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El Corpus Triste de 1812

En sus ‘Tradiciones peruanas’, el escritor Ricardo Palma se refiere a los sucesos del 27 y 28 de mayo de 1812 en Cochabamba. Este texto propone algunas precisiones históricas

Foto: Internet

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La Razón / Alejandro Antezana S.

00:00 / 11 de marzo de 2012

En su reconocida obra Tradiciones peruanas, el escritor Ricardo Palma resumió magistralmente los hechos históricos de Cochabamba relacionados con el jueves 28 de mayo de 1812, día en que fue fusilado el protomártir de la independencia Mariano Antezana Casafranca y que coincidió con la fiesta religiosa de Corpus Christi, bautizada entonces como el día de Corpus Triste.

La narración de este evento que el historiador peruano tituló precisamente El Corpus Triste de 1812 relata que luego de la revolución del 14 de septiembre de 1811 “… unidos los de Cochabamba a la división que comandaban Castelli y Balcarce alcanzaron en Aroma una importante victoria”, a cuyo efecto “el virrey del Perú encomendó al arequipeño José Manuel Goyeneche la pacificación del territorio sublevado; y el brigadier de los reales ejércitos después de derrotar a los patriotas en la recia batalla de Guaqui, se dirigió a Cochabamba donde nuevamente fueron vencidos los insurgentes en la sangrienta acción de Viluma”.

Enseguida agrega que “creyendo Goyeneche aniquilado para siempre en los cochabambinos el espíritu de rebelión, se encaminó con su ejército a Chuquisaca y Potosí, para batir a los guerrilleros argentinos, pero Cochabamba se insurreccionó nuevamente y, después de prisionera y desarmada la guarnición realista, fue aclamado en el carácter de gobernador don Mariano Antesana, criollo acaudalado y de gran prestigio en el pueblo por su ilustración y por lo enérgico de su carácter”.

“Goyeneche —continúa el tradicionalista limeño— se vio forzado a desistir de la campaña iniciada contra los rebeldes del Río de la Plata y volvió sobre Cochabamba, alentando a su ejército con una proclama que decía a sus soldados que los declaraba dueños de vidas y haciendas de los insurgentes… —y del otro lado— aunque Antesana estaba convencido de la total insuficiencia de elementos bélicos para resistir a las bien disciplinadas tropas del brigadier arequipeño y opinaba por una retirada hasta reunirse con fuerzas argentinas, tuvo que inclinarse ante el entusiasmo del pueblo decidido a esperar a los españoles”.Luego de comentar la lucha en la colina de San Sebastián, donde las mujeres pelearon como leonas, Palma describe que ocupada ese mismo día la ciudad,  “...el saqueo, la matanza, la violación y el incendio dominaron en Cochabamba hasta la medianoche del aciago 27 de mayo”.

Con referencia al jueves 28 de mayo de 1812, Palma expresa que Goyeneche no quiso que ese día dejase de salir la procesión de Corpus y dictó las órdenes del caso, “el brigadier acompañado de su Estado Mayor, en traje de parada y llevando en la mano el guión, concurrió a la fiesta que los cochabambinos bautizaron con el nombre del Corpus Triste. El Conde de Guaqui, con aire humilde y contrito, se arrodillaba y rezaba delante de los altares precipitadamente levantados en el trayecto de la procesión” …entretanto, piquetes de tropas registraban las casas para apresar a los simpatizadores con la revolución y de rato en rato se escuchaban detonaciones de armas de fuego con las que se fusilaban a los patriotas cochabambinos.

“A la una del día terminó la procesión —prosigue el relato histórico— y hallábase Goyeneche en el salón de la casa agasajando con refrescos a los de la comitiva, cuando se presentó un oficial llevando a don Mariano Antesana, vestido con el hábito de descalzo franciscano… avanzando hacia el prisionero le dijo: —¡Ah señor Antesana! me alegro de verlo; no esperaba semejante visita, vendrá usted arrepentido de su traición al rey… Antesana no le dejó continuar, interrumpiéndole con estas palabras, según lo relata el autor de las Memorias del último soldado de la Independencia: –¡No, señor general; no soy hombre de cometer una indignidad cobarde. Estoy pronto a comparecer ante Dios. ¡Viva la patria!”

Concluye la narración expresando que “a las tres de la tarde sentaron a Antesana en un poyo de adobes en la acera oriente de la plaza. Cuatro soldados, a seis varas de distancia, dispararon sus fusiles sobre el pecho del gran patriota. Su cabeza clavada en una pica, custodiada por un piquete de tropa permaneció tres días en la plaza de Cochabamba. Así festejó don José Manuel de  Goyeneche el Corpus Christi de 1812”.

Totalmente clara, trascendental y digna del mayor elogio, la descripción de Ricardo Palma sobre los sucesos relacionados con el 28 de mayo de 1812. No obstante, el rigor histórico precisa formular algunas preguntas y puntualizaciones sobre el particular.

Es evidente que las Memorias del último soldado de la Independencia (de Juan de la Rosa) fueron la base principal del relato de Ricardo Palma, tal como éste lo cita expresamente. Sin embargo, se puede decir con certeza que no fue esa su única fuente, puesto que dichas Memorias no mencionan, por ejemplo, que el 27 de mayo Antezana hubiera propuesto la retirada “para reunirse con las fuerzas argentinas” ni se señala puntualmente que fue fusilado por “cuatro soldados a seis varas de distancia”; por lo que nos preguntamos: ¿cuáles fueron las otras fuentes documentales a las que recurrió Ricardo Palma para brindar esos datos tan exactos? ¿Dónde estarán esas fuentes? ¿Será posible acceder a ellas?

Por otra parte, cabe anotar que en las fuentes documentales de esa época, y especialmente en la documentación oficial firmada por Mariano Antezana —tanto en la etapa prerevolucionaria como en la etapa de Gobernador y presidente de la Junta de Cochabamba— su apellido invariablemente aparece escrito con z, y no con s como lo presenta Ricardo Palma; lapsus lingüis que implica una imprecisión, voluntaria o involuntaria, que carece de explicación.

Si bien es cierto que Joaquín Mariano Antezana Casafranca era un criollo acaudalado que fue nombrado Gobernador por aclamación popular durante la segunda revolución de Cochabamba del 29 de octubre de 1811, su gran prestigio en esta provincia no sólo provenía de su ilustración y carácter —como asevera Palma— sino de los infatigables esfuerzos y destacada contribución a la causa de la independencia, con sus servicios y fortuna, incluso desde fechas anteriores a la primera revolución cochabambina, a lo que se sumaría su frontal oposición al colonialismo español y su decidida vinculación con los promotores argentinos de la revolución del 25 de mayo de 1810 y con los insurgentes altoperuanos de la primera década del siglo XIX.

Decir que “unidos los de Cochabamba a la división que comandaban Castelli y Balcarce alcanzaron en Aroma una importante victoria”, es un error; puesto que en la batalla de Aroma del 14 de noviembre de 1810, los realistas fueron derrotados por tropas de cochabambinos y orureños comandados por Esteban Arze y Melchor Villa Guzmán (Quitón), sin la participación de comandantes, oficiales o tropas argentinos. Fue posterior la unión del ejército revolucionario de Cochabamba al ejército auxiliar comandado por Juan José Castelli, Juan González Balcarce y Eustaquio Díaz Vélez y su primera acción militar conjunta fue en la batalla de Guaqui del 20 de junio de 1811.

VILUMA. Dice Ricardo Palma que después de derrotar a los patriotas en la batalla de Guaqui, el ejército de Goyeneche se dirigió a Cochabamba donde nuevamente fueron vencidos los insurgentes “en la sangrienta acción de Viluma”; cuando debió decir la sangrienta acción de Amiraya (o de Sipe Sipe) de 13 de agosto de 1811.

La acción de Viluma (o Viloma, que también se conoce como la segunda acción de Sipe Sipe), tuvo lugar en Cochabamba el 29 de noviembre de 1815, es decir, cuatro años después de la batalla de Amiraya a la que quiso referirse Palma. En la batalla de Viloma el ejército del Rey al mando de Joaquín de la Pezuela derrotó al tercer ejército auxiliar argentino comandado por José Rondeau; con la consecuencia de que los patriotas sufrieron más de 1.000 bajas, la Junta de las Provincias Unidas del Río de La Plata perdió definitivamente las provincias del Alto Perú que pasaron a formar parte del Virreinato del Perú y Pezuela fue nombrado Marqués de Viloma.

Por último, indica Palma que el saqueo de Cochabamba del 27 de mayo de 1812 habría durado sólo hasta la medianoche; lo que es inverosímil en una situación de predominante ocupación armada y que, a la vez, es contradictorio con fuentes fidedignas que indican que la acción represiva de tierra arrasada ejecutada por el ejército de Goyeneche después de la batalla de la Coronilla habría durado varios días más, hasta el 2 de junio de 1812 inclusive.

Con todo, es completamente valorable que en su obra capital Ricardo Palma haya dedicado un acápite a los infaustos sucesos del 27 y 28 de mayo de 1812, cuando Cochabamba sufrió el fusilamiento de decenas de patriotas y todos los horrores de la guerra ejecutados por las  tropas de Goyeneche y Lombera, en plena fiesta religiosa de Corpus Christi hace 200 años.

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