicas que tomaron también a sus tradiciones para llevarlas como estandarte en algunos casos, como escudo en otros y también como muestra exótica en algunas ocasiones. De ahí también salen las músicas de Patiño, y de tantos otros, y de los poetas y de las poetas. De los pintores, de los muralistas. En fin, un continente hablando y sonando.

En estos días y como parte de un largo proceso que está gestando y está restando y confundiendo y corrigiendo, un proceso que incluye y que quiebra, se han abierto una vez más, y con resultados disímiles, las músicas de la Bolivia rural, pasadas por un tamiz urbano para resolver asuntos de identidad, cuando no de blanqueamiento y de modernidad entendida desde lenguajes que adornan bien a un mundo homogéneo, técnicamente preparado para la repetición.

Este concierto, el de los días 24 y 25 de junio, compartido entre la Orquesta Sinfónica Nacional y Música de Maestros tiene parte en esta larga historia y es precisamente una historia de sonidos articulados, una escucha al interior, un repaso y un reposo en los creadores de quienes heredamos los decires y los quehaceres.

Músicas de tierras altas y de tierras bajas, compositores y poetas de ambas alturas dispersas serán parte de este concierto que, por supuesto, tiene ya a favor la pulcritud de los intérpretes y la voluntad creciente de saber dar pasos adelante, después de haber dado varios atrás. Una suerte de retroproyección, en este caso, musical.

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