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Daniel Abreu: El dolor se convirtió en algo bello que puede contemplarse

El bailarín español (Premio Nacional de Danza 2014) reflexiona sobre su obra ‘Cabeza’.

Daniel Abreu. Foto: Álvaro Valero

Daniel Abreu. Foto: Álvaro Valero

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda / La Paz

23:40 / 19 de septiembre de 2018

Cabeza, del bailarín y coreógrafo español Daniel Abreu —ganador del Premio Nacional de Danza 2014— tiene seis años de vida. Sin embargo, ese momento no fue propicio para que él se conecte a profundidad con la obra. De forma excepcional a su ética creativa —trata de no llevar a su estudio los problemas cotidianos—, una experiencia dolorosa le hizo volver a ella y terminó por transformarla y alimentarla. La pieza, personal y emotiva, abrió el Festival Danzénica 2018 en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez el 13 de septiembre. La cita con la danza contemporánea cierra hoy en dos escenarios: A las 11.00 en Utópica (Av. García Lanza 1000, entre c. 9 y 10 Achumani) y a las 19.30 en el Teatro Municipal (Jenaro Sanjinés e Indaburo).

— ¿De qué se trata esta obra?

— Esta pieza la creé en 2012, tuve un par de presentaciones y la dejé ahí porque no me conectaba del todo con ella. Después de varios años y de haber creado otros espectáculos, me invitaron a Brasil a presentarla. Una vez que la retomé, estaba en mi cuerpo, ahora tenía mucho sentido. La idea detrás de Cabeza es recrear o reproducir qué es lo que le pasa a uno internamente cuando sufre un shock, ya sea positivo o negativo, lo que quise es volver a esta especie de parálisis, de velocidad mental y tratar de transcribirlo en una obra de danza.

— ¿Cómo desarrolló la obra a lo largo del tiempo?

— La pieza se ha ido transformando sutilmente para convertirse casi en un viaje onírico, de ensueño, por decirlo de alguna forma. Transcurre de una realidad hacia algo místico, que tiene que ver con un “continuará”.

Es un trabajo estético que parte de un esfuerzo muy duro físicamente. Es un cuerpo que se mueve a mucha velocidad y después con lentitud. Y a partir de ahí, va recreando un paisaje corporal, que lleva casi a un estado místico o espiritual.

Está muy relacionado con aquello que nos pasa internamente cuando recibimos una noticia que no nos gusta. Y cómo podemos llegar a pensar que todo lo que sucede es para bien.

— ¿Qué le permitió conectarse con ella?

— Cuando voy al estudio intento que las vivencias personales no me afecten. Pero en ese caso fue muy dura, iba al estudio y todo lo que salía era el dolor de aquella experiencia. Y al irla encajando dentro de mi vida, aceptando esa situación y viviéndola como algo lógico e incluso bueno para mi existencia, fui acogiendo la obra con mucho más amor, cariño y belleza. Ese cambio, esa transformación, se debe a que entendí que no hay nada que sea tan negativo o tan duro como para no acogerlo. Así que después de abrazarlo, transformé esa sensación en algo que tiene que ver con un espectáculo de danza.

En esta obra estoy hablando de lo humano, de lo que nos pasa todos los días. No es algo lejano, no es algo que no se entienda. De hecho cuando los espectadores la ven, la recogen, se la llevan consigo. Muchos no llegan a decir nada, simplemente me dan un abrazo, con las lágrimas en los ojos, pero no en el sentido de tristeza, sino de que algo les ha tocado.

— ¿Qué transformaciones permitió esta conexión?

— El cambio se dio porque lo que viví y hacer el trabajo me ha dejado de doler. Ahora lo adoro incluso cuando es físicamente exigente. Se fue dando poco a poco; el dolor se convirtió en algo bello que puede contemplarse.

La obra mantiene la misma estructura pero me ha permitido suavizar los movimientos. El final es muy reciente; antes yo sentía que podía contar hasta un punto, pero ahora necesito cerrarlo de otra forma. Es un final abierto, como en las películas que muestran un coche en marcha y no hace falta que te cuenten a dónde se dirige porque sabes a dónde irá. Haber hecho eso en danza me parece un logro. Lo que sí, es que han pasado seis años. Mi físico no es el mismo, estoy por los cuarenta y no tengo la misma fuerza. En Cabeza, tengo que estar muy alerta, hay partes donde pongo el cuerpo en mucho riesgo y también tengo que ver que no se me cuele el estrés de la gira. Sin embargo, soy mucho más rico en detalles, controlo más mi cuerpo y bailo mucho mejor.

— ¿Cómo encara el proceso de creación?

— No me gusta cuando me cuentan la historia del príncipe y la princesa que van a tener un conflicto pero que al final quedan queriéndose, éstos son cuentos de Disney, que está muy bien, pero que ya no nos representan como humanos. Ahora vivimos muchas otras cosas, posibilidades, encuentros y desencuentros. Todo esto es la danza, el arte contemporáneo. Vivimos en la era Instagram donde la información nos llega muy rápido y yo intento que mi danza esté cercana a eso, que no se aleje de lo que estamos viviendo día a día. Para crear tenemos que ser impactantes con las imágenes, no podemos desarrollarlas a menos que tengan un sentido. El contenido de lo contemporáneo es la repetición, la insistencia y en mi obra  está ese discurso. Y también necesitamos cambiar rápidamente.

En mis obras son muchos los cuadros, pero cuando llegas al final, te das cuenta, por todos los sitios que se ha paseado, de que hubo distintas fotografías de distintos lugares que hablan de lo mismo. Y mis obras tienden más hacia eso, que puede que al principio no entiendas muy bien cómo se conectan, pero están todas dentro del mismo sitio: entiendes el viaje y te das cuenta de lo que hubo.

— ¿Cómo decidió interpretar esta obra en este momento?

— Pasa que hay piezas que tienen un recorrido muy rápido, otras que empiezan a tener su presencia y su fuerza dos o tres años más tarde y otras que siguen ahí. Considero que la conexión con lo artístico se adelanta en el tiempo. Porque de pronto empiezas a entender la realidad desde otro sitio y cuesta que todos lleguemos allí, a ese mismo ritmo.

La danza tiene siempre esa connotación de que no se entiende; todo eso es un cliché que hay que cargarse. Si el espectáculo no funcionara, yo no lo seguiría bailando. Tengo muchas producciones en mi repertorio, son más de 60, y podría escoger perfectamente con qué girar. Pero esta obra ha decidido que éste es el momento para estar presente en muchos sitios a la vez (Andreu comienza en La Paz una gira que lo llevará por Latinoamérica durante dos meses).

Pérfil:

Nombre: Daniel Abreu

Profesión: Bailarín y coreógrafo

Íntimo

El artista nació en Santa Cruz de Tenerife en 1976, se formó en ballet clásico y danza contemporánea. Esta última es el área en que se desarrolla su trabajo. Fue parte de importantes compañías de danza como Gloria García Compañía y  Provisional Danza. Algunas de sus obras como artista independiente son A cal (2003), Cuerpo a tierra (2004), Perro (2006) y Los pies delcalzos (2005).

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