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Crónica, un género anfibio en un país mutante

Todo país aspira ser un resumen del mundo. Esta pulsión irrealizable tiene tantas versiones como banderas. En Bolivia, la síntesis también es, obviamente, imposible. Más aún cuando el mundo parecía haberse resistido a enterarse de su existencia: perdida en un rincón remoto del orbe aunque cada día más a la vista. Así, este libro no pretende resumir el país de ninguna manera. ¿Cómo intentar reducir su extrema complejidad, su incipiente vocación por sentirse ombligo del mundo, su escenificación paródica, su multiplicidad ilimitada? ¿Quién entiende este chen’ko tan chipado?

El libro ‘Bolivia a toda costa’ reúne 14  crónicas de 14 autores sobre las diversas caras del  país de hoy.

El libro ‘Bolivia a toda costa’ reúne 14 crónicas de 14 autores sobre las diversas caras del país de hoy.

La Razón / Fernando Barriento / La Paz

00:00 / 11 de diciembre de 2011

Con distintas intenciones, recursos y resultados, las primeras narraciones (escritas, vamos a redundar) producidas en estos lugares fueron las crónicas del período colonial, redactadas por personas de diferentes esferas públicas y privadas. Sin dudas, queda Bartolomé de Arzans Orzúa y Vela como la cabeza del nacimiento de nuestro canon. La República se inicia produciendo un relato de la violencia de su formación a través del testimonio: El Diario del Mayor Tambor Vargas. Entre 1861 y 1862 Gabriel René Moreno se dedicó a compilar y contextualizar la cobertura de los diarios de la época sobre unos fusilamientos por causas políticas en Matanzas de Yáñez. Ya en la tercera década del siglo XX será Augusto Céspedes quien con sus Crónicas heroicas de una guerra estúpida presentará dolorosos reportes sobre unos sitios y unas gentes que el país ignoraba y que se visibilizan con la Guerra del Chaco. Con las estampas de una ciudad perdida y añorada en Imágenes paceñas y con los retratos entre ficcionales y reales de Vidas y muertes, Jaime Saenz introduce el giro autobiográfico, que es continuado por el escritor Víctor Hugo Viscarra a través de Borracho estaba, pero me acuerdo, donde revelará la vida que subyace en los bajos fondos, ignorada por el centro (vale decir, por las usinas que manejan las ficciones del poder). Si bien no existe una tradición tan rica como en poesía, es suficiente para establecer algunos hitos y observar que en Bolivia la no ficción, la crónica, el relato de los hechos, ha sido producido por escritores, soldados, sacerdotes, periodistas, archivistas, etc. Un género anfibio en un país mutante.MUESTRAÉsta sólo pretende ser una muestra, más o menos representativa, del estado del género en el presente inmediato en Bolivia. No busca recoger ni a los mejores ni a todos los cronistas. Tampoco se intenta acá dilucidar, por fin, qué es Bolivia o qué demonios es ser boliviano. Tan sólo se ha procurado reunir un conjunto de crónicas sobre algún tópico boliviano que además conformara un patchwork lo suficientemente heterogéneo para ser correlativo de la diversidad (otro tópico boliviano) de miradas, métodos y estilos de la no ficción boliviana actual. Creyentes de que el género siempre ha germinado en todo terreno (y que seguirá siendo así) acá hay periodistas, escritores, un par de sociólogos y un crítico musical.

Escribiendo desde diferentes lugares, con distintos enfoques. Escribiendo desde la experiencia o desde la investigación (periodística o de las ciencias sociales) o desde esa frontera que demarca sin éxito los géneros. Así, la multiplicidad de registros, temas y voces no deberá percibirse como contradictoria sino más bien complementaria. CRÓNICASEl azar, la arbitrariedad, la contingencia han deparado estas 14 crónicas: el perfil del sastre que ha vestido a los últimos presidentes bolivianos y que es el creador de la imagen personalísima de Evo Morales; las historias límite que recorren las carreteras nacionales; el libro de memorias del narcotraficante más importante del país; el recuento tras bambalinas del concurso de Miss Bolivia; los testimonios de la vida insufrible que miles de trabajadores bolivianos soportan en las maquiladoras de Buenos Aires o Sao Paulo; la historia de unos cantantes de hip hop de El Alto que alaban a Cristo rapeando en aymara; una versión de los horrorosos hechos acontecidos en Porvenir en 2008 y sus consecuencias recientes; el relato emocionado de un partido que sirve de excusa para hablar del fútbol como fenómeno social en Bolivia; una visita guiada por los ambientes de la morgue de Santa Cruz y sus historias; un puñado de aguafuertes que capturan danzas, personajes y lugares revelando el lado insólito que anida en el cotidiano de la ciudad de La Paz; el retrato de un curandero menonita que se interna cada vez más profundo en el trópico y en sus creencias para poder seguir sanando en paz; el jocoso backstage de la solemne primera conmemoración del Día de la Reivindicación Marítima; una exhaustiva reflexión sobre el sino post–punk y vanguardista de la cumbia boliviana; las confidencias de una escritora acerca de su larga e íntima relación con las empleadas domésticas (o trabajadoras del hogar); el diario de campaña de un candidato campesino a alcalde que va y viene entre su natal Arbieto y la lejana Virginia sin nunca dejar de soñar; la crónica del cada año menos inusual festejo de Todos Santos en el Cementerio de Chacarita en Buenos Aires, Argentina. Una pequeña, pero surtida colección de souvenirs bolivianos.

Más que indagar sobre los múltiples sentidos de una palabra grave nos interesaba mostrar algunas formas posibles en las que, aquí y ahora, una comunidad se imagina. Nuevos ritos, viejos temas. Nuestras derrotas, nuestras victorias, nuestras batallas futuras. Coherentes con nuestro sesgo autorreferente acá no hay glosarios. No hacen falta para pasear por nuestros lugares comunes. Las grandes y pequeñas mitologías que van naciendo en nuestro siglo XXI. Bolivia a la vista.

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