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Contemplar el silencio

La escritora catalana Natàlia Cerezo está en la Feria del Libro de Santa Cruz

Autora. Natàlia Cerezo nació en Castellar del Vallés, España, en 1985.

Autora. Natàlia Cerezo nació en Castellar del Vallés, España, en 1985. Foto: www.lactual.cat

La Razón (Edición Impresa) / Rodrigo Urquiola Flores - escritor

00:00 / 05 de junio de 2019

En las ciudades escondidas, de Natàlia Cerezo (Castellar del Vallès, España, 1985), es un libro de cuentos, publicado por la editorial barcelonesa :rata_, que en 2018 ganó el Premio El Ojo Crítico, otorgado por la Radio Nacional de España. Fue primero publicado en catalán. A poco tiempo de su salida al público recibió elogiosos comentarios y no es para menos.

En las ciudades escondidas es un libro que, después de leerlo, te hace sentir que hay algo en lo que miras mientras caminas en las calles que no estás observando bien. Te deja la sensación de que donde sea que uno esté está sucediendo un cuento, algo tan pequeño y tan grande que puede ser atrapado por la ficción, que, para percibirlo, solo hace falta que uno detenga sus pasos, de seguro acelerados por el cotidiano vaivén de las ciudades, respire una bocanada profunda de aire, y escuche las voces que aparentemente no dicen mucho pero que están diciéndolo todo.

Los 15 cuentos reunidos en el libro de Natàlia Cerezo son construcciones bastante cuidadosas. Todo en ellos es medido, sutil y, al mismo tiempo, generoso y deslumbrante. Las imágenes que uno está obligado a observar con detenimiento cuando lee esta narrativa son fotografías que no necesitan explicación, que, precisamente, dicen más porque no necesitan una explicación evidente.

Si uno se pone a pensar en el título del libro —En las ciudades escondidas— fácilmente podría llegar a la conclusión de que es un cuento por sí mismo, una miniatura que busca decir algo pero no explicarlo todo: hay algo oculto en las ciudades, quizás mujeres escondidas, quizás las ciudades es una sola ciudad, quizás la ciudad son todas las ciudades, quizás una mujer, asimismo, puede ser todas las mujeres, quizás son las ciudades o la ciudad lo que se oculta, el alma de ellas, dentro de las personas, quizás cada quién, sea varón o mujer, lleva la ciudad escondida dentro de sí.

En el primer cuento, Incendio, se relata la pérdida y el transcurrir de la vida de un niño cuando se convierte en adulto. Es un cuento hecho de imágenes, de recuerdos, de las sensaciones de una persona que no entiende del todo qué es lo que está sintiendo, pero que, sin preguntar, busca comprender. Esta delicadeza se repite en todos los cuentos del libro. En mi favorito, ¿Cómo puede ser este hombre mi padre?, sucede lo mismo, hay algo que ocurre, en este caso el accidente de un conocido del padre de la narradora, y todo está envuelto en las aparentes brumas de la incomprensión del momento, aparente incomprensión que, en realidad, narra el cuento que existe debajo del cuento, sensaciones que son el fruto del paso del tiempo, percepciones que no podrían existir sin la memoria, una memoria que no es capaz de decirlo todo pero que tampoco busca ocultar la verdad y que te obliga a preguntarte: ¿qué es la verdad en estos relatos?, y entonces uno descubre que probablemente toda verdad sea inalcanzable, que apenas se puedan agarrar breves trozos, como piezas de un espejo caído, que ya no son capaces de reflejar un todo por sí mismos sino apenas rastros de lo que queda, y así como la verdad absoluta es inalcanzable para los personajes lo es para los lectores, quienes nos asomamos a estas vidas de ficción para preguntarnos qué es lo inalcanzable en nosotros mismos, en nuestro cotidiano caminar por las ciudades que habitamos.

Hay, también, en los cuentos de Cerezo cierta paz de la contemplación de un paisaje que podría antojársenos rural como contradicción al mismo título que nos indica el bullicio de las ciudades. Quizás tanto silencio en estos relatos sea una manera de escapar al ruido melodramático que a veces sufrimos, al ruido caótico que es inevitable, a las conversaciones plenas de gritos y a las carcajadas falsas, a la rigidez plomiza de los edificios y a las bocinas fastidiosas de los autos. En las ciudades escondidas es un gran libro para encontrar el silencio y contemplarlo, para hallar un oasis de paz y descansar mientras se observa algo que, quizás, está ocurriendo, o no ha terminado de ocurrir, a miles de kilómetros de distancia.

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