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DUNKERQUE

Nolan, un director con mayúsculas, entrega cine del bueno en una muy bien balanceada combinación entre lo bélico y el suspenso.

Dunkerque es la nueva cinta de Christopher Nolan. Foto: denofgeek.com

Dunkerque es la nueva cinta de Christopher Nolan. Foto: denofgeek.com

La Razón (Edición Impresa) / Pedro Susz / La Paz

00:00 / 20 de agosto de 2017

Por qué volver a estas alturas a un episodio bélico acaecido en 1940, en la II Guerra Mundial, y que ha sido algunas veces antes abordado por el cine? La principal razón es que al director británico Christopher Nolan así se le antojó. El capricho o el atrevimiento no son un mal punto de partida en tiempos de estandarización global de temas, géneros, formatos y todo. Desde luego no son tampoco justificación suficiente, a menos que el antojo responda a alguna necesidad, ya sea abordar aristas precedentemente dejadas de lado o simplemente por el gusto de plantearse el reto de un emprendimiento difícil por su envergadura y ver si se sale bien librado, en términos dramáticos, narrativos y de puesta en imagen.

Nolan se ganó un prestigio, por ahora intacto, como responsable de la trilogía oscura de Batman (2005, 2008, 2012), aun cuando un quinquenio antes ya había concitado la atención con Memento (2000), anticipando que se trataba de un realizador cerebral, inclinado a los relatos no lineales, a los saltos en el tiempo, muy atento a los embrollos de la condición humana. Confirmó estos rasgos estilísticos en Insomnio (2002) o Interestelar (2014), solo para citar un par de títulos que reafirmaron aquella impresión inicial de estar en presencia de un cineasta de raza —de los que sobreviven pocos en la gran industria—, reticente al acomodo en las fórmulas del mainstream impuestas por los productores.

Dunkerque, pequeña ciudad portuaria francesa, se convirtió en una eventual trampa inescapable para alrededor de 400.000 soldados británicos sometidos a un pertinaz bombardeo de la Luftwaffe, del 26 de mayo al 4 de junio de 1940, en plena ofensiva alemana sobre Francia. Para peor los submarinos alemanes se encontraban en los alrededores prestos a torpedear cualquier barco identificado como de la marina británica. Winston Churchill puso en marcha la Operación Dínamo, expropiando y/o convocando más de un millar de embarcaciones civiles, la generalidad de pequeña envergadura, con el propósito de evacuar y así salvar la vida de la mayor cantidad posible de efectivos. Todo ello en una carrera contra el tiempo.

Como en toda la filmografía de Nolan, el tiempo es si se quiere otro protagonista esencial. Los tres espacios en los cuales discurre gran parte del relato, relacionándolos con la distancia entre Dunkerque y Gran Bretaña, además de entremezclarlos con fines de enriquecimiento dramático: la playa, los barcos civiles, uno de los aviones Spitfire asignados a cubrir la evacuación sostienen un abanico de subtramas paralelas mediante las cuales el director construye la historia sin perder en ningún momento el norte ni dejar que el espectador lo pierda. El suspenso, ingrediente medular de la puesta en imagen, está sostenido apelando al desdoblamiento del relato en esos tres escenarios, tierra, mar y aire, en los cuales discurren tres momentos: un día, una semana, una hora, que el relato alterna de manera abigarrada pero singularmente precisa.

El director no se toma casi nada de metraje para contextualizar el asunto o describir a sus personajes. Nos sumerge de buenas a primeras en la acción acompañando la aterrada carrera de un grupo de soldados casi adolescentes por una calle de Dunkerque, camino a la playa. Salvo Tommy, el protagonista, todos perecen en el intento. Y será justamente a la escala humana del terror de Tommy a la cual se atiene la mirada, bordeando las tentaciones épicas, salvo durante algunos tramos del final en los cuales se filtran una que otra salida de tono patriotera, sin mayor avería para el conjunto.

Los avances y las victorias se prestan fácil para las exaltaciones, y muy ocasionalmente las retiradas o las derrotas y esta —no obstante haber salvado la vida de tanta gente— a su manera lo fue, según se ocupó de señalar el propio Churchill en un mensaje del que fragmentos se escuchan sobre el final de la película: “Debemos de ser cuidadosos de no darles a estos sucesos los atributos de una victoria. Las guerras no se han ganado con evacuaciones”.

Volviendo a la pregunta del principio, la respuesta se encuentra en el propio resultado de esta muy balanceada combinación de película bélica y de suspenso. Estamos ante una muestra de cine-cine, hecho con las entrañas. Se advierte en la cuidadosa textura visual y en el manejo de la cámara, involucrada de cerca en los avatares de los personajes convirtiéndose en casi uno más de ellos.

Por añadidura Nolan se atreve con el fuera de campo, recurso casi olvidado por el cine, que con toda la parafernalia mediática se atiene ahora a la regla de la mayor visibilidad posible. A los soldados alemanes no se los ve nunca, solo los aviones materializan una presencia que, sin embargo, por la ausencia resulta aún más ominosa. Y en varias secuencias el pánico en aumento de los supervivientes rodeados de cadáveres se refleja simple y complejamente en sus miradas.

No menos osada es su renuncia a verbalizarlo todo, una artimaña recurrida en la mayoría de las películas actuales, que apuestan por la redundancia porque no creen en la capacidad de comprensión del espectador. Aquí los diálogos son escasos y escuetos, dejando al logrado contrapunto entre la imagen y la música la tarea de sumergir al espectador en la densa sensación de pavor que acosa a los personajes. A su manera un tributo al cine silente, fuente de enseñanzas a la cual Nolan, según confesó en varias entrevistas, le interesa volver siempre.

Amerita subrayado especial el trabajo de composición del experimentado Hans Zimmer, quien encuentra en todo momento el balance para no perseguir un protagonismo indebido de la música, la cual sin embargo cumple una tarea fundamental en la construcción, del primer al último minuto, del envolvente clima cargado de premoniciones de tragedia inminente.

Nolan, indiscutiblemente un director con mayúsculas, opta por el ritmo sin pausa, no en sumisa observancia del alocado subterfugio que apela al movimiento frenético para encubrir la ausencia de rumbo y substancia en tanta producción última, sino como lícito procedimiento para conectar emocionalmente al espectador con las aprehensiones de esos individuos encarados a la incertidumbre de la supervivencia. De eso va Dunkerque.

Ficha técnica:

Título original: Dunkirk.

Dirección: Christopher Nolan.

Guion: Christopher Nolan.

Fotografía: Hoyte Van Hoytema.

Montaje: Lee Smith.

Diseño: Nathan Crowley.

Arte: Toby Britton, Oliver Goodier.

Efectos: Matthew G. Armstrong, Warwick Boole.

Música: Hans Zimmer.

Producción: John Bernard, Erwin Godschalk.

Intérpretes: Fionn Whitehead, Damien Bonnard, Aneurin Barnard, Lee Armstrong, James Bloor, Barry Keoghan.

Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Países Bajos/2017.

  • Pedro Susz es crítico de cine

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