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Danzante de mapa adentro

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla Torres (Coco Manto)

00:00 / 03 de agosto de 2014

ISi ven que baja la lluvia crecida en la cordilleraadvertirán que en zig zag se allega a la sementeradonde un viento enamorado se le apareja festivo.Quiere la lluvia zafarse de ese bailarín furtivoy se adentra en una chacra, el viento no se resignabusca ser comparsa viva... y la lluvia se persigna.El sol se les mete en medio y como en la leyenda aimarase abre la fiesta en el aire y es pasante la antawara. En esta imagen se engarza la condición del Danzanteque va por la geografía de su patria rutilante.Cuando el boliviano danza parece que su alma tienelo que el picaflor goloso que en el aire se detiene.En el cósmico escenario oro y azul de los Andesla fiesta del pueblo empieza, la gente se pone grandesalegrías y ajustados disfraces para alzar vuelopor un perfil de la crisis y por encima del duelo.                                 II El Danzante peregrino va por pueblitos y lomas,amontona sus nostalgias, les da vuelo de palomasy al  paso de Llamerada que va ensayando la gentese aproxima a la plazuela para olisquear el ambiente.Liviano, oscilante, tierno, se toma un buen sucumbé‚se proyecta en un Kaluyo diciéndose ¿y ahora qué? Por la calle del orgullo suenan bandas y matracas,el Danzante ve venir multitud de Waca Wacas—la antítesis del toreo que mana sangre en la arena—.Todo se alumbra en la tarde, madrina de la verbena.                                  Ahí vienen Suri Sikuris con sus penachos de plumasde ñandú, de suri andino. Mira Ch’utas en las brumasde la multitud creciente, observa a los Cazadoresy Choquelas, le da risa el aire de los Doctorescoloniales, Auki-aukis, lenta vejez sin secretode la vanidad y donde vaga el amor sin objeto.                                IIIComo una red misteriosa le inmovilizan dos ojosde Carnavalito airoso y el Danzante con sonrojosse dice:  si es un mandato que sea, pues, yo sí creoque el erotismo es un ángel endiablado en el deseo.La Cueca entonces envuelve a un hombre y a una mujerque en una vuelta y su quimba se deciden florecer.No quiere comprometerse y se ayunta sin más ritoque la que auspicia el fragor de un último Bailecito. Aplacadas las pasiones de ese encuentro imprevisible,los dos firman un adiós con su sello de imposible y aunque el insomnio le muerde al alba se va el Danzantecon un resquemor a cuestas y un olvido por delante.                                    IVAtraviesa el altiplano y un Huayño de aire redondole empuja a tierras solares. Serpenteando llega al fondo del valle donde el destino se remece en la Wallunk’a,oye un Takipayanacu y sabe que siempre es nunca.Una Pandilla ck’ochala despliega su picardía  destilada en las cien coplas inventadas cada día.                                    Sur del sur, surrealismo, chapaqueando vence al sueñoy el color de su nostalgia toma un tono tarijeño de sauce llorón, la caja de los Chunchos de San Roquegira en la Rueda Chapaca con erkes y caña al toque. Quebracho rojo y donaire para bailar Chacorera con la chura yacuibeña siluteando la  frontera.Dije bien que es chacorera porque se acrece en el Chaco,llanura dulce del sur con vino y violín chapaco.   IVVa por toda Chuquisaca  marcando el paso cinteñocon charangos de Serrano y el P’ujllay tarabuqueño. Hay que ver, alma en suspenso,  zapatear a las mujeresreplicadas  por los hombres, porque si no estás no eres. Se eleva por la gradiente y en la altura potosina los Lari-huayños ventean candor y gracia ladina.En la fiesta del Ch’utillo el Danzante tapuquillobaila con la parsimonia  de los mitayos del frío y asume que bailar Tincu es darle paz a la guerra,bronca laime-jucumani que se aplaca bajo tierra.  VCuando el boliviano baila la verdad se hace leyenday el mito es fiel referencia  para que la Historia entienda que el subdesarrollo arrastra con su cadena pesada la soledumbre del negro en trac-trac de Morenada, esa  danza de vencidos —cuatro pasos a la muerte, cuatro pasos a la vida...— libertad que no he de verte. Sabe el Danzante que todo tiene un comienzo acabado, pero al final de la fiesta, ¿quién le quita lo bailado?                                        VIPor una ladera verde baja hasta tierra calientedonde el amor y las flores son mordidas por el dientede la selva. Un Taquirari le inunda de luz, caramba,y la vida pega un grito, a lo macho: ¡Arriba, camba! Sigue de largo en el llano, le deslumbra la florestade la Chovena y los Tobas y la airosa Chopefiesta.Los Macheteros benianos exhiben su don de gentes,patria plurinacional, tiempo y espacio latentes... Duerme en la orilla del río, sueña la coreografía grácil de la fauna y flora fractal de la Amazonía.  VIIEl Danzante vuelve al mapa y señala el Occidente.Enfila su vivaz paso hacia arriba y de repentese inaugura un horizonte celeste, pleno de pascuas,mira que del fuego salen saltando sobre las ascuasde su pecado  los Diablos, que se toman por asaltoel Carnaval de febrero dispersado en el asfalto. El bailarín San Miguel complica su aire de gloria  con la gracia de los osos y el Cóndor de la victoria. Baila la Entrada en la lluvia:  Llovizna si es Llamerada,cuando nieva es una Saya y si graniza, Diablada.El viento semeja un huayño expansivo y vertical,es brisa en la  Kullawada, ventarrón si es Caporal.  VIIIEl Danzante ve de lejos los ojos de esa mujerque baila de China Súpay al lado de Lucifer.Por no amarrarse al pasado se desata en una Sayaal conjuro de una banda de bronces de toda laya.Caporal salta que vuela alrededor de su centro.                        Y eso es todo, bolivianos, porque entre ustedes me encuentro.

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