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Danzénica, tras una comunidad de coreógrafos

Más allá de ser una vitrina para mostrar obra, este espacio busca crear lazos con otras artes y brindar formación

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas - La Razón

00:00 / 13 de septiembre de 2015

El cuerpo del otro como un espejo. El espacio como una conciencia. La danza como punto de encuentro. En 2012 nació Danzénica, el Festival Encuentro Boliviano de Coreógrafos, organizado por la compañía Vidanza para reunir a todos los hacedores de danza contemporánea de Bolivia. Este año, el evento se celebrará del 22 al 27 de septiembre, con una muestra el viernes 18 en el Patio Siglo XX del Musef (Ingavi 916), a las 19.30, con la obra La disección del mito, de la compañía colombiana Periferia. De nacional a internacional, de la participación total a la invitación, el evento ha tenido una evolución que redefine sus objetivos en aras de una mayor difusión en el país.

“Danzénica es un festival que ha ido creciendo y es una buena plataforma de encuentro entre los hacedores de danza”, resume el coreógrafo y bailarín Sergio Valencia. “Se ha logrado realizar cada año desde su creación y se ha podido generar ahora un encuentro internacional”.

PRESENCIA. Dejar de ser invisibles. La primera entrega sirvió para que todos los coreógrafos de danza contemporánea se vean las caras y muestren su trabajo, más allá de la calidad o de una selección. El objetivo, crear comunidad. “En versiones anteriores se convirtió en un espacio donde todos podían presentar sus trabajos, una plataforma de visualización para quienes, por ejemplo, recién empezaban con sus compañías. Iba más allá de la calidad de los trabajos, lo importante era fomentar el encuentro y dar la posibilidad de un espacio donde se podían presentar todo tipo de obras. Siempre fue muy estricto con que las propuestas sean a partir de la danza contemporánea”, apunta la bailarina y creadora Camila Bilbao Delgado.

Ese primer contacto ofreció la posibilidad de hablar en el momento sobre la obra con el coreógrafo y expresar las dudas sobre ésta, haya gustado o no. Entender el proceso creativo y sembrar el bichito de la duda, fue el gran aporte. “Más en un lenguaje tan abstracto”, agrega Bilbao.

El siguiente paso, para seguir creciendo, fue la internacionalización. Con expertos extranjeros que muestran obra y dan talleres, la participación nacional ha sido elegida por tener piezas de estreno o de escasa exhibición.

“Ahora, las compañías participan por invitación y se prioriza traer elencos internacionales. Al existir las dos anteriores consideraciones, muchos grupos ya no se sienten parte de este movimiento”, reflexiona Bilbao.

“Es una gran oportunidad el poder ver el trabajo de otras compañías nacionales y extranjeras. En esta última versión, destacan las funciones y los talleres con maestros internacionales y eso es algo maravilloso para seguir aprendiendo. Lastimosamente, no se lanzó la convocatoria para poder ser parte del festival y participar con nuestras obras, a diferencia de las otras gestiones, y eso es triste, ya que cuando uno participa se siente más involucrado y es otro tipo de enriquecimiento”, opina la coreógrafa Truddy Murillo.

Esta vuelta de tuerca “aporta a que la danza contemporánea pueda posicionarse un poco más, que el público cada vez más sepa que esta disciplina existe”, destaca Bilbao. “En nuestro proceso como bailarines contemporáneos estamos en la lucha diaria de que esta disciplina se vea como una profesión u oficio”.

DIÁLOGO. Finalmente está la multidisciplinariedad. Los lenguajes contemporáneos, por definición, se alimentan de otras áreas, de otras artes. Por ello, este año se cuenta con el espacio Punto de Encuentro para conectarse y articularse entre y con los invitados locales, nacionales e internacionales. Participarán al menos tres responsables de festivales de danza latinoamericanos.

Y para el diálogo con otras artes y para dar base a la inexistente crítica, Prisma Danza fomentará la reflexión sobre las obras desde la música, la dramaturgia, las artes visuales y el periodismo.

“Es importante que existan estos espacios ya que ver obras, grupos, y pasar clases con otros nos hacen replantearnos nuestro trabajo y saber en qué anda cada uno como artista”, dice Murillo.

“El cuerpo, territorio que habitamos”

La coordinadora, Sylvia Fernández, ve en la danza un instrumento del cambio social

Tania Delgadillo - Crítica de danza

La idea de nuestro cuerpo como el territorio que habitamos se ha convertido en el hilo conductor del Festival Danzénica. Su coordinadora Sylvia Fernández —que impulsa un importante movimiento en la danza contemporánea boliviana como directora de la compañía Vidanza— asegura que pensar el cuerpo apegado “al aquí y al ahora” sitúa la danza dentro de los procesos de descolonización.

— El territorio habla del poder sobre un espacio diferenciado de otros. ¿Cómo concibes el cuerpo como territorio?

— La idea surge de la obra de Vidanza Tu cuerpo… tu territorio, sobre la violencia contra la mujer. El cuerpo es más que nuestro contenedor. No es algo que tenemos, es algo que somos. Es nuestra manifestación ante el mundo, ahí donde están nuestros sentidos, nuestras emociones. En la danza trabajamos el cuerpo desde niños, pero bajo estereotipos muy fuertes de un cuerpo idealizado. Otra consideración que está detrás de este concepto es que el trabajo que hace el cuerpo no es inocente, detrás de ese trabajo está una filosofía del cuerpo que sostiene el porqué de la danza.

— ¿Cómo se relacionan la danza, el cuerpo y el momento histórico?

– La concepción que se tiene del cuerpo es cultural, responde al contexto de la época. No es casual que en la danza contemporánea la relación con el cuerpo empiece a cambiar desde la sociedad industrial, cuando comienza a cambiar el rol de la mujer y del hombre. Así surge la primera rebeldía que es: “no vayamos hacia el cielo, sino pisemos la tierra, y dancemos el aquí y el ahora”. Esto, desde la danza contemporánea se ve simbólicamente a través de los pies descalzos, no solo por el contacto con la tierra sino con la realidad, con “el aquí y el ahora”.

— ¿Qué es y cómo se manifiesta el “aquí, el ahora” en la danza?

— Es muy importante reflexionar sobre cómo abordamos el cuerpo desde la danza, y cómo trabajamos la descolonización en Latinoamérica. ¿Qué danza podemos hacer los cuerpos bolivianos desde nuestra historia? Me cuestiona que estemos entrenando horas de horas un cuerpo que puede ser muy estético, muy bello, pero no es “nuestro aquí, ni nuestro ahora” porque estamos reproduciendo estereotipos que vienen de otras historias, de otros países. Ésta es una posición de Vidanza, siempre hemos buscado hacer danza con identidad.

— ¿La identidad se relaciona solo con lo indígena?

— Por ahora sí, con lo indígena, porque se lo ha negado siempre. Además, ahora nuestro país nos invita a corporizar nuestras culturas, conectarnos con nuestras identidades. Pasa por ver el cuerpo como algo que no es inocente, sino como un territorio de derechos. Cuando se violentan los derechos de las personas se violentan sus cuerpos. Mi propuesta busca una danza con esa identidad que te construye, no necesariamente indígena. Estudié ballet y danza contemporánea y reflexioné sobre por qué no se relacionaban con lo tradicional. Me daba la impresión de que lo contemporáneo estaba escindido del folklore. Hay que pensar en la danza contemporánea sin excluir otras raíces. Podemos hacer obras sobre nuestros mitos, nuestras historias ancestrales, raíces indígenas o mestizas.

— ¿Cómo se ve esta relación en Vecinos, la obra que presentas en Danzénica?

— Hemos hecho Vecinos con tres coreógrafos. Mi parte trata de dos mundos que se encuentran, y pregunta de qué manera, real o imaginaria, te dejas afectar por ese otro que está temporalmente en tu vida. Los vecinos podemos ser personas muy cercanas, pero muy distintas. Es el tema de la otredad. Vecinos presenta una comunidad acostumbrada a moverse en sus códigos hasta que aparece alguien con otros muy distintos. Cómo eso te desestructura o te hace sentir tus debilidades y fortalezas, te confronta con otra realidad. Y ahí puedes tomar el camino de cerrarte o abrirte e incorporar esa otredad, recrearte y comenzar algo nuevo.

— ¿Qué representa este nuevo encuentro de danza?

— Es una ruta que hemos seguido desde el primer Danzénica, que fue solo de coreógrafos bolivianos, hasta llegar a esta versión que se abre hacia afuera. Esto era para encontrarnos y conocer desde dónde y para qué creamos, y cómo construimos el cambio social desde la sensibilidad y conciencia corporal que otorga la danza, que reflexiona sobre nuestro lugar en el mundo. Es pensar el cuerpo como una herramienta. La danza tiene que ir más allá de lo técnico. Si la danza es solo virtuosismo, un fin en sí misma, es una danza narcisista.

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