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Elisa Ruby: las claves para que un talento se haga éxito

La bailarina nacida en EEUU de madre boliviana tiene una promisoria carrera y actuará en La Paz.

Foto: CAP

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La Razón (Edición Impresa) / Tania Delgadillo Rivera / Crítica de danza

00:01 / 31 de octubre de 2018

Elisa Ruby Pereyra es una joven bailarina nacida en Estados Unidos, de padre estadounidense y madre boliviana. Con apenas 13 años de edad, tiene compromisos artísticos como una profesional: viajes de por medio, responsabilidades y exigencias propias de una artista de la danza.

La vida de Elisa por cierto no es la de una niña común de su edad. Asiste a un curso de formación en ballet clásico en el prestigioso centro Sarasota Cuban Ballet School (SCBS) de Estados Unidos, en donde sigue el programa Preprofesional. Ingresó a esta escuela que ofrece un riguroso estudio que se caracteriza por formar a jóvenes talentosos, en la carrera profesional de danza, con el famoso método cubano de ballet. De esta exigente escuela, los bailarines pasan a formar parte de compañías como el Dance Theatre of Harlem, el Milwaukee Ballet, el Cincinnati Ballet, el Tulsa Ballet, el Boston Ballet, el San Francisco Ballet, el Ballet West y el Royal Ballet.

Claudia Pereyra, cofundadora de CAP Escuela de Danza, y madre de Elisa, nos confiesa que tuvo que tomar la difícil decisión de sacar a su hija de la escuela formal, ya que la exigente formación requeriría 26 horas semanales de estudio de ballet. Claudia, exbailarina profesional, es también pedagoga, lo cual le favorece a la hora de tener que apoyar a su hija todas las mañanas a seguir un programa estatal de escolarización a distancia, para casos especiales como el de Elisa.

Cada mañana —cuenta— ambas se despiertan temprano para realizar una rutina de pilates en casa y luego continuar la jornada matinal con los deberes escolares. De lunes a viernes, Elisa asiste a sus clases de ballet desde las 14.00 hasta las 18.00, y los sábados de 09.00 a 13.00. Aparte de estudiar los diferentes estilos y géneros de danza, Elisa toma clases de elongación, una vez por semana, para mantener y reforzar la flexibilidad ganada cuando practicaba gimnasia artística. Los días jueves, después de su rutina de ballet, viaja hasta Orlando para tomar clases privadas de jazz y contemporáneo.

Elisa visitó La Paz recientemente, donde se presentó, como invitada especial, para desempeñar roles de solista en el espectáculo de aniversario de los 25 años de la escuela de danza CAP, de propiedad de su familia. Retornó a Estados Unidos al concluir sus presentaciones, pues otro compromiso la espera los días 7 y 8 de noviembre, junto al SCBS donde participará en la obra Carmina Burana, para retornar a La Paz el 9 del mismo mes, ocasión en que la escuela CAP presentará Coppelia, una de las famosas obras del repertorio que conjuga la danza clásica, la danza de carácter y la pantomima. Elisa hará el papel de la muñeca, uno de los personajes protagónicos.

Para llevar una vida como la de Elisa, se necesita un sólido apoyo familiar, no cabe duda. Así, su madre se convirtió en el principal pilar para que esta talentosa joven pueda cumplir el sueño de ser una bailarina profesional, el mismo que lo alcanzará gracias a su esfuerzo personal, su pasión y una formación de primer nivel.

Claudia, su madre, reconoce haberse sentido agotada más de una vez: “He tenido momentos difíciles, pues debo apoyar en los estudios a Elisa; viajar más de 100 millas para llevarla a sus clases. Muchas veces he tenido que conducir hasta cuatro horas en un día”, relata.

La joven bailarina entra sigilosamente a la sala donde dialoga con Claudia, pues se prepara para la presentación de la noche. Su grácil figura y su dulce sonrisa me dicen que es feliz con lo que hace. Y me confiesa: “Me siento increíble. La altura no me afecta. Las niñas de la escuela (refiriéndose a las estudiantes de CAP) son muy dulces y buenas conmigo”.

“La danza es mi vida, si no fuera por la danza no sé quién sería”. Elisa es consciente del apoyo y sacrificio de su madre. Y con un gesto noble de reconocimiento, dice: “En mi vida mi mamá es el soporte, porque ella hace todo para mí, desde la mañana haciendo la escuela conmigo hasta la noche, manejando de Orlando a Tampa”.

En este camino del arte de la danza, Elisa no solo tiene grandes condiciones, pues ha sido considerada como “niña prodigio”, sino además, cuenta con todas las oportunidades que le brinda el medio en el que vive: grandes escuelas, programas de profesionalización, afamadas compañías que abren sus puertas a talentosas estudiantes como ella, y por sobre todo, tiene el apoyo decidido y apasionado de su familia, y el de su madre en particular”. Elisa llegará muy lejos. Nos dice que en sus sueños se ve “bailando en el Bolshoi de Rusia”.

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