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Deformar la historia leyendo a Tamayo

La última obra de la trilogía del grupo Textos que Migran propone recuperar al pensador y político paceño y mirar con otros ojos el pasado de Bolivia

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador - periodista

00:00 / 17 de mayo de 2015

El teatro sirve para mirar las cosas desde otro punto de vista y, llegado el caso, deformarlas. Todo lo que hay en el mundo puede ser objeto de este tratamiento, incluso la política. El grupo Textos que migran y su director, Percy Jiménez, han utilizado este principio para acercarse de una manera diferente a la historia de Bolivia en su trilogía Apolíticas consideraciones sobre el Nacionalismo. El tercer capítulo de esta serie —después de Los B y Shakespeare de Charcas— se titula Tamayo, está dedicado al pensador, político y escritor, se estrena el domingo 23 en el Espacio Escénico El Desnivel y se repetirá en ocho funciones hasta el 28 de junio.

En la obra, Tamayo está contado a través de él mismo y de otras tres personas: los también pensadores y escritores Mariano Baptista Gumucio, Fausto Reynaga y Fernando Diez de Medina. Jiménez ha tomado escritos de estos autores y de otros que también se refirieron a Tamayo porque lo admiraban y, combinándolos y retorciéndolos, ha construido lo que él llama un “intertexto”.

El director ha utilizado como base Tamayo rinde cuenta, una obra corta de 1947 en la que el intelectual repasa sus últimos años en Bolivia poniendo el foco en la revolución de Oruro de 1944, cuando él ocupaba la presidencia de la Asamblea y Gualberto Villarroel, la de la República. Y a esta obra Jiménez añade los otros pasajes, que retratan sus pensamientos políticos, poéticos, sobre el arte y sobre la vida. De esta forma Tamayo quiere “recuperar algo que tenemos olvidado y a la vez, reflexionar sobre el discurso ‘pluri-multi’ tan en boga hoy día. Aquella generación puede enseñarnos mucho: vivió todas las guerras y convulsiones. Para los que siempre hemos vivido en democracia es importante conocer y pensar esto”.

genio. Así, en el escenario se presenta un juego temporal. Primero, porque Tamayo era mayor que Gumucio, Reynaga y Medina. Segundo, porque para Jiménez Tamayo tiene “una esencia anacrónica, es un paceño que en 1920 escribe sobre personajes griegos, un clásico en medio del modernismo”, pero que “también es uno de los primeros que en lugar de mirar a Europa quiere explicar Bolivia desde acá y que, en términos políticos y pedagógicos, está claramente en el futuro. Es lo propio de un genio, nunca habitar su tiempo”.

La deformación premeditada del tiempo, de los volúmenes y otros parámetros de la realidad es una constante en el trabajo de Textos que migran. Se justifica en que el hecho de migrar genera un movimiento potente que va mucho más allá de lo espacial y plantea al migrante la necesidad de cambiar las cosas y a sí mismo. Eso le ocurrió a Jiménez con esta trilogía, que empezó a crecer en su cabeza cuando leía Consideraciones de un apolítico, un libro de Thomas Mann que, evidentemente, le influyó.

Por eso las tres obras hasta cierto punto nos llevan de la Alemania de principios del siglo XX a la Bolivia de 90 años después. Ambos momentos históricos, aun tan alejados, coinciden en que se producen por la caída de las élites políticas y el hueco que se abre en términos de liderazgo. A Jiménez le gusta este tipo de viajes porque en ellos “las cosas se deforman, y en esa deformación se encuentra todo el material dramático que se necesita para escribir una obra”.

PROVOCACIÓN. El montaje de la obra refuerza esta idea del anacronismo. Los personajes se mueven en un espacio extraño, que le niega al espectador la posibilidad de entender el tiempo en el que transcurre la acción. Así se consigue meter al público en una especie de engaño y causarle una incomodidad: “algo así como si vuelves a casa y ves que alguien te ha movido las cosas… es una provocación mediante Tamayo”.

Jiménez trabajó cinco años en Buenos Aires. Aquella experiencia le abrió la mente, entre otras razones, porque trabajaba siempre con gente nueva. Pero “el teatro te vincula al otro inevitablemente”, dice, y en esta obra colabora tanto con actores nuevos como con otros con los que lleva años compartiendo. Miguel Ángel Estellano (que representa a Gumucio) y Mauricio Toledo (Medina) ya tienen una historia con Textos que migran. En cambio, con Freddy Chipana (Reinaga) la relación es más nueva, a pesar de ser un actor muy conocido con una larga trayectoria en el Teatro de los Andes. Ellos, junto a la música, la iluminación y la escenografía, nos llevan a repasar la historia de Bolivia a través de Tamayo.

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